Las armas del escritor: Malas prácticas de escritores novatos (II)

(Ya pusimos la primera piedra de nuestro camino hacia ese idílico futuro en el que nosotros no seremos víctimas de las novatadas, sino que las haremos, en Malas prácticas de escritores novatos (I), y espero que aprendierais todos con ese primer tramo del camino que separa al novato del amateur).

Ah, los comienzos. Ahí deben quedarse, en el principio. Porque la parte más importante, después del comienzo, es el nudo, que suele ser más largo pero el escritor tiene más cancha para desplegarse ante unos lectores que ya no recelan tanto de lo que están leyendo.

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(El escritor medio, sangrando una historia)

Las mitades son las partes más duras de una historia, pero también las más esenciales. Leí hace poco que en la mitad se encuentra la esencia de tu historia, pues crear un inicio y un final sabemos hacerlo todos. Lo difícil es hilarlo, y más difícil aún, hilarlo bien.

Los errores de hoy siguen siendo bastante habituales, pero tardan un poco más en mostrarse. Estos, al contrario que los anteriores, tardan más en ser corregidos y se arrastran muy lejos. Algunos de ellos podréis verlos incluso en libros publicados (algunas editoriales son un poco permisivas… pero bueno, se ha vendido 50 sombras de Grey, ya uno no sabe qué esperar), y quizás algunos los recordaréis de tal o cual libro que no os terminó de gustar.

A continuación, errores de novatos un poco más sutiles pero aun así fatales. Tan fatales que un escritor decente podría llevarse un buen dolor de cabeza leyéndote.

  1. El ritmo.

Sound-wave(¿Por qué las ondas molan tanto?)

El ritmo. El tempo. Cuando uno empieza ni siquiera tiene idea de qué es eso. Hay momentos en los que la historia tiene que ir rápido, hay momentos en los que tiene que ir despacio. Eso es algo que el autor debe regular, para evitar que el lector se aburra. Porque un lector viene a leer para no aburrirse, en el peor de los casos. El problema es que al principio uno no sabe cómo se hace eso, a veces ni siquiera sabe que hace falta. Pero es lo que separa una historia densa y pesada de una historia fluida.

De momento yo conozco dos formas para manipular el tempo, que aunque son sencillas en concepto, son un poco más difíciles de llevar a la práctica.

La primera de ellas es mediante el uso de los párrafos y el punto y aparte. Podríamos considerar los párrafos como unidades de lectura. Los párrafos cortos dan una sensación de celeridad, pues el lector tarda poco en leer una unidad de lectura. Al contrario, los párrafos largos dan sensación de lentitud, y más si la acción no avanza ese párrafo. Es bastante habitual utilizar párrafos enormes al principio, sin saber cuándo poner punto y aparte y empezar uno nuevo, haciendo largas descripciones o cualquier otra cosa que realmente no aporta mucho. Uno de los consejos más dichos en esto de la escritura es (una vez hayas terminado el borrador) recortar.

Ojo, no te vayas al otro extremo.

Pues a mí, al principio, me pasaba exactamente eso. Hacía párrafos muy cortos, saltando de escena en escena cortándolas por la mitad.

Y al releerlo pues me da un poquito cáncer de sida. Quería acelerar el tempo, saltar rápidamente de tema para que no se hiciera pesado, pero lo que hacía era dispersar la atención del lector.

De ahí puedo sacar dos cosas: Que por mucho que se diga, los lectores tienen unos intervalos de atención lo bastante largos como para mantener el interés más de diez segundos; y que desgastar la tecla intro en una novela te hace parecer bastante retrasado y totalmente melodramático. Lo sé por dolorosa experiencia propia.

Como segundo método, uno que es mucho más difícil de hacer de lo que parece, está el manejo de las palabras y su longitud. El wordcraft, como dirían los angloparlantes. Porque poner palabras una detrás de otra sabemos hacerlo todos, pero elegir bien esas palabras, eso es mucho más difícil.

Algo que se dice mucho es que los adverbios acabados en –mente ralentizan la lectura. No son los únicos que pueden hacerlo, el uso de ciertos recursos sintácticos (como las oraciones simples o compuestas) y la elección correcta de palabras pueden permitirte manipular el tempo a tu antojo en la lectura, y en la mayoría de los casos, te interesará hacer tu texto menos lento y más fluido. 

Cuidado, que esto es más contraintuitivo de lo que parece. La elección de palabras puede cambiar totalmente el tempo de una frase, y a veces, reducir las palabras puede enlentecer la lectura. Atentos a la misma frase escrita de dos formas distintas:

Palabras cortas, frases cortas, velocidad.

Las palabras y frases cortas dan sensación de velocidad.

¿Lo vais pillando? El uso de las palabras es un arte, y esto solo es la punta del iceberg. Y como estamos empezando, lo único que debería preocuparnos es no estamparnos con el iceberg y hundir el jodido Titanic.

