¿Cómo conseguir que se entienda lo que escribimos?

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Escribir es difícil, bien que lo sabemos todos. Si escribir para uno mismo o una misma ya es difícil de narices, no digamos ya cuando nos sometemos a las limitaciones propias de tener un público.

Cuando escribimos para nosotros mismos no importa mucho cómo escribamos, pues normalmente nosotros nos entendemos cuando escribimos. Sabemos lo que queremos decir (o al menos eso creemos, porque cuando releemos cosas de hace mucho tiempo estamos todo el rato pensando en quién era el idiota que ha escrito eso y qué se supone que hay que entender). Pero cuando escribimos para otras personas, para que nos lean, es vital que la otra persona entienda qué es lo que le estamos diciendo.

Por experiencia, hay tres claves necesarias para que las personas entiendan lo que estás diciendo. Esto vale de la misma manera para enseñar cómo funciona algo nuevo, cómo se mueven las personas en una batalla, o cómo desenredar un plan diabólico para que los lectores entiendan las repercusiones del mismo:

1. Partir de una base común

Esto es lo más importante y lo que más se suele ignorar. En la escritura es fácil dar por hecho que el lector tiene la misma base de conocimientos que tú, que ha vivido las mismas experiencias, y a la hora de escribir, nos saltamos la base porque suponemos que el lector puede ir a nuestro ritmo. Hay que tener en cuenta la gran cantidad de tipos de lectores que hay. A menos que te especialices en algo como ciencia ficción dura con física de partículas avanzada, si quieres que tu lector entienda lo que le dices, tendrás que partir de una base común, que suele ser el mínimo.

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La estructura, la gran olvidada…

Cuando leemos podemos llegar a valorar muchas cosas de un libro. Podemos quedarnos embobados por su narración, podemos suspirar por el realismo y el encanto de los personajes. El ritmo acelerado de la trama puede cortarnos la respiración, e incluso podemos imaginar de manera vívida las maravillas que nos describen con maestría. Muchas de estas cosas se suelen tener en cuenta a la hora de evaluar una obra, ya sea en una reseña, en una crítica, o en si el regustillo que se nos queda cuando terminamos un libro es agradable o decepcionante.

Pocas cosas hay más ignoradas que la estructura de una historia. Hasta tal punto la dejamos de lado, que muchos escritores ni siquiera estructuran sus historias antes de empezar a escribirlas.

Pero hoy vengo a romper una lanza por la tan olvidada estructura. ¡La estructura son los cimientos que mantienen la historia en pie! Y aunque su labor sea esa la mayor parte del tiempo, eso no significa que la estructura no pueda destacar. Por eso mismo os voy a mostrar ejemplos de estructuras que no solo sirven como cimientos de la historia, sino que son parte de su decoración, como las bellas columnas que sujetan la parte alta del Partenón.

Pero, ¿qué es la estructura de una historia? Si bien la trama de una historia es lo que sucede en ella, la estructura sería la forma concreta de presentar esa trama. Cómo organizas las escenas, dónde las cortas y dónde las empiezas, en qué orden las muestras… Todo eso es estructura.

¿Qué buenas estructuras podemos encontrar en la literatura, fantástica o no fantástica?

Canción de Hielo y Fuego, de George RR Martin

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Cimentar una saga de siete libros es de por sí una tarea titánica, pero la estructura de George Martin puede con todo eso y tiene fuerzas para más. Si Martin hubiese organizado sus escenas de manera diferente, la historia sería la misma, pero su efecto sería muy distinto. Para los que no lo hayáis leído, Canción de Hielo y fuego tiene una estructura basada en los personajes: Cada capítulo es el punto de vista de un personaje. Martin no salta de un personaje a otro al tuntún, lo tiene todo planeado para cortar en el momento justo y dejarte enganchado, preguntándote qué es lo que pasará a continuación. Además, todos los personajes se mueven más o menos en el mismo momento temporal, lo que nos permite ver casi a tiempo real los cambios que suceden en el mundo. Y todo gracias a su uso de la estructura.

Rayuela, de Cortázar

De acuerdo, no lo he leído, pero conozco lo suficiente para saber que Rayuela es una obra de arte de la estructura. La historia está compuesta de tal forma que puedes leerla tal como viene escrita, o salteando los capítulos siguiendo una cronología determinada. Ambas formas de leer la misma historia ofrecen una experiencia muy distinta, y si ya cuesta escribir una historia coherente de manera lineal, ¡no me quiero imaginar lo que debe ser hacer esto!

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Razones para leerse Rayuela

Vida y opiniones del caballero Tristam Shandy

Vale, vale, este tampoco me lo he leído, pero lo he estudiado y he leído un poco sobre su estructura. Normalmente, los libros siguen una estructura lineal, de principio a fin, sin embargo, esta novela tiene una estructura parecida a una telaraña. No es una línea recta, del punto A al punto Z, sino que es una telaraña que abarca todos los puntos y los interrelaciona, ofreciendo un mundo integrado lleno de causas y consecuencias. No es una historia hecha para entenderse de manera lineal, sino más bien para integrarla en su conjunto.

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Un ejemplo de una narrativa Shandificada, en videojuegos. Los elementos están todos ahí, luego cada uno puede seguirlos en el orden que quiera, creando su propia historia. 

