La credulidad y la incredulidad a la hora de leer

Una persona que sepa leer bien tiene que ser a la vez crédula e incrédula.

Pero ojo, porque ser incrédulo y crédulo a la vez es un error muy grande.

(Pero a ver, Guille, de qué narices estás hablando, que no hay quien entienda ese galimatías)

¡Parece paradójico, pero te aseguro que tiene sentido!

Leer es un acto bastante complejo que exige muchas cosas al cerebro: Tienes que estar manteniendo tu atención, tienes que procesar los símbolos del papel o la pantalla en una serie de palabras con un significado concreto, codificar esos significados teniendo en cuenta las relaciones que tienen con la información que ya nos han dado, recordar qué ha pasado y quién son estos personajes, imaginar todo eso en tu cabeza… Aunque no lo parezca, es un trabajo bastante duro para el cerebro. Por eso mismo, cuando el cerebro puede, desconecta y sencillamente simplifica todos los procesos que puede. Así que se vuelve incrédulo y crédulo justo cuando tendría que ser crédulo e incrédulo.

¿Pero qué significa todo esto de la credulidad e incredulidad y viceversa?

Suspensión de la incredulidad

Para los que no conozcan el término, la suspensión de la incredulidad es una concesión que los lectores hacemos a los escritores. Por nuestra parte, para disfrutar de la historia que nos van a contar, prometemos creérnosla como si fuese real. Prometemos suspender durante la lectura esa incredulidad que nos dice que los dragones no existen, por ejemplo. Por su parte, los escritores tienen algo que prometer a cambio: Que esa suspensión merecerá la pena y que no romperá las propias reglas que vaya creando.

Por supuesto, tenemos un límite de lo que podemos desactivar esa incredulidad. Cuando dentro de la historia se amenaza esa plausibilidad, es fácil que demos por finalizado el contrato y dejemos de tomar como verídica esta historia que nos están contando. En un artículo antiguo en el que hablé de los efectos psicológicos de la lectura ya comenté que durante la suspensión de la incredulidad el cerebro realmente toma la información como verídica y los personajes como reales, lo que nos permite aprender de estas historias y preocuparnos por los personajes. Nuestro cerebro, aunque sepamos que no es real, se lo toma como real (y por eso es tan importante qué se normaliza y qué se criminaliza en la literatura, esas cosas se quedan en los lectores).

Es cierto que no debemos hacer una suspensión total, porque eso significaría creerse hasta las cosas incoherentes, pero sí que hay una parte que debemos tragarnos a pies juntillas: La premisa.

premisa credibilidad lectura.jpg
Por ejemplo, en Shadow of the Colossus la premisa es que hay colosos gigantes. Y no hace falta buscarle tres pies al gato.

La premisa es la base sobre la que se construye una historia. Es algo que tú pones sobre la mesa y los lectores tienen que aceptar sí o sí, es vital. Puede ser algo como que los barcos hablan, o que las personas podemos usar nuestra aura para hacer magia, o lo que sea. Y esta premisa no hay que justificarla de ninguna forma, porque es inútil y estúpido. He llegado a ver escritores de cifi que defienden el realismo de su avance tecnológico y que si ese elemento nuevo existiese todo lo que dicen sería posible. ¡Es ciencia!, argumentan. Y es como, ¿por qué necesitas explicar algo inventado? ¡Sigue siendo imposible en la realidad, por muchos cálculos que hagas! La premisa se acepta o no se lee, y no hay más vuelta de hoja. Es un ejercicio de imaginación mínimo para poder disfrutar de la historia. Esto es como la lógica aristotélica, aunque las premisas sean falsas, si se aplica la lógica, la conclusión es válida.

Pero hay lectores que a pesar de no aceptar intentan leer. Son esa clase de personas que desprecian la fantasía porque la magia no es real. Por favor, no seáis esa clase de personas. Eso es ser incrédulo cuando hay que ser crédulo.

Por suerte el error contrario es mucho más leve.

Creerse a pies juntillas lo que nos sueltan

Los lectores somos muy vagos a veces. Y mantener una actitud crítica es bastante costoso para el cerebro también, por lo que es normal que de vez en cuando nos tomemos lo que nos cuentan dentro de la historia como verdad absoluta dentro de ese mundo. Ignoramos lo que se ve a favor de lo que nos dicen.

Yo pienso que los lectores estamos muy malacostumbrados en general. Últimamente siento que me dan todo mascadito, fácil para que no tenga problemas en entender todo, sin dobles sentidos ni secretos que solo se entrevean. No hay dobles fondos, ni señuelos… Todo nos lo presentan de manera limpia, objetiva y nada problemática. Lo blanco es blanco y lo negro es negro.

Quizás sea solo yo, pero siento que es mucho mejor una obra con ciertos grises, con profundidad, con aparentes contradicciones. Novelas en las que los personajes digan unas cosas cuando realmente quieren decir otras. En las que sacudan las premisas que me he tragado tan dulcemente. En las que tenga que pararme a pensar si creerme lo que dice el narrador en primera persona.

