Las armas del escritor: Los ganchos de George R.R. Martin

1_Canci_n_de_Hielo_y_FuegoLa saga de Canción de Hielo y Fuego. 

Intriga. No hay nada mejor para mantener al lector pegado al libro, pasando páginas y páginas a las cuatro de la madrugada hasta que su madre entra en la habitación y le apaga la luz de una vez. Y seguir después todo lo que duren las pilas de la linterna.

No mientas. Todos lo hemos hecho. Seguro que hay señores de 50 años que viven con sus madres octogenarias que le apagan la luz mientras leen lo último de su autor favorito. O peor, octogenarias a las que sus hijos pillan leyendo lo nuevo de 50 sombras de Grey a altas horas de la madrugada.

Pobres. Con lo duro que debe ser eso.

El cliffhanger es un recurso narrativo que consiste en dejar al lector en suspense hasta la siguiente instancia, ya sea capítulo, libro o página, mediante un corte brusco en la narración en un momento emocionante. Esto se solía utilizar en las series antiguas dejando al protagonista (o a la persona a la que tenía que salvar) en peligro inminente de muerte (digamos… a punto de caer por un acantilado) justo antes de terminar el capítulo.

No os voy a hablar de la importancia de enganchar al lector desde la primera página, algo que podéis encontrar hasta la saciedad en cualquier otro sitio. Voy a ser más específico y me voy a centrar en los ganchos de final de capítulo y de final de libro. Esos que nos dejan con la boca abierta, el culo al borde de la silla, y con ganas de saber qué pasa en el siguiente libro. ¿Y quién mejor para ello que George RR Martin, un hombre que nos tiene con el corazón en un puño hasta que consiga salir el sexto libro? Porque algo que debemos reconocerle a George Martin es que sabe enganchar muy bien.

Bueno, no es una sorpresa que un carnicero de su talla sepa usar bien los ganchos. Veamos qué dos tipos de ganchos podemos aprender de él.

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El autor no lleva esa gorra, pero bien que se la merece. 

  1. El gancho de final de capítulo

Este es uno de los recursos más famosos de Martin. El autor tiene mala fama de dejarnos a medias, pero lo hace por una buena razón. Nos deja con la miel en los labios para que queramos más, y nosotros picamos en el anzuelo y seguimos leyendo, porque queremos saber qué ha pasado con ese personaje que nos gusta tanto.

Para los que no sepáis cómo estructura Martin los capítulos, utiliza en cada uno de ellos un único personaje como punto de vista, y en cada capítulo va cambiando entre unos y otros.

los-greyjoy-atacanEn los capítulos de los Greyjoy sobraban embarcaciones y faltaban meretrices. Menos mal que en la serie se lo saltaron. 

Esta estructura apoya muy bien el uso del gancho al final del capítulo, pues para leer la continuación tendremos que leer al menos otros dos capítulos. Si el gancho nos produce un tirón muy fuerte, da igual lo que nos pongan delante, leeremos hasta saber la conclusión. En verdad lo importante no es el gancho en sí, si no la estructura creada a su alrededor:

1. Capítulo de un personaje que nos interesa con final gancho (¡Oh dios mío, Bran se ha caído de la torre!). Nos deja con ganas de saber qué le ha pasado a Bran, y damos la vuelta a la página sin poder evitarlo.

2. Capítulo malo (Jon Nieve viajando al norte). A estas alturas del primer libro, el bastardo de Invernalia no nos causa demasiada simpatía, sin embargo estamos ansiosos de leer qué ha pasado con Bran, y lo leemos.

3. Capítulo neutro (Tyrion). El tirón que nos impulsó a leer ha perdido fuerza, pero ya hemos pasado lo peor. Nos presentan a un personaje intrigante, del que no sabemos mucho. Algo nuevo que nos hace pasar sin dificultad la espera.

4. Capítulo que resuelve el gancho (Bran en la cama con las piernas partidas. No recuerda lo que vio). ¡Por fin descubrimos qué ha pasado! Se resuelve la tensión y hay una vuelta a la calma. Este sería un buen momento para dejar de leer, y probablemente lo hagamos.

5. Capítulo neutro con gancho (Tyrion… ¡es el puto amo!) ¿Qué pasa con él? ¡Oh dios mío le acusan de tirar a Bran de la torre! Así se renueva el ciclo del gancho, y convierte a un personaje neutro en uno increíble. Ya nos vuelve a tener con el culo medio fuera de la silla…

Y repetir ad nauseam. Ahora imagina lo que puedes hacer si organizas los arcos estructurales de todos los personajes de forma que siempre tengas al lector deseando saber qué le pasa a un personaje.

Aunque igual que pasa con los estímulos en el organismo, el lector puede acostumbrarse al suspense, hasta el punto que se vuelva inmune a él. Como cualquier herramienta, no hay que abusar de ella. Es mejor dosificarla, para que cuando la necesitemos ejerza el efecto deseado. Veamos ahora el segundo tipo de gancho.

  1. El gancho de final de libro.

Es el último capítulo (sin contar el epílogo). Has pasado por un clímax en el capítulo anterior y quieres saber cómo acabará tu personaje favorito. Pero ese no es el último libro de la saga, sabes que va a continuar. Y los autores tienen la mala costumbre de querer que compres la saga entera (hay que ver como son los escritores…), y ya han terminado ese libro. Ya han soltado la gran bomba. ¡Cómo van a conseguir que el lector se quede, si ya ha terminado de leer todo lo que quería saber!

Como si fueran expertos vendedores, lo que hacen es crearnos una necesidad. Un último gancho. Este gancho debe ser más impactante y sorprendente, pues tiene que quedar en la memoria del lector durante mucho tiempo, todo lo que tarde en salir el siguiente libro. Algunos autores matan personajes. Otros dejan una última pista del misterio. Una revelación que nadie esperaba, no importa lo que sea mientras se recuerde.

Si el final del libro te deja con la boca abierta, bien. Eso es un buen gancho de final de libro. Seguro que te has quedado con ganas de saber qué pasa luego. Ya sabes lo que te toca… a esperar.

Pero que no te pase como a Martin.

tumblr_nq57nxaqSD1u3mk7wo1_1280Esto NO es spoiler. La escena a la que hace referencia, sí. 

Que luego, aquello que dejó a los lectores en vilo durante años puede que no sea tan grave como parece. Ese que todos daban por muerto solo estaba de parranda. Pero para el momento en que tengan tu libro en sus manos, ya dará igual. Tienes todo el libro para engancharles otra vez.

Como todo, los ganchos son herramientas, y las herramientas no son buenas ni malas, depende del uso que se le den. Hay veces que ni son necesarios, dependiendo del autor y del tipo de historia. Joyas como La música del silencio no necesitan ganchos para hacer que sigas leyendo.

Hagas lo que hagas, no plagues todos los capítulos con frases de gancho. Crees que quedan guay, pero no. Para salir de dudas, consulte a su betareader más cercano.

(Espero que, los que hayáis leído el artículo dos veces, sepáis perdonarme por la chapuza de la primera vez. Gracias a la genialérrima Gabriella Literaria, que me ayudó a darme cuenta de qué estaba mal. Buscad vuestra voz interior, incluso fuera de la novela). 

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