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(James Cameron admitió que cabían juntos en la tabla. ¡CABÍAN!)

Así que sencillamente intenta que no sea ni demasiado lento ni demasiado rápido. No puedes permitir que el lector sienta que la lectura es lenta, pues dejará de leer, ni mucho menos que sienta que estás acelerando demasiado las cosas. No te preocupes por dominar el tempo, eso es un arte reservado solo a unos pocos.

Pero al igual que todas las artes, lo único que hay que hacer para domarlas es ser perseverante.

  1. La impaciencia.

Los autores noveles son como cerillas, prenden rápido y se apagan aún más rápido. Así que en vez de intentar crecer con fuerza y convertirse en una antorcha para crear hogueras, se ponen a quemar papeles. ¿Cómo se traduce esto de metafórico a español? Tienen mucha prisa por recibir el calor de los lectores. ¿Y qué hacen? Presentan y suben obras inacabadas, de las que ni siquiera conocen como va a seguir y que a veces ni siquiera han pensado con mucho detenimiento. Están impacientes por sentirse escritores. Quieren atención.

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(Una metáfora en su hábitat natural)

Los foros están llenos de esto, desgraciadamente. De vez en cuando a la gente le da la vena de “wannabe writers” y se ponen a llamarse escritores, subiendo relatos (o peor… FANFICS) llenos de erratas y que dan náuseas a los que lo leen. Sí, todos entendemos que tengas ganas de que te lean, pocos escriben para no ser leídos, pero estás haciendo un producto (nos guste o no). Un producto que mal hecho puede quemar ojos ajenos, por ejemplo.

Llegados a este punto, uno debe decidir si de verdad quiere dedicarse a la escritura en serio. Es un trabajo duro y que lleva tiempo. Es algo muy a largo plazo. No tengas prisa por enseñar lo que escribes, exhibiéndolo orgulloso. Si de verdad quieres dedicarte a esto, te alegrarás de no haber enseñado a nadie esa primera novela que escribiste, tu primer amor, el cual te dará vergüenza y te hará preguntarte cómo podías estar tan ciego y ser tan idiota. Nos pasa a todos.

Con el tiempo mejoramos. Con el tiempo. No tengas prisa, escribe cosas (cuantas más historias termines más experiencia adquirirás), y cuando estés listo podrás mostrarte al mundo. Eso claro, si quieres dedicarte a esto en serio.

  1. Las críticas.

Si quieres dedicarte a esto en serio, necesitas que te lean, y que te lean mucho. No, no estoy siendo contradictorio. Una de las mejores formas de mejorar es a través de los ojos ajenos, esos que ven a través de las nieblas del yo que nos ciegan y nos impiden ser subjetivos.

Necesitas críticas. ¿Pero qué tipo de críticas?

Lluvia de papeles

(Cualquier escritor nada más publicar. Creo)

Hay, por lo general, tres tipos de crítica. Dos de ellas están vacías, y son la crítica “buena” y la crítica “mala”. La crítica buena es aquella que te dice un conocido, un amigo que ve tu ilusión y no quiere decepcionarte. Y te dice que está bien. Que le gusta. Y tú, como inocente escritor novato que eres, te lo crees. Y alimentas esa idea de que lo estás haciendo bien cuando no lo estás haciendo bien (qué majos, intentando no herir tus sentimientos). Y esa crítica, que es lo que buscas en un principio (o deberías), no te ha servido de nada. Lo único que se puede sacar en claro es que es legible.

La crítica mala la conocemos todos. Tu escrito es una mierda y tú eres imbécil. Y te sentirás como una mierda. Los escritores tenemos nuestro corazoncito, y la gente insensible tiene la mala costumbre de pisotearlo, y más en internet. Harán que pienses que lo mejor sería esconderse en un rinconcito y dejarlo para siempre, pero no lo hagas. Porque es una mala crítica.

Y es una crítica vacía, porque no te dice qué has hecho mal. Ni te ayuda a mejorar. Intenta encajarlas, te ayudarán a forjar el carácter (y si al final acabas dedicándote a esto, tendrás que encajar muchas, muchas más), y más vale que te vayas acostumbrando, porque es algo de lo que nadie se libra. No debes responder a estas críticas, sencillamente busca a ver si tienen algo de razón, si te ves con un poco de ánimo. La mayoría de las veces no la tienen, y por desgracia de estas recibirás muchas. Por suerte es muy fácil reconocerlas. Te atacarán más a ti que a tu escrito.

Magic-The-Gathering-Artwork(Una forma fácil de reconocer este tipo de gente)

Luego (por fin), las críticas constructivas. Estas son raras, y debes absorberlas al máximo. Revisa si lo que te dicen es cierto. Trágate tu orgullo y date cuenta de que no lo has hecho bien. Aprende y mejora. No te justifiques, no discutas. Ese crítico te está haciendo un enorme favor. Aprovéchalo.

