5 Presuposiciones que te harán escribir mal

Dar algunas cosas por sentado puede ser nuestro camino a la ruina, tanto como personas como a la hora de escribir. Hoy os voy a contar 5 cosas que a veces damos por hecho al escribir y que pueden arruinar nuestras historias.

5 Presuposiciones que te harán escribir mal

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1: A los lectores les interesa lo que les estás contando

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(Las fotos de Stock son geniales por lo absurdas que son y eso es indiscutible)

Sería lo normal, ¿no? Son personas que han escogido leer tu historia, que probablemente tengan una afinidad con lo que les quieras contar. Además, estás hablando del mundo tan chulo que has creado, ¿cómo no va a interesarle eso a la gente?

Pues no. Esta es una de las presuposiciones más fáciles de encontrar (sobre todo en la literatura fantástica), y una que suele hacer que los lectores se aburran. Normalmente esto suele ir acompañado de largos bloques de texto explicando algún punto concreto del mundo, del sistema de magia, de la vida de un personaje, de algún punto de vista filosófico o lo que sea, estemos en fantasía o en ficción realista.

Y no nos equivoquemos, poner un bloque de texto explicando algo no es algo malo por sí solo. A veces es necesario. Sin embargo, todo eso que le estás contando a los lectores no es algo que les vaya a interesar solo por tu cara bonita. Habrá lectores deseando conocer los secretos del patronaje renacentista, pero por lo general, lo mejor es pensar que nadie viene a leer nuestra historia con un interés inicial por algo.

¿Y qué se puede hacer en estos casos? Es nuestro trabajo hacer que se interesen por ello antes de explicarlo. Esto se puede hacer de muchas formas distintas y cada caso es totalmente diferente, por lo que no hay un truco específico que pueda contaros. Yo suelo intentar dejar a los lectores con la intriga, dándoles preguntas y guardándome las respuestas hasta un poco más tarde, en el momento en que espero que quieran saber lo que les voy a contar. También, por poner otro ejemplo, podría diluir todo eso que le quiero contar y soltárselo poco a poco sin que se dé cuenta, con datos de fondo. Así poco a poco conocerá cosas sin necesidad de explicárselas directamente, y a partir de esa base se puede ir construyendo el interés.

No hay una fórmula para esto, es cuestión de probar, pero incluso aunque no tengas nada en especial que explicar, la propia historia es algo que debe resultar interesante por sí sola. Dale alguna razón a quien te lee para que le importe lo que le estás contando. Puedes hacerle promesas sobre lo que encontrará (para eso están las sinopsis y las primeras páginas), darle un personaje con el que identificarse… ¡Hay muchas posibilidades!

2: Los lectores sienten algo por tus personajes

Solo porque sigamos a una persona durante quinientas páginas no tenemos por qué desarrollar sentimientos (positivos o negativos) por esa persona. Igual que antes, tienes que darles a los lectores una razón para que los personajes le importen. Es muy habitual encontrarse personajes que al final nos dejan fríos.

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Esto es lo que querríamos que pasase, pero esto no sale solo.

Tampoco puedo daros la clave para que los lectores se interesen y sientan algo por los personajes, pero tienes que asegurarte de que hay al menos alguna razón para sentir algo por ellos.

Puedes irte al extremo y buscar reacciones a través de exageraciones. Existen tropos sobre estas exageraciones, como “Acariciar al perro” (algo que hacemos para mostrar que un personaje es buena persona, como literalmente acariciar a un perro) o “Patear al perro” (justo lo contrario, hacer que parezca mala persona mostrando como patea a perros aleatorios por la calle). Yo no suelo recomendar estas exageraciones, pero cada cual sabe qué es lo que más conviene a su historia.

Algo que suele funcionar es mostrar la personalidad de un personaje a través de sus acciones. Las personas estamos preparadas para pensar cosas sobre otras personas, pero para eso primero tenemos que sentir que son reales. Esos personajes tienen que sentirse reales, y eso se consigue dándoles profundidad, pequeños detalles que los hagan imperfectos y humanos. Consigue que los personajes dejen claros sus deseos y preferencias, sus sentimientos.

Lo que sí que no podemos ignorar es que, no porque los personajes protagonistas sean protagonistas vamos a ponernos de su lado inmediatamente, ni porque los villanos sean villanos tienen por qué caernos mal. No hay que presuponer que los lectores sentirán algo por tus personajes, y es mucho más problemático presuponer que sentirán lo que tú quieres que sientan por ellos.

Si quieres que los lectores sientan algo específico por tus personajes, tendrás que encargarte de que lo sientan así. No es algo que suceda por ciencia infusa. Es algo que como autores debemos instigar.

3: Los lectores leerán el libro hasta el final

Esto en realidad son dos cosas: Pensar que los lectores se sentirán interesados por la lectura hasta el final, y pensar que los lectores tendrán paciencia para esperar a que expliques todo.

