Mi reseña de American Gods, de Neil Gaiman

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A mucha gente no le apasionan las reseñas, y yo soy uno de los primeros, así que si has llegado hasta aquí buscando una reseña de American Gods… quédate. Prometo que de alguna que otra vez digo cosas interesantes.

La cuestión es que ayer mismo terminé American Gods, y como soy así pues tengo necesidad de comentarlo. En primer lugar los datos básicos: American Gods es la (hasta la actualidad, según se comenta) mejor obra de Neil Gaiman, y yo he tenido la suerte de leer la versión del décimo aniversario, que está ampliada y revisada a partir del manuscrito original.

Para todos aquellos que vinisteis aquí buscando una reseña: Leedlo. Si os gusta la fantasía o si os gusta Neil Gaiman, o si solamente queréis una buena lectura, leedlo. Se coloca muy alto entre mis libros favoritos y eso no es algo que pueda decir de muchas obras.

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Es difícil decir de qué va American Gods, porque trata muchas cosas. Podríamos decir que el argumento principal va sobre un hombre llamado Sombra que acaba de salir de la cárcel. Podríamos decir que es un libro que habla de cómo están cambiando los tiempos, sobre todo en América. Podríamos decir que es un libro que ha ganado un premio de fantasía, ciencia ficción y terror el mismo año. Y por último, podríamos decir que es un libro sobre dioses.

Hacía mucho que un libro no me satisfacía tanto, y creo que tengo que remontarme a cuando leí La música del Silencio hará cosa de año y medio. Tengo que decir que es el primer libro de Neil Gaiman que leo (no estoy seguro de si realmente leí Coraline hace muchos años, o el libro del cementerio), y que no tenía ni idea de lo que me iba a encontrar. Tengo la teoría de que leer un libro con las expectativas incorrectas hace que la lectura sea más desagradable, y que hace que podamos ver un libro muy bueno como algo malo. Esa es una de las razones por las que los lectores de romántica prefieren que las novelas románticas no innoven mucho y sigan siendo más o menos lo mismo siempre, y que hace que la mejor manera de hacerlo bien en la romántica sea escribir la misma historia de siempre.

En caso de no tener la expectativa correcta lo mejor es no tener ninguna en absoluto, aunque eso es difícil una vez que hemos empezado el libro, pues siempre tiraremos hacia unas ideas u otras. Es muy difícil no crear expectativas, pero con éste libro lo conseguí, y creo que esa es la actitud correcta, pues American Gods es un libro muy distinto a todo lo que hay por ahí. Y he tenido la suerte de que es exactamente lo que andaba buscando.

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Hace una semana tuve una discusión importante en Foroescritores sobre un término que denominábamos inevitabilidad, bastante difícil de explicar y que yo defendía como una literatura de nivel superior. Aunque no descarto dedicarle un post en el futuro, intentaré dejar claro lo que yo entiendo como inevitabilidad, a falta de un término mejor. No confundir con el tema clásico de “no puedes pelear contra el destino”.

Una obra tendría inevitabilidad cuando su historia parece al lector una consecuencia lógica de sucesos perfectamente integrados en un mundo orgánico e independiente por sí mismo. Cuando hay inevitabilidad, la historia da una sensación de realismo que hace que no parezca artificial y totalmente planeada. Esto hace que el final sea impredecible hasta cierto punto (o se suele ver acompañado de finales impredecibles). Un ejemplo de obras con muy alta inevitabilidad son la Crónica del asesino de reyes y American Gods. Son historias que desafían la concepción tradicional de la narración, de una forma u otra, y que son capaces de sorprender hasta a los más entendidos del género, porque es difícil saber por dónde van a tirar. Es una ventana a una realidad, por la que podemos percibir la imagen global.

Lo contrario de esto sería la predictibilidad. Muchos de los libros que hay ahí fuera tienen predictibilidad, pues un lector experimentado es capaz de ver hacia dónde va la historia antes de llegar al final, y más cosas como que el propio mundo real no parezca vivo o los personajes no existan más allá de su relación con el protagonista, que parece deformar la realidad a su alrededor. Es un cacho de papeles llenos de letras.

Por favor, más libros con inevitabilidad. Escritores del mundo, escuchad mi ruego. Sé que hacer una historia que no parece una historia es difícil, pero ya han demostrado que no es imposible.

Hablemos de los personajes.

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En American Gods hay dioses. Y aunque son dioses, son personajes mil veces más creíbles que muchos de los que he leído a lo largo de mi vida en historias realistas. Sombra es un personaje que parece plano para ser un protagonista, pero sencillamente es un personaje soso en el buen sentido. Y sí, Gaiman ha conseguido hacer un personaje soso en el buen sentido. Es soso en comparación con los dioses, ricos y llenos de curiosidades y detalles. Sombra es nuestros ojos ante las cosas extrañas de la novela, nuestro punto de anclaje, y tiene la extraña cualidad de ser un tipo de personaje muy extraño para eso.

Los personajes de anclaje suelen estar hechos para parecerse al público objetivo. Y a menos que a Gaiman se le fuese la pinza, no creo que su público objetivo sean hombres mayores de treinta años, casados y que hayan salido de la cárcel. El objetivo es que el lector se identifique con ellos y sean su piel para interactuar con el mundo. El mayor ejemplo de personaje ancla que se me ocurre es Harry Potter, y el principal problema de esos personajes es que están limitados en su desarrollo de personaje: Cuanto más se conviertan en un personaje propio más dificultades tendrá el lector para identificarse con él. Esta es la razón por la que los protagonistas de muchos libros (y animes en particular) tengan poco desarrollo de personaje y sean tan genéricos.