Cosas chulas que se pueden hacer con la estructura

La estructura puede servir para muchas cosas, solo hay que saber usarla bien. Muchas herramientas narrativas juegan con la estructura, como los flashbacks y los flashforwards. Al fin y al cabo, es una forma no lineal de presentar la información, ¿verdad? Primero vemos lo que va a pasar, lo anticipamos, y luego vemos cómo sucede. O al contrario, primero vemos las consecuencias, y más tarde nos cuentan qué es lo que ha pasado.

La estructura puede ser restrictiva, pero las restricciones fomentan la creatividad. La propia poesía es un ejemplo de ello, si nos fijamos en algunas de sus variantes, como el soneto. Con su métrica fija y su estructura prediseñada, el soneto es una forma de aprovechar la estructura para crear arte. Si nos salimos de la caja, también podemos hacer arte con la propia estructura, como pasa con los caligramas.

Podemos usar la estructura para controlar qué información recibe el lector, ya sea para sorprenderle, para asustarle, o para intrigarle. Podemos usarla para separar y diferenciar a los personajes, o para controlar el ritmo de la historia.

Crónica del asesino de reyes y La música del silencio, de Patrick Rothfuss

Este es un ejemplo doble, de cómo se puede reforzar la estructura o se puede romper por completo. Crónica del asesino de reyes sigue la típica estructura de los tres actos: Presentación, nudo y desenlace. Esta división se puede sentir en los libros (uno para cada parte) y también se puede ver dentro de cada uno de los libros, en la historia que nos cuenta Kote el posadero. También se puede predecir una estructura circular, pues la historia tiene que acabar con Kvothe convirtiéndose en Kote el posadero, que cuenta su historia desde el principio.

Sin embargo, el autor sabe jugar con la estructura y contra ella, cuando le conviene. Este ejemplo lo encontramos en La música del silencio, una historia que está dividida en siete días, un capítulo para cada uno de ellos. No se corta un pelo en destrozar esta estructura con el tercer día, con un capítulo de tan solo una frase. Para los que hayáis leído este libro, ya sabéis el efecto devastador que tiene esta ruptura.

Deformando la estructura

La estructura clásica de una historia es Presentación > Nudo > Desenlace, y es una estructura que funciona muy bien. Sin embargo, una estructura se puede deformar. Alargamos esta parte un poco, acortamos esta otra, y el tono de la historia cambia radicalmente. La historia clásica de caperucita roja se convierte en una historia de terror si alargamos la anticipación hasta el momento en que el lobo la devora. Sin embargo, si en vez de eso alargásemos las conversaciones entre el lobo y caperucita, podríamos convertirlo en un drama de personajes.

La estructura más típica y más conocida sería El viaje del héroe. Es una estructura que funciona muy bien, hace clic en nuestro cerebro y es la base de muchas de las historias más antiguas y duraderas. Si quieres ver la mejor ejecución de El viaje del héroe, yo recomiendo la película Kubo y las dos cuerdas mágicas. Sin embargo, esta estructura no es inmutable, y seguro que a lo largo de la historia se ha trasteado mucho con ella. Por ejemplo, tenemos a Cervantes, que en su segunda parte del Quijote no lo devuelve triunfante a su aldea natal para celebrar la victoria, sino derrotado y a las puertas de la muerte.

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El diagrama de marras

Hay muchas formas de jugar con la estructura. Hay estructuras que convierten las historias en círculos que empiezan y acaban en el mismo sitio. Otras sirven para hacer que el lector sienta lo que queremos que sienta. Y otras veces, sencillamente son así por pura estética.

¿Y por qué estoy dando tanto la lata con la estructura?

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¿Por qué va a ser si no?

Pues verás, el 15 de Marzo voy a publicar un relato, como quizás ya sepas. Y este relato surgió con una estructura muy especial… En vez de ser una línea recta, un arco o un círculo, Testosterona tiene una estructura de espejo. Es como un palíndromo, los títulos de los capítulos se leen igual desde el primero al último que desde el último al primero. Esto no significa que se pueda leer hacia atrás (¿O… sí? Tendré que mirarlo a ver qué sale), sino que la estructura tiene esa forma específica.

Es una tontería, la verdad, una tontería de la que supongo que mucha gente no se dará cuenta… pero ahí está, una pequeña floritura con la estructura, invisible a los ojos de muchos.

Y he pensado que por qué no centrar las miradas de la gente en ella. También se merece sus quince minutos de fama, ¿no crees?


¡Pero no solo es importante la estructura en la escritura! ¡También es muy importante en la ilustración! Y qué mejor ejemplo que ¡la maravillosa portada que Marta Heras ha artistoseado con todo su arte!

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*Ooooooh, aaaaaaah*

¡Admirad su composición! (Finge que entiende algo de ilustración)

No sé vosotros, pero yo me muero de genialosidad cada vez que la miro.

Podéis ver más arte de esta maravillosa persona en su instagram (@martaherasv), y podéis contactar con ella a través de Twitter (también @martaherasv). ¡No dudéis en contratarla para vuestros proyectos! Trabaja muy bien y yo no voy a dudar en tirarle la cartera a la cara para que ilustre mis próximas historias. ¡Pero mirad qué trabajo más bien hecho, por dios!

