Mi reseña de Un mago de Terramar, de Ursula K. Le Guin

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Hace tiempo terminé uno de los clásicos más reconocidos de la literatura fantástica: Un mago de Terramar, de Ursula K. Le Guin. Y nunca me había sentido tan dividido con un libro: Era muy bueno, no podía negarlo. Sin embargo, tampoco podía negar que era soso, aburrido y superficial a nivel narrativo.

No es la primera vez que comento que para disfrutar una obra hay que leerla con la mentalidad correcta. Cada libro que leo estoy más seguro de ello. Y lo que estoy seguro de que nadie puede negarme, es que la mentalidad correcta para leer va cambiando según la época, mutando con los gustos y las corrientes literarias.

Un mago de Terramar fue publicado en los años 60-70. Es un libro de fantasía con cincuenta años a sus espaldas. Un libro publicado antes del boom fantástico, una de las causas de que hubiera un boom en primer lugar.

Para los más jóvenes quizás os cueste creer que hace décadas la fantasía fuese considerado un género maldito: Para ellos no eran más que libros llenos de tonterías que no existían y que solo servían para evadirse de la realidad, poco más que basura que envenenaba las cabezas de los jóvenes y les impedía convertirse en adultos. Un mago de Terramar fue uno de los primeros bastiones que defendió el valor de la literatura fantástica, y fue el referente de muchos de los escritores fantásticos de éxito que existen en la actualidad. No puedo evitar mencionar que Patrick Rothfuss (el escritor al que más admiro por su habilidad y mi favorito) recibió una gran influencia de esta autora. Esa fue una de las razones por las que decidí leerlo entre todas las opciones posibles de mi lista de pendientes.

Cuando nuestros profesores y profesoras de lengua nos decían que hay que tener muy en cuenta el contexto al evaluar (y leer) una obra, y tenían toda la razón del mundo: Hay que saber el contexto para conocer la mentalidad adecuada con la que leer una obra. El mundo está lleno de lectores descontentos con libros muy buenos porque buscaban algo distinto a lo que el libro les ofrecía.

Yo no tuve en cuenta el contexto hasta llegar a más de la mitad del libro. Y ese fue el error fatal que me impidió disfrutar el libro desde el primer momento.

Años 60-70, la fantasía era el género maldito y criticado por su infantilismo y su evasión de la realidad, por su superficialidad. Un mago de Terramar es un libro que desafiaba todo eso. Pongámoslo claro: Un mago de Terramar es una historia alegórica con gran carga simbólica, que intenta reflejar un problema real y una historia de autosuperación y autoaceptación, envolviéndolo todo en un mundo precioso lleno de personajes más funcionales que profundos, y con un montón de situaciones que esconden una sabia reflexión para aquel que sabe mirar con profundidad.

En resumen, este libro le pegó una patada en los cojones a todo lo que se decía sobre la literatura fantástica. Y lo hizo con estilo.

 

Sin embargo, el género ha cambiado mucho desde los años sesenta. Y por tanto es una obra chocante en muchos aspectos.

Un mago de Terramar sale ganando en todos los aspectos simbólicos y fantásticos respecto al resto de novelas fantásticas de la actualidad. Prácticamente ninguna obra de soft fantasy puede superarla. Habla de un tipo de fantasía que no ha sido sobreexplotada, y precisamente por ser tan antigua, es tan original. Es además una obra que no bebe de corrientes tolkienianas, y que tiene un mundo realmente apasionante. Es una obra mucho más profunda y filosófica que toda la literatura de entretenimiento. Por último, es una obra fácil de seguir y que se puede leer por encima sin problema (a pesar de que pierdes worldbuilding y algún detalle simbólico) ya que su esencia está muy concentrada.

Por el contrario, esta obra puede salir perdiendo con respecto a otras más actuales. Es muy breve y está contada de manera muy resumida, mientras que otras novelas actuales pueden dejarse llevar en las escenas y mostrarnos cada punto de la historia. Eso hace que la historia parezca como que está diluida, que hay mucha letra para lo que de verdad pasa. Los personajes secundarios son caricaturescos, y la evolución del protagonista, que es el punto principal de la historia, es difícil de ver ya que apenas hay una escena de cada una de sus etapas. Nos cuenta cómo es Ged, pero no nos deja ver a Ged de verdad. Hay algunos clichés que por suerte ya hemos superado con el tiempo y a veces los personajes se comportan de forma rara, errática. Es una obra, además, en la que la historia es secundaria, por lo que a muchos les puede parecer que la trama es aburrida y está pegada a cachos.

 

Así pues, me veo obligado a concluir que este es un gran libro, o un libro muy malo, dependiendo de lo que busques.

La forma correcta de leer Un mago de Terramar es buscando una obra simbólica. Buscando los significados ocultos y buscando la enseñanza tras la historia. Si eso es lo que buscas, encontrarás una gran historia, profunda y llena de valores.

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