Sombra es una rareza de la literatura. Es un personaje de anclaje que a pesar de sostenerse por sí mismo y tener una evolución consigue que sigamos identificándonos con él en mayor o menor medida. En pocas palabras: Es todo lo que un personaje de anclaje no debería ser, y sin embargo funciona perfectamente como tal.

Escritores del mundo, dejad de hacer protagonistas vacíos para meter ahí al lector.

La interacción es una de las mejores formas que tiene Gaiman de trabajar los personajes en esta obra, y ya hablé de ella en (LINK INTERACCIÓN DE PERSONAJES). Una de las cosas que mejor funcionan en esta obra es cuando personajes totalmente no relacionados se juntan.

Por lo general los personajes en una novela se conectan a los protagonistas, creando pequeñas islas que solo los personajes importantes pueden cruzar. En American Gods no hay islas, todos los puntos están interconectados de manera lógica al principio y se van creando nuevas conexiones a lo largo de la historia, de las cuales Sombra no es realmente el centro. Dos interacciones especialmente interesantes se me vienen a la mente: Sam y la casera de Sombra en Lakeside; y Laura con el señor Ciudad.

Escritores del mundo, se pueden hacer obras muy buenas a base de interacciones. Y por lo general es la mejor forma de desarrollar personaje.

American Gods me confirmó algo que sabía a medias: Puedes tener al lector sin tener ni idea de lo que está pasando durante la mayor parte de la historia y que aún así la disfrute. Cómo Gaiman ha conseguido esto ya sí que no lo sé a ciencia cierta, pero es muy notable. En casi ningún momento nos da toda la información necesaria para comprender lo que está sucediendo, y nos pide que la infiramos con la promesa de que no nos está ocultando nada imprescindible.

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Pasemos a hablar de otros personajes. Al contrario que no me gusta que el protagonista sea el centro del universo (o de la historia) sin una buena razón, me encanta que sea otro personaje el desencadenante de las cosas. En este caso Wednesday es el centro de la historia, y me encanta cómo le seguimos a todas partes en la piel de Sombra. Quitando a Sombra y Wednesday el resto de personajes podríamos considerarlos como secundarios, y forman parte de un elenco muy rico y variado. Es cierto que no hay ninguno que destaque demasiado sobre los demás, pero cada uno es una pequeña parte de un mundo muy orgánico y que respira vida propia.

Bueno, miento. América, sus ritos olvidados, sus orígenes y la diversidad de gente que la conforma, con sus costumbres e historia, con sus excentricidades. América es el personaje que destaca sobre los demás, incluso se podría decir que por encima de Sombra y Wednesday. El worldbuilding de esta historia podría considerarse de los mejores en la literatura, pues nos da una imagen de América, de lo que ha sido y de en lo que se está convirtiendo.

A aquellos a los que les que les encanten los pequeños detalles de Worldbuilding o sientan fascinación por América, amarán American Gods.

La narración de American Gods es normal. Muy fluida, aunque a veces esté cargada de detalles que hacen las delicias de aquellos obsesos de los detalles. A mí no me llaman demasiado esas cosas, pero por lo general son soportables. Hay descripciones muy largas que he sentido la necesidad de saltar, aunque al final no lo haya hecho y la haya leído por completo. La narración es fluida, sí, pero no se acelera. Es un libro que te deja leerlo a tu ritmo, sin meterte prisa alguna, razón por la que he tardado tanto en terminarlo (en vez de devorarlo de forma obsesiva, como suelo hacer). Por lo general me gustan este tipo de libros mientras este ritmo sea una elección propia, no la única salida por un libro tan denso que te obliga a leerlo con descansos (ejem ejem te estoy mirando Crimen y Castigo).

Sin embargo, como todo, esta no es una novela perfecta. Hay dos pequeñas escenas que se me atragantaron un poco y que en mi opinión me impiden darle un 10 sobre 10: En ambos casos son interludios, uno con un desembarco en América en el que una chica se trae al Leprechaun, y otro (que también hay un desembarco) que incluye a dos mellizos africanos. Esas escenas me sobraron por completo y me pararon la narración al completo. Me sacaron de la historia y me costó terminarlas. Quizás el problema fue que contaban más de lo que mostraban, ya que un interludio con un ifrit, bien narrado, podría haber tenido ese mismo problema y no lo tuvo.

Para concluir y quedarme a gusto diré que el final del conflicto entre dioses me lo esperaba (aunque me sorprendió igualmente), y lo que sí me pilló totalmente por sorpresa fue la conclusión de una trama que yo ya daba por inacabada satisfactoriamente.

Explicaré un poco más esto: En las historias con inevitabilidad es difícil saber qué cosas son armas de Chejov (si no sabes qué es un arma de Chejov, escribí un artículo para el blog de victor selles aquí), porque están muy bien escondidas entre el worldbuilding. En este caso, el misterio final me pilló totalmente por sorpresa ya que toda la información necesaria para resolverlo me la habían dado y yo ya la había descartado (como un worldbuilding muy satisfactorio, eso sí) como irrelevante para la trama.

Es un libro que da ganas de releerlo y saborearlo para sacarle todo el jugo y descubrir sus secretos. Si conocéis a alguien que lo tenga y queréis una lectura de muy buena calidad, American Gods es lo que buscáis.

Nota final: 9.6 sobre 10.

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6 thoughts on “Mi reseña de American Gods, de Neil Gaiman

  1. Diego Andrés 13 noviembre, 2016 / 3:31 am

    Paradojicamente y a diferencia del redactor artículo, una de las partes que más me gustó del libro fue la historia de los mellizos.

    Le gusta a 1 persona

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