¡En fin, hasta el lunes que viene! Hablaré de la importancia de buscar la claridad en los textos, y ¡por fin pondré la sinopsis de Testosterona! ¡Os espero!

 

La problemática longitud de lo que escribimos

¿A veces no os pasa que sentís que escribís la cantidad incorrecta de palabras?

Ya sea cuando te faltan 10 caracteres para un tuit, o cuando tu novela no llega al mínimo exigido para entrar a concurso, es posible que alguna vez hayas sentido que la longitud de lo que escribes es un problema. Ya sea por lo alto o por lo bajo.

En los trabajos del instituto o la universidad se suele medir por páginas, pero la página es un concepto tan cambiante dentro de este mundo de la escritura… Entre márgenes, interlineado, diálogos, tamaño de letra… un mismo texto puede tener 50 páginas o 150. No ayuda mucho para saber qué tamaño de texto estamos manejando. Así pues, en el mundillo editorial se mide en palabras, que es una medida mucho más consistente. Seguro que ya lo habéis visto por muchas partes, sobre todo en los concursos, donde es muy habitual poner un límite de palabras.

Ay, ese maldito límite de palabras.

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¡Venga ya! ¿Ni aquí me puedo librar?

Anda que no habrá concursos a los que no he enviado nada por ese límite de palabras. Y es que yo tengo un problema muy grave: Siempre escribo cosas muy largas. Incluso cuando hago cosas cortas, como un relato, me salen cosas muy largas.

¿Hace falta que os dé una muestra? Tenéis el blog lleno de artículos de entre 2000 y 3000 palabras, cuando es habitual que un blog no supere las 1000 (yo no entiendo cómo aguantáis mis tochos, la verdad).

Escribir poco también tiene sus problemillas:

1: Mínimo X palabras

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Lo sentimos, tu novela tiene que ser al menos así de larga para entrar a concurso. 

Una de las frases más odiadas para todas las personas que no consiguen estirar más sus historias. Que por cinco mil palabras tu novela no sea lo bastante larga para entrar a concurso es una frustración horrible. Con los relatos pasa igual, solo que aquí podemos intentar estirarlos un poco… un poquito más… Y hale, está diluido, pero al menos el relato entra a la convocatoria.

2: ¡Se supone que esto iba a ser una trilogía!

¡Tras años de dolor y sufrimiento has terminado tu trilogía de ensueño! Y luego lo miras y… no llegas ni a las 150.000 palabras. Si 50.000 palabras ya es una novela corta, menos aún no llega ni a ser novela. Y como no puedes partir la historia por la mitad (¡¿Cómo vas a mutilar tu preciosa estructura de tres arcos de esa manera?!) pues te toca reunirlo todo en una única novela autoconclusiva. Hale, todos los títulos geniales de las tres partes, a la basura.

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Esto también iba a ser una trilogía, pero acabó siendo solo una película porque los beneficios… se quedaron… cortos *badum tss*

3: ¡Nanowrimo, yo te maldigo!

¡¿A quién no le gusta matarse todos los días para conseguir sacar 1.666 palabras diarias durante un mes?! Contra todo pronóstico, todo va bien, escribes a diario, cumples la cuota…

Y a mitad de mes terminas la novela del nanowrimo. Una novela de 35.000 palabras. Es cortita, sí, pero no hay necesidad de alargarla, ¿verdad? Todo está bien atado, el final es satisfactorio… ¡La novela está estupendamente!

 

¿Y ahora qué haces con las 15.000 palabras que te faltan? ¿En qué las vas a emplear los días que te faltan de mes? Porque si no llegas a las 50mil, no cuenta como un Nano completado…

Escribir cosas cortas tiene sus pequeños dramas, pero por lo general, ser más concreto que extenso es algo bueno en la escritura. Cada palabra que sobra debe morir, y en tus textos no es habitual que le cortes la cabeza a un tercio de tu obra por cosas que sobran. Es más, es posible que en las revisiones añadas cosas que han quedado demasiado escuetas. Esto no está mal, como se dice, lo bueno, si breve, dos veces bueno.

Y luego estamos las personas que escribimos de más. Y eso sí que tiene problemas…

1: Las revisiones son eternas

En ese momento solo quieres arrancarle la cabeza a tu yo del pasado por haber escrito tanto. Si ya se sufre revisando un libro de 100.000 palabras, ¿qué tal duplicar el sufrimiento con uno de 200.000?

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¿Y a mí quién me manda meter dos subtramas extra?

¿Y de casi 300mil? ¿Y si no es solo una revisión, sino una reescritura completa? Hay que contener las ganas de mandarlo todo a la mierda, os lo aseguro.

2: No aceptamos textos de más de X palabras

La frase que me ha dejado fuera de concursos y de enviar mis manuscritos a editoriales una y otra vez. Bueno, con mis dos novelas de más de 250mil palabras, es normal que me quieran mandar a la mierda directamente (250mil es mucho, muchísimo. Impreso nos adentramos en el territorio de las 800 páginas). Para las editoriales no suele ser rentable imprimir libros tan largos.

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Saitama lo tiene muy claro. ¡Solo se aceptan pasados trágicos de 20 palabras o menos! 