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Los lectores son de las personas más pacientes si hablamos de la media poblacional (si no recuerdo mal, hay estudios de que la población lectora tiene un lapso de atención más largo y persisten más en las actividades antes de dejarlas por otras cosas), pero aun así los lectores son personas impacientes. Es cierto que algunas personas no son capaces de dejar un libro sin terminar, pero por lo general, es muy probable que los lectores dejen de leer si no les das una razón para seguir.

Ya es malo presuponer que los lectores se van a interesar por tu historia, pero es aún peor pensar que aunque no les interese van a seguir leyendo hasta el final. No es la primera vez que intentan convencerme de que “Pero es que la novela mejora, el final de la trilogía es genial, merece la pena”, y esa no es una buena filosofía. Una novela no es algo que haya que sufrir para poder llegar hasta el premio final, la novela entera tendría que ser el premio en sí mismo.

Haz que el trayecto hasta el final sea entretenido. Una historia que enganche, que te deje queriendo saber más, saber cómo acaba.

Tampoco hay que abusar de la paciencia de los lectores. Son personas impacientes, que quieren saber algo y lo quieren saber ya. Buscan inmediatez (y cada generación que viene, más aún) y aunque no podemos darles el final desde el principio, sí que hay que intentar satisfacerles un poco, según pasan las páginas.

Este problema se ve con algunas historias de misterio que abren misterios pero nunca los resuelven, en espera del gran final. Es necesario resolver algunas de las tramas abiertas de vez en cuando para mantener a los lectores satisfechos con la lectura.

Está bien que quieras mantener a tus lectores a oscuras algunas veces, pero siempre tienes que tener en cuenta que quieren saber lo que pasa, y no quieren esperar para enterarse. Lo mismo con las escenas importantes, o la trama, no quieren quedarse mirando como no pasa nada hasta el momento del clímax, quieren ver cómo se mueven las cosas. Es nuestro trabajo darles lo justo y necesario hasta la próxima dosis.

4: Los lectores entenderán todo y no se perderán

Esto es algo de lo que no podemos librarnos del todo, por mucho que lo intentemos por nosotros mismos. Cuando escribimos algo, para nosotros todo está claro. Podemos manejar grandes cantidades de personajes, vemos exactamente qué está pasando en esta escena de pelea, o sabemos cuál es el parentesco enrevesado entre estos dos personajes. También vemos a la primera cómo funcionan las cosas (lo vemos todo intuitivo y fácil). Pero claro, lo hemos escrito nosotros, ¿cómo no vamos a entenderlo?

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Esto puede pasar más a menudo de lo que imaginamos

Hay que tener mucho cuidado con el nivel de accesibilidad en la lectura. A veces escribimos cosas que exigen habilidades que sencillamente la mayoría de lectores no poseen. Hay un límite de elementos que una persona puede tener en su cabeza al mismo tiempo. No podemos esperar que se queden con todo a la primera y que no tengan ninguna dificultad en entender lo que les estamos mostrando.

No hay que tratar a los lectores como tontos (aunque por experiencia, cuando haces algo inaccesible y no lo entienden es precisamente cuando los lectores se sienten tontos), sino eliminar todas las posibles barreras que puedan impedir que los lectores entiendan lo que les explicamos.

Hay varias formas de hacer esto: Diferenciar bien a los personajes y asignarles algo muy característico para que el lector pueda distinguirlos fácilmente incluso cuando haya muchos personajes, introducir aclaraciones en la narración (cuidado con esto, me refiero a, por ejemplo, en vez de usar el nombre en la narración de un personaje que lleva mucho tiempo fuera de escenas, decir aquella cosa que hará que los lectores se acuerden de quién era), utilizar esquemas (algunas obras con muchos personajes tienen árboles genealógicos porque es más fácil, o recordatorios de los poderes), simplificar las explicaciones con ejemplos…

No des por hecho que la gente lo va a pillar a la primera. Asegúrate de que lo que quieres que quede claro queda claro. Lo mejor que puedes hacer es buscar distintos tipos de lectores beta: más especializados en ese tipo de literatura, menos, de más edad, menos edad, con distinto nivel académico… Y buscar la forma adecuada, eliminando todas las barreras que puedas.

5: Los lectores se acordarán de algo

Es posible que tengan muy buena memoria, pero nada te asegura que se vayan a acordar, ahora ya tan cerca del final, de aquello que le mencionaste al principio de la historia.

Nuestra memoria tiene unos límites, y no es bueno presionarlos demasiado. El máximo número de elementos que se pueden almacenar está entre 5 y 9, pero eso es presionar demasiado las posibilidades. Normalmente, si quieres que el lector se acuerde de algo (de los personajes, del mundo, o de la trama), no hay que darle más de tres elementos al mismo tiempo. ¿Quieres describir a un personaje? Busca las tres cosas que mejor le definan y díselas, porque de todas formas no es muy probable que se vaya a acordar de más.