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Quiero novelas que me recompensen por mantener cierta incredulidad. Novelas en las que pueda ver a través de las bonitas mentiras que tejen si me esfuerzo lo suficiente. Novelas en las que un aparente fallo no sea nada más y nada menos que la pista que me ayude a resolver la contradicción. En las que lo que no se dice sea tan importante como lo que se dice. Personajes que mientan.

Recuerdo una clase de Arquitectura funcional de la mente, en la que mi profesor (aficionado a partir mentes por la mitad) nos estaba explicando el funcionamiento del sistema auditivo. Nos contó una cosa y luego nos preguntó que si eso nos parecía bien, que si nos parecía correcto. Se quedó estupefacto.

“Yo me quedo alucinado. A ti te dicen X, y tú vas inocente y te lo crees” Y se empieza a reír. Luego nos contó que esas teorías solo tenían sentido si los supuestos eran correctos, y los supuestos no eran correctos. Se me quedó bastante grabada esa frase, porque es cierto que durante las clases de la carrera une no suele plantearse si lo que te explican es totalmente correcto, directamente asumimos que lo está. Con la lectura pasa lo mismo, asumimos que los personajes y narradores son totalmente fiables, y confiamos que cuando son omniscientes no nos dirigirán con señuelos para sacarnos las tripas con una escena que no esperábamos.

Diría que el momento en que peor es esta credulidad es a la hora de pensar que tenemos toda la información necesaria para comprender lo que sucede en todo momento. Si bien es cierto que lo lógico es preparar a los lectores para que entiendan lo que va a pasar en las siguientes escenas, no es algo obligatorio. Podemos guardarnos algo de información que les haga ver la misma escena desde otra perspectiva totalmente diferente. Es legítimo construir una escena que no se entenderá por completo la primera vez.

Una de las cosas que me gusta de Brent Weeks es que es muy fan de dar puñaladas traperas, y opina que una vez que los lectores se sienten cómodos con tu escritura estás empezando a fallar. No deben ser capaces de predecir dónde caerá el próximo golpe. Opina que es cierto que los lectores estamos muy acostumbrados a que los autores no jueguen con nosotros, que confiamos en ellos.

Y yo pienso que lo que dice es cierto. Muchos cometen el error de ser demasiado crédulos. Y los escritores tampoco castigamos eso todo lo que deberíamos. Hay que tenderles trampas, traicionarles, hacer que no terminen de sentirse cómodos. Hasta que no se crean todo lo que les presentemos de primeras.

 

Como ya se ha dicho, una persona que sepa leer será a la vez crédula e incrédula, pero no incrédula y crédula. ¿Y tú, qué eres?

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4 thoughts on “La credulidad y la incredulidad a la hora de leer

  1. marianopudu 29 junio, 2017 / 5:26 pm

    Buen Artículo, felicitaciones.

    Sin embargo, considerándome feminista, detesto esa aberración al lenguaje de reemplazar letras por “e” para indicar género neutro. La “o” es género neutro en el español y a la vez es el masculino.

    De verdad… Es sencillamente molesto. Es como leer un artículo con errores de tipeo y faltas de ortografía. Acúsame de maníaco, está bien.

    Tal vez tienes tus razones y demás. Tal vez mi opinión te importe un carajo (y está bien), pero sencillamente no me tomaré un esfuerzo la próxima vez.

    Le gusta a 1 persona

    • GuilleJiCan 3 julio, 2017 / 3:59 pm

      La verdad es que lo he hecho más bien como un experimento, y la verdad es que no está teniendo buena acogida, por lo que no te preocupes que no va a aparecer en próximos artículos. Es más, voy a corregirlo ahora después.
      ¡Gracias por comentar! Me alegra que te haya gustado el artículo, ¡y gracias por el feedback!

      Le gusta a 1 persona

      • marianopudu 3 julio, 2017 / 4:59 pm

        Disculpa si soné muy agresivo al respecto, no era mi intención de ninguna manera.

        Quizá tuve que haber hecho énfasis en lo bueno del artículo que en aquello que me resultó molesto.

        Estoy muy de acuerdo con el contrato implícito de creerte lo que lees (dentro de lo posible), y creo que fuera del mundo de la fantasía, la gente es reticente a aventurarse con la fantasía por el simple hecho de que la premisa no está enmarcada en un mundo “real”

        Ah, pero con realismo mágico todos los snobs babean.

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      • GuilleJiCan 3 julio, 2017 / 9:14 pm

        No te preocupes por el tono, no ha sido inapropiado.
        Es cierto que hay una división artificial y elitista del realismo mágico/literatura de género, pero qué se le va a hacer, la literatura tiene una vena clasista y elitista muy arraigada y no creo que podamos cambiar eso en mucho tiempo.

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