Pero en el caso de los relatos es peor. A mí 3000 palabras, o 5000, me son pocas. Yo necesito tiempo para que la historia se cueza a su ritmo. No me gusta apresurar las cosas. Mis historias tienen una trama con unos puntos que no me puedo saltar. Si ya le añadimos que divago, cuando intento hacer un relato de 3000 palabras me encuentro con un texto final del triple de longitud.

3: A los escritores noveles solo les tienen en cuenta con novelas cortas

Imaginad mi corazoncito cuando escuché esto. Me fui a llorar a mi esquinita, arropado por mis novelas de más de 250mil palabras. A ver, yo lo entiendo. Autores noveles somos muchos, muchísimos, y de todos y todas solo habrá unos pocos que hayan escrito algo rentable para una editorial. Si a los lectores ya les cuesta aceptar las novelas más largas (ya sabéis, esas que además cuestan mucho más de publicar a nivel monetario), las de autores desconocidos se venderán menos aún. Además, para encontrar esa buena novela hay que bucear, y bucear… y no compensa. Los lectores editoriales pierden el tiempo con esa clase de novelas largas, tiempo que podrían aprovechar para leer la nueva novela de algún autor extranjero conocido o de una autora ya consagrada en nuestra tierra.

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“La editora está muy ocupada. Solo aceptamos manuscritos de 120.000 palabras o menos”

Las editoriales son un negocio, no lo olvidemos, y el tiempo es oro. Tampoco vas a rechazar sin leer a todos los manuscritos de noveles que encuentres, pero sí que puedes pasar por encima de aquellos que se pasen de tu límite arbitrario de palabras.

4: A la gente le da pereza una historia muy larga

A menos que estemos dentro de la épica, a la gente le suele dar muchísima pereza leer cosas largas. Lo van dejando, lo van dejando, y al final ni lo tocan.

Y ya ni hablemos de las sagas. Puf.

5: Podar es un horror

Corregir una novela es como hacer crecer un bonito seto. Cuando faltan palabras, siempre puedes añadir florecitas aquí y allá para embellecer y tapar los huecos, dejar que crezca. Pero cuando sobran palabras, toca coger las tijeras de podar y eliminar todas esas ramas que a ti te encantan, y que no puedes pensar en cómo sería el seto sin algo tan vital como esa rama retorcida tan bonita pero que está a punto de clavársele en el ojo a un lector despreocupado.

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Los escritores profesionales tienen que refinar sus habilidades de poda como si fuesen Eduardo Manostijeras

Recortar historia duele.

Y por eso casi nunca lo hacemos, y por eso nos salen largas las historias.

Y luego está mi problema personal: Es que no puedo recortar. Ya intento que mis historias sean lo más cortas posibles, pero como hago unas tramas tan complejas unas cosas sustentan a otras, y si elimino algo se derrumba todo. Intento comprimir todo lo posible, que cada frase cumpla dos o más funciones si es posible, eliminar rodeos… pero también tengo la necesidad de dejar que la historia siga su ritmo, sin acelerar más de lo necesario, de acompañar las escenas de acción con un poco de aire para respirar.

Es un equilibrio que tiene un precio, y ese precio está en la problemática longitud de lo que escribo.

 

Yo no sé cómo me las apaño, pero siempre acabo quedándome corto o pasándome mucho de largo.

Por ejemplo, con Testosterona, la historia que podréis leer a partir del 15 de Marzo, quería escribir o un relato de unas 5000 palabras, o una novelette de unas 20.000.

¿El resultado? Se ha quedado justo entre medias. 10.984 palabras, para ser más exactos.

Y bueno, no está tan mal. Son unas 50 páginas, tal como está maquetado. Aunque es demasiado largo para relato y demasiado corto para novelette, creo que está en el punto medio (¿relatargo? ¿Cortalette?). Lo bastante corto para ser una lectura rápida y entretenida, y lo bastante largo como para meterle un poco de enjundia narrativa y de personajes.

Bueno, ¿y tú qué? ¿Tus historias se quedan cortas o se pasan de largas? ¿No te parece preciosa la palabra enjundia?

¡Nos vemos el jueves, cuando por fin revelaré la chulísima portada de la historia!

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Anuncio: Rendirse…

Como estudiante de psicología tengo el horrible privilegio de entender los procesos de mi cabeza. Y es impresionante lo poco que importa eso cuando uno pasa por algún bache emocional.

La evolución tiene muchas cosas buenas, pero cuando la combinamos con la evolución cultural y tecnológica, cosas que tendrían que ser útiles se convierten en cosas que nos perjudican. Un ejemplo muy claro: En el pasado, paralizarse ante un peligro inminente como un depredador podía evitar que te hiciese daño. Ahora, cuando el peligro inminente es un coche a punto de atropellarte, huir sería algo mucho mejor.

A lo largo de la evolución, la emoción se demostró mucho más poderosa que el razonamiento. El sistema emocional tiene un contrato de exclusividad con nuestro cerebro, y por ello tiene el derecho de opinar sobre algo que nos pasa antes incluso de que el razonamiento se entere de qué está pasando.

En resumen: La emoción tiene el poder de sobrepasar a la razón.

Y conseguir lo contrario es una tarea titánica que no siempre funciona.

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¿Estás perdiendo el tiempo con las fichas de personaje?