Ahora, las críticas pueden estar en lo cierto o no, pero tú siempre debes tener la última palabra en tu texto. No siempre tendrán razón, ni siquiera las críticas constructivas. Y cualquier opinión puede ser útil.

Parafraseando a Patrick Rothfuss: Sobre la enfermedad de tu escrito cualquiera está cualificado para describir síntomas, pero confía en solo muy pocos para diagnosticar.

  1. La suspensión de la incredulidad.

TvTropes (página que, si valoráis vuestra productividad, jamás deberéis visitar) define la “Willing suspension of disbelief” como la voluntad de un sujeto para dejar de lado su sentido crítico, ignorando inconsistencias de la obra de ficción en la que se encuentra inmerso (como por ejemplo la existencia del unicornio), permitiéndole adentrarse y disfrutar del mundo expuesto en la obra.

Vale, es de wikipedia, ¿pero y lo que habríais disfrutado si os lo hubieseis creído? (no es que me diera pereza traducir la definición absurdesca de TvTropes… nop)

La suspensión de la incredulidad es lo que no debes romper, nunca. Eso de primeras como escritor, pero como escritor novel, debes poner aún más empeño en encontrar esos fallos en matrix. ¿Y cómo se arreglan los fallos en matrix?

superheroes_willing_suspension_of_disbelief_until_that_moment-109413(¿Un hipster usando Bing? HEREJE)

Pregúntate a cada cosa que sucede “¿es coherente?” y de primeras no deberías tener problemas. Si cuando un personaje no elige la opción más fácil o lógica posible por la única razón de que si no, no habría historia (la única razón por la que los villanos no pegan un disparo en la cara al héroe en cuanto lo pillan en muchas obras), ahí hay algo que tienes que cambiar. No importa que sea una obra fantástica, el comportamiento humano es el que es. Las lagunas argumentales son otro gran ejemplo. No es tan difícil hacer que una historia sea coherente con un poco de lógica.

Hay fallos de matrix muy fáciles de ver, como que alguien desaparezca de escena de repente o aparezca sin haber sido presentado, o que alguien reciba la única y alucinante espada de la alucinancia una página después de haberla recibido…

Otros fallos, sin embargo… Hay dos que son especialmente difíciles de notar, uno por ejemplo que se da cuando empiezas a decir algo de una manera, o abres un paréntesis y empiezas a irte por las ramas y cambiar de tema y no volver nunca a cerrar ese tema o paréntesis. Justo como acabo de hacer ahora.

El segundo es cuando te baila un nombre o una fecha. Esos suelen notarlos los lectores y estampártelos en la cara. Esa es la razón por la que hay que dejar reposar un borrador antes de corregirlo.

En resumen, no permitas que esas cosas tontas y fáciles de eliminar arruinen la inmersión del lector en tu historia. Hay miles de pequeñas tonterías escurridizas que ya tienen adjudicado ese puesto.

Y con esto se acaba por hoy. Espero que estoy os abra nuevos horizontes en vuestro camino huyendo lo más lejos posible de la inexperiencia. En el próximo, intentaremos ir un paso más allá, rozando el borde de los fallos de novato y los problemas de escritor decente… ¡Espero que os haya gustado mucho!

Malas prácticas de escritores novatos (III)

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4 thoughts on “Las armas del escritor: Malas prácticas de escritores novatos (II)

  1. aydimdagam 26 agosto, 2015 / 2:34 pm

    buenas, ya he descubierto otro blog interesante y amenamente digerible para seguir 😉

    comentaría más cosas pero no quiero ser pesado ^^. me ceñiré a esta:

    “No tengas prisa por enseñar lo que escribes, exhibiéndolo orgulloso.”
    el problema de esto no es ya querer enseñar lo que escribes sino la idea y detalles. las ideas se pueden perder (puede sacar alguien algo mejor en un futuro o puede manirse una idea que cuando tú la tuviste era relativamente original); y también se desfasan (el momento y lugar adecuado es también un punto; incluso puede que esa idea, buena, que funciona, en un futuro a ti ya no te motive lo suficiente). eso es lo que se pierde y eso es lo que en mi caso me mete prisda. una prisa que quema.

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    • GuilleJiCan 27 agosto, 2015 / 10:29 am

      Ya te veo que te está gustando, me alegro mucho XD y no te preocupes por ser cansino en los comentarios. Eres la primera persona que comenta más de tres cosas, y se agradece.
      De lo que comentas, creo que la motivación propia es la más importante. Pero no dejes que eso te detenga, yo he tenido que desechar buenas ideas que tuve hace años a favor de otras mucho mejores que he tenido ahora. Si has podido tener una buena idea, puedes tener diez más. Y si la idea es extremadamente buena, ni se echará a perder, ni se degradará aunque alguien la utilice, ni te hará perder la motivación.
      ¡Espero verte comentado mucho más!

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