Por tanto, si vas a reintroducir elementos que llevan tiempo fuera de la mente de los lectores, no lo hagas de golpe. Tienes que preparar el terreno primero para que se acuerden (teniendo en cuenta que si no lo haces con discreción, toda sorpresa se irá al traste). Esto es igual para personajes, puntos clave de la trama, poderes, quién dijo qué…

Y por supuesto, una vez que se ha terminado la historia, no creas que se acordarán de ella así porque sí. O puede que sí se acuerden, pero no sea un buen recuerdo precisamente.

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Si no haces algo para quedarte en la mente de tus lectores, el tuyo será “El libro olvidado”, lo cual no mola a menos que te llames Antonio García Velasco.

Si quieres que tu historia se quede con los lectores, que tus personajes se queden con ellos, tendrás que ofrecerles algo que no tenían antes. Ya sea una reflexión, un personaje tan único y carismático que es imposible olvidarlo, un momento en el que pensaron que harías esto pero hiciste algo que no se esperaban… Pero como con todos los puntos anteriores, sigue siendo nuestro deber como autores preparar esas cosas.

Para que no nos olviden hay que crear un buen impacto. Si no lo creas tú, quizás lo haga la obra por sí sola, y quizás lo haga en el mal sentido…

Y hasta aquí las 5 presuposiciones que te harán escribir mal. ¿Me he dejado alguna por el camino? No dudes y escríbela en los comentarios.

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7 thoughts on “5 Presuposiciones que te harán escribir mal

  1. Riku Evans 20 abril, 2017 / 5:30 pm

    “Pero es que la novela mejora, el final de la trilogía es genial, merece la pena”, y esa no es una buena filosofía.

    Gracias por decir esto. Esa misma frase me la han dicho tanto, y yo soy de las que pierde la paciencia fácilmente, así que estoy infinitamente de acuerdo contigo.

    Le gusta a 1 persona

  2. Javier Pavía 21 abril, 2017 / 7:54 am

    Genial artículo y una cura de humildad para todos los que escribimos cosas. El punto 1 es especialmente puñetero. Muchas veces necesitas explicar algo, pero sabes que nadie se va a leer el párrafo. Si en tu historia la gente puede volar, es más fácil sacarlos volando que explicar detenidamente cómo lo hacen…
    Lo cual es cachondo, porque podemos aceptar una película en la que alguien accede a los ordenadores del Pentágono tecleando cuatro cosas, pero si lo hace en un libro y no explicas detalladamente el proceso, es que no has investigado xD

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    • GuilleJiCan 21 abril, 2017 / 11:44 am

      Luego en las películas ponen a alguien hackeando en excel y no pasa nada 😄

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  3. Fabrizzio Lerma 30 abril, 2017 / 3:16 pm

    Excelente artículo, de esos que duelen un poco leer (y me imagino, también escribir), sobre todo para aquellos como yo que tenemos síndrome del impostor y cualquier cosa nos daña el ego.

    Me pasa sobre todo que asumo que “los lectores se acordarán de algo.” Suelo poner detalles e insinuaciones (que voy repitiendo a lo largo de la historia) y me imagino que llegado a un punto, cuando se dé la gran revelación, los lectores fliparán (digo lectores aunque en honor a la verdad aún no tengo ninguno, sólo lectores cero). También pienso que en cuanto a “los lectores les interesa lo que les estás contando” es bien difícil de saberlo, y creo que es como buscar la “fórmula del éxito”, se puede escribir muy bien, tener tremendo personajes, ¿pero cuál es la garantía de que les vaya a gustar?

    “[…] esto suele ir acompañado de largos bloques de texto explicando algún punto concreto del mundo, del sistema de magia, de la vida de un personaje, de algún punto de vista filosófico o lo que sea, estemos en fantasía o en ficción realista.” Esto me pasa todo el tiempo aunque la verdad es que me encanta leer esas explicaciones, esos sistemas de magia y todas esas cosas.

    Otra vez, excelente artículo. Admito que me dolió un poco leerlo, pero son presuposiciones que hay que eliminar.

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      • Fabrizzio Lerma 1 mayo, 2017 / 3:52 pm

        ¡Gracias! Ese síndrome es más duro de lo que parece. Muchas veces veo un post interesante (como este) y me dan ganas de comentar, pero entonces surge una voz en mi cabeza diciendo: “tu comentario es irrelevante,” “lo que vas a decir es un fastidio,” o cosas así. No es una cuestión de inseguridad, o timidez, o falta de interés, sino de… una sensación de que lo que uno va a decir es innecesario o no será bien recibido. Es todo un fenómeno.

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