Si hay algo que nos falta siempre a las personas que escribimos es tiempo. No nos sobra ni una gota. Es más, ¿qué haces aquí? ¡Deberías estar escribiendo! (Los dos sabemos que no vas a hacerlo ahora mismo de todas formas)

Por eso mismo, hay que revisar nuestro proceso de escritura y eliminar todo lo que sobre.

Y las fichas de personaje sobran.

Para los que no sepan que es una ficha de personaje, es un método para desarrollar los personajes que consiste en rellenar una lista de datos sobre ese personaje. Es algo bastante popular, sobre todo entre los escritores novatos. Una ficha de personaje está bien como una colección de datos sobre un personaje, pero no es algo que nos sirva demasiado bien para conocer a un personaje, y menos aún para manejarlo bien en una historia.

¿Por qué las fichas de personaje suelen ser una pérdida de tiempo?

1. Son muy largas y están llenas de información inútil

Este es un problema de la mayoría de fichas en blanco que podéis encontrar en internet. Están llenas de preguntas que no sirven para nada. Excepto en obras en las que sea importante, que una persona sea zurda o diestra, o aries o capricornio, son datos que no sirven para nada y que no marcan ninguna diferencia en tu personaje.

Se tarda más tiempo en rellenar una ficha de personajes que escribir en un par de líneas cuáles son los momentos de su vida que le han cambiado, la cual es una técnica mucho más rápida y que te ayuda a conocer mejor a tus personajes.

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Una ficha de personaje “completa”

Los datos en bruto no sirven de nada, hay que interpretarlos y que trasladarlos a la obra que vamos a escribir para que de verdad tengan una utilidad. Y aun así, son demasiados datos. Si ya son muchísimos datos para los protagonistas, ni te cuento para los secundarios.

2. No se adaptan a tus necesidades

Las fichas de personajes llenas de preguntas a rellenar que puedes encontrar por internet son demasiado rígidas. La mayoría ni siquiera sirven fuera de un mismo género. Si escoges la del género equivocado te encontrarás escribiendo cual es el arma predilecta de tu protagonista de novela romántica contemporánea.

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“Esta ficha de personaje contemporáneo es perfecta para mi alien de ciencia ficción, ¿ves?”

3. Limitan la propia expresión de nosotros mismos

Una de las peores cosas de las fichas de personajes es que son ellas las que te marcan qué es importante sobre tus personajes. Y esto nos limita, pues una parte de nosotros mismos es lo que nosotros consideramos más o menos importante sobre las personas.

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“¿Limitado yo? ¿No ves que estoy perfectamente?”

Las fichas más habituales refuerzan tópicos, como la importancia del color de ojos y pelo en las descripciones, que directamente hay que eliminar de la escritura. Los ojos y el pelo, o cualquier otro dato, serán cosas relevantes si hay alguna razón para mencionarlas, ya sea por la trama, porque formen parte del mensaje de la obra o de tus intenciones metatextuales (por ejemplo, está genial la inclusión de personajes LGBT+ para normalizar, aunque no tenga ningún efecto en la trama que los personajes sean trans).

4. No te ayudan a tener una comprensión instintiva del personaje

Una serie de datos inconexos no nos ayudan a entender y comprender al personaje. Sin duda, lo más importante a la hora de escribir a un personaje y su comportamiento es tener una idea global de cómo funciona ese personaje. Y una ficha de personaje es, sin duda, uno de los peores métodos para alcanzar ese grado de comprensión.

Sí, claro, puedes racionalizar a tu personaje a partir de los datos de la ficha, pero no hay nada que vaya a funcionarte mejor que tu instinto una vez que entiendes cómo piensa y se comporta el personaje. Si consigues que meterte en su cabeza, incluso cobrará vida propia y tomará sus decisiones sin importarle lo que pienses tú o la trama.

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Tienes que ponerte en sus zapatos

5. La ficha condiciona la historia que vas a contar

Llenas la ficha con muchos datos, y eso ya va a influir en la historia (aunque no te des cuenta, tu cabeza intentará meter la mayor cantidad posible de esos datos en la historia). Los personajes son algo dinámico. A menos que tu capacidad de estructurar la historia vaya hasta organizar de antemano los cambios que sufrirán tus personajes, los personajes cobrarán vida propia según los escribas. Saldrán nuevos datos, nuevas preferencias, los personajes cambiarán y se convertirán en algo muy distinto. Apegarse a la ficha puede reprimir estos cambios, y por experiencia, el instinto es tu mejor aliado a la hora de escribir.

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Una vez que te guía tu instinto, los personajes se escriben solos (The story writes itself, de Lapinbeau)

6. Hay herramientas mucho mejores a tu disposición

Una ficha de personajes es una de las herramientas más pobres con las que puede contar un escritor. Sirve para algunas cosas, por supuesto, si sabes adaptarla a tus necesidades. Yo uso una versión simplificada de la ficha de personaje para tener a mano los datos más importantes (como su nombre completo, y su color de pelo en las historias en las que el color del pelo es importante para la magia), y siempre la relleno según escribo la historia y van apareciendo los datos. ¿Que he escrito algo nuevo sobre el personaje que conviene no olvidar? Lo apunto y ya no se me olvida. Muchos personajes no tienen más de tres datos en su ficha, los que tienen algo más que su nombre completo.

Hay herramientas mucho mejores para construir a los personajes. Una de ellas es transformar las partes más relevantes de la ficha a rellenar en una entrevista al personaje, para que responda por sí mismo. Esto te permite saber qué es lo que piensa el personaje sobre esos datos, y a la vez nos da una muestra de cómo se expresa. Si metes alguna pregunta abierta, sabrás qué es lo que a ese personaje le parece que le falta a la entrevista, y lo que le importa.

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“¡Que no me gusta la tortilla con cebollaaaa!”

Otra herramienta es escribir una escena en primera persona con ese personaje. No importa mucho de qué vaya la escena o si al final ni siquiera la incluyes en lo que estés escribiendo. Es un ejercicio para ponerte en la piel del personaje, de los mejores que hay, y te ayudará a ver las cosas desde su perspectiva de manera instintiva.

7. No hace falta complicarse tanto las cosas

Por último, tienes que plantearte si de verdad hacen falta datos de tus personajes. Sobre todo para historias cortas, solo hay cinco cosas que necesites de verdad, cinco solo, incluso con los personajes principales.

Necesitas saber su deseo o lo que le motiva a actuar, su forma de adaptarse a la denegación de ese deseo, sus vulnerabilidades o fallos, sus secretos, y sus contradicciones. Con tan poquitas cosas puedes tener a un personaje redondo. Y si me apuras, podríamos usar solo dos o tres de estas cinco cosas y salir del paso.

La ficha de personaje puede ser inútil como herramienta para comprender a los personajes, pero es que hay veces en las que ni siquiera hace falta comprender a los personajes. ¿Para qué vas a usar una herramienta, útil o no, si para eso no la necesitas?

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No te pierdas en laberintos si puedes cruzar por el medio (o si eres un fantasma que atraviesa paredes)

Me dejo cosas en el tintero, pero supongo que se entiende lo que quiero decir. Pueden gustarte más o menos las fichas de personaje, y puedes hacerlas (¡no permitas que nadie te lo impida si es lo que quieres!), pero no se puede negar que si lo que quieres es comprender a un personaje, hay métodos mejores y más rápidos.

Muchos escritores se toman demasiado tiempo con las fichas de personaje (¡o con las fichas de su mundo! El worldbuilding se alarga con facilidad) y dejan para más tarde lo importante: escribir la historia. Eso es lo principal. El resto es accesorio.

¡Hasta la semana que viene! No os perdáis la entrada del jueves que viene, ¡que se va a desvelar la sorpresa!

 

La receta para escribir una escena épica

Definir la epicidad es difícil. Es algo complicado de expresar en palabras. ¿Qué significa que algo sea épico? ¿Que es muy grande? ¿Que es único? Sin embargo, no tardamos en reconocer algo épico cuando lo vemos. Se nos llena el pecho de un sentimiento muy poderoso de ilusión, sobrecogimiento, asombro, anticipación y expectación. Sabemos que estamos ante algo muy importante, muy impresionante y que sin duda merece la pena ver… o leer.

Estas cosas son de las que cuando salen solas, salen bien. Como escritores y escritoras, sabemos que las cosas muchas veces no salen a la primera, y mucho menos salen bien.

“¡Pero tengo que escribir una escena épica! ¿Cómo puedo hacerlo cuando la inspiración no está de mi parte?”

¡No temas, pues hoy el lecturonauta resurge de sus cenizas para traerte la receta para una escena épica!

La receta para escribir una escena épica

La verdad es que esta es una receta muy libre y experimental. Aparte de los ingredientes que se van a mencionar, de los cuales solo hay que coger unos pocos, basta con aderezar al gusto y servir.

1. Personajes importantes enfrentados

El primer paso es coger a dos o más personajes importantes de la repisa de arriba. Dependiendo del sabor que queramos dar a la escena, podemos elegir personajes que sean importantes por razones muy diferentes. Pueden ser los mejores espadachines, o los mejores negociadores, o incluso los mejores chefs del mundo. Lo verdaderamente importante está en el conflicto, el enfrentamiento. Uno empuja hacia un lado, y el otro hacia el otro. No tiene por qué ser una pelea como tal, puede ser un conflicto de intereses políticos, una compra de algo, o incluso un juego de seducción. Es muy importante que esos personajes no solo sean importantes para la historia, también tienen que ser importantes para nuestro público.

Pero lo más importante es que exista un conflicto. Un personaje quiere algo, y el otro quiere otra cosa. Y las dos cosas no pueden ser, así que… ¿quién será el que se saldrá con la suya?

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¡Yo tampoco soy zurdo!

En el caso de no tener dos personajes importantes, se puede suplir uno de ellos por un enemigo difícil, ya sea otro personaje, como por ejemplo el malo maloso que ha tiranizado la tierra, o algo más metafísico como la depresión. ¡No tengas miedo de experimentar! Recuerda que en La guía del autoestopista galáctico, el autor convierte la creación de un sándwich en algo épico, ¡así que todo es posible!

2. Hay mucho en juego

El segundo paso es coger una buena cucharada de riesgo y espolvorearla sobre la situación. Lo ideal es coger una pizca de “si pierdes, pasan cosas malas” y otra poquita de “si ganas, pasan cosas buenas”, al gusto. Cuidado, ¡no te pases con las proporciones! Si no, tu escena épica sabrá a exageración.

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¿Qué mejor riesgo que la propia vida?

Hay ocho sabores distintos de riesgo, ¡prueba a ver cuál te gusta más!:

Sabor clásico Si ganas Recibes algo bueno
Sabor amenaza nº1 Si ganas Conservas algo bueno
Sabor salvador Si ganas Evitas algo malo
Sabor curativo Si ganas Te quitan algo malo
Sabor amenaza nº2 Si pierdes Recibes algo malo
Sabor maldito Si pierdes Conservas algo malo
Sabor fracaso Si pierdes No consigues algo bueno
Sabor castigo Si pierdes Te quitan algo bueno

Si eres muy atrevido o atrevida, ¡incluso puedes combinar los sabores para riesgos interesantes! ¿Y si nuestra heroína evita algo malo si gana pero también le quitan algo bueno sin gana? ¡Menudo dilema tendrá encima!

3. La victoria está reñida

Para equilibrar la salsa hay que dejar que se enfríe y que luego hierva, hay que espesarla y luego rebajarla… El enfrentamiento tiene que ir de un lado a otro, ambos contrincantes tienen que ganar terreno y perderlo. Este contraste da equilibrio a la mezcla, permite que ambos se luzcan en el paladar de nuestro lector o lectora. Si solo uno de ellos domina, la salsa quedará descompensada y al final no sabrá bien épico. ¿Qué emoción tiene una batalla en la que solo uno puede competir?

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Al principio parece que va a ganar uno, pero luego parece que va a ganar el otro… la pelea va en las dos direcciones. 

4. “Solo pasa una vez en la vida”

Para darle un toque especial, tienes que buscar algo realmente único. ¿Es la primera vez en toda la historia que los cinco caballeros de los elementos se unen para derrotar al mal? ¿Sellarán la seducción mutua con un beso bajo la estela del cometa Halley? ¿Hay un empate a tres bandas y hay que desempatar? Hay veces que este toque es lo que da forma a toda la épica. Este momento único e irrepetible, como la unión de dos personajes hasta entonces enfrentados, puede ser aquello que perdure en el paladar del lector.

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Shooting stars, de Cherubchan

5. Ingenio

¡Es el momento de deslumbrar a los críticos con tu ingenio y creatividad! Una muestra de ingenio por parte de los personajes puede convertir una escena ordinaria en algo totalmente épico. Hay muchas formas de ser creativo, por lo que solo puedo recitar las tres fórmulas básicas de la creatividad, que tendrás que rellenar con tus propios ingredientes…

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Fórmula 1: Combina dos cosas: ¡La magia de hielo y la magia de fuego pueden crear una nube de vapor, si se usan una después de otra! Combina dos efectos para conseguir un tercer efecto nuevo y distinto.

Fórmula 2: Usa algo fuera de su contexto habitual: ¡La magia ilusoria es entretenida, pero puede ser una gran forma de producir una distracción en medio de un combate!

Fórmula 3: Usa algo de forma distinta a la habitual: Quizás no quieras dispararle a nadie en el espacio exterior, ¡pero puedes usar el impulso del disparo para moverte en ausencia de gravedad!

6. Remontar la derrota al límite

Combina los elementos anteriores para producir un efecto muy sabroso: El lector o lectora piensa que todo está perdido. Esta escena no sabe épica, nuestros protagonistas van a perder… ¡pero en ese momento llega el toque de sabor final que le da la vuelta a las cosas! Justo cuando creía que no le iba a gustar, la escena se convierte en su sabor épico favorito.

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Ilustración de Mark Andrew Smith

¡Cuidado! Aquí es precisamente donde nuestra escena puede desinflarse y reventar como un soufflé mal horneado. Hay que saber de dónde sacar ese elemento nuevo que permitirá que nuestra escena se dé la vuelta. Si nos lo sacamos de la manga, a los lectores no les gustará en absoluto. Lo mejor es que este sabor remontador sea uno de los que ya hemos presentado antes. Quizás le añadamos un toquecito de ingenio para sorprender, que siempre queda bien. Tiene que sentirse parte de nuestro postre desde el principio, no un añadido final para que no se derrumbe.

7. Un buen clímax final

¡Un buen libro es como una buena comida! Primero están los entrantes, que nos preparan y nos abren el estómago. Luego está el sólido plato principal, seguido de un segundo arriesgado. Si todo va bien, el lector ha ido progresando a través de los platos. Primero ha perdido el hambre que ya traía, pero le hemos mantenido comiendo por el sabor. Solo queda endulzar el final con un delicioso postre.

Es muy importante escalar bien las escenas hasta la épica. Si todo va bien, el interés de los lectores irá en aumento, según aumenten los riesgos y lo que está en juego. La escena épica debe ser la guinda del pastel, una fanfarria que marca un final de chuparse los dedos. Para ello, hay que convertir a nuestra escena épica en la resolución de los conflictos principales de la historia que nuestro lector está degustando. Es lo que llevan esperando desde que han empezado a comer, desde que le hemos abierto el apetito. ¡No les defraudemos!

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The Final Battle, de Emo-Hellion

¡Y ya está! Estos son todos los pasos para escribir una buena escena épica. Solo nos falta servir después una escena de vuelta a la calma, como si de licor de frutas se tratase, para que los lectores se vayan con la digestión bien hecha y el estómago en su sitio.


¿Qué te ha parecido esta receta? ¿Digna de una novela de cinco estrellas? No dudes en comentar cómo sazonas tú tus escenas épicas, ¡estoy deseando probarlas!

Oh, y no te olvides de pasarte por aquí el jueves 2 de Marzo, porque voy a hacer un anuncio muy especial.

Cómo protegerse de las ideas irracionales que nos hacen vulnerables a la ansiedad y la depresión

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Las ideas irracionales son creencias que tenemos las personas, y que nos hacen vulnerables a la depresión y a la ansiedad. En muchos casos, estas creencias son la raíz del problema, por lo que algunas de las técnicas clínicas en los casos de ansiedad y depresión se basan en atacar estas creencias.

Quiero compartir con todos vosotros estas creencias, qué tienen de perjudicial, y cómo empezar a eliminarlas de nuestro sistema para protegernos contra ellas. Cuando leas la lista, es posible que te des cuenta de que cumples muchas de ellas. No eres la única persona que marca tantas. Mucha gente que conozco que cumple 7 de 11. No es raro cumplirlas todas. Pero cuantas más cumplas, más vulnerable eres ante la depresión y la ansiedad, y si con este artículo consigo que al menos una persona escape de las garras de la depresión o la ansiedad, habrá merecido la pena cada palabra.

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Los 10 libros de fantasía (y ciencia ficción) que más me han gustado este año 2016

¡Otro año más! Este 2016 ha estado cargado de grandes lecturas (a pesar de que el año en general está resultando un poco bluergh, y lo siento mucho por la parada en el ritmo del blog), tantas que incluso he llegado a 15 libros que se merecen un hueco en este top 10. De esos he quitado Sombras de Identidad (porque Sanderson ya tendría 3 libros en el top) y La gracia de los reyes (sin duda el que menos me ha gustado de los quince, y hay libros que se merecen bombo más que él), y han quedado trece joyas de tres géneros: Fantasía (10), Ciencia ficción (2), y Romanticismo (1). Sin embargo, hay mucha variedad dentro de esta fantasía… ¡Vamos allá!


Menciones especiales

13. La maga y otros cuentos crueles – Elia Barceló

Elia Barceló es una escritora sublime, y lo demuestra por completo en esta antología de relatos. No lo incluyo en el top porque una antología, pero si lo hiciese estaría entre los cinco primeros, sin duda. Podéis ver una narrativa de altísimo nivel en estos relatos suyos. A mí me ha encantado y eso que por lo general rechazo los relatos.

12. Palabras Radiantes – Brandon Sanderson

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No lo incluyo porque es segunda parte de una saga, y porque Sanderson ya tiene otra novela en el top. Pero vamos, El archivo de las tormentas será una saga que será recordada al nivel de El señor de los anillos, así lo predigo.

11. Cumbres borrascosas – Emily Brontë9788490321201

Emily Brontë debe ser la autora que mejor escribe de todas las que he leído. Además es un clásico atemporal. Ponerlo en la lista sería injusto, y no es que Cumbres borrascosas sea un libro desconocido o poco reconocido. Debe ser una de las mejores novelas que he leído jamás. En algún momento de vuestra vida tenéis que leer esta novela, si os gusta aunque sea solo un poco el ser humano. De los personajes mejor construidos jamás escritos.

Y ahora, sin más dilación, vayamos al top 10…

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La muerte de los personajes y sus emociones: El duelo – Colaboración de Antro Narrativo

Es posible que ya conozcáis a Piper Valca, porque tiene un blog muy chulo para escritores llamado Antro NarrativoCuando Piper contactó conmigo no dudé ni por un segundo en cederle un hueco en el blog para que compartiese un poco de su sabiduría con nosotros.

Pero si no le conocéis, aquí podéis acceder a su información de contacto (y ver su larga lista de relatos ganadores y finalistas, este hombre arrasa en los concursos). Sin más dilación, os dejo con sus amplios conocimientos sobre el tema de la muerte, uno que, sin duda, os interesará. Muchísimas gracias, Piper, por un artículo completo e interesante.

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Pues aquí estoy, arriesgando mi escasa reputación para hablar de un tema del cual Guillermo con seguridad me lleva años luz: el análisis de las emociones en el ser humano. Haremos un breve estudio de un reconocido escritor que plasmó las consecuencias de la muerte en sus personajes y daré algunos consejos para que puedas escribir sobre el duelo en tus novelas. Sigue leyendo

Psicología aplicada a la escritura: Cómo entendemos el mundo según crecemos

Si eres de esas personas que cuando alguien dice “Me encanta esta comida” tú saltas “¡Pero si es horrible! ¡Cómo puedes comerte eso!”; o peor, cuando dicen que algo no les gusta tú insistes porque “¡¿Cómo no te va a gustar, si está buenísimo?!”, tengo una mala noticia para ti: Eres una persona inmadura, egocéntrica e intolerante.

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¡Y que sepas que no lo digo a malas!

Pero vamos paso a paso y entenderás perfectamente a lo que me refiero.

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