La fantasía oscura – Colaboración de Jaume Vincent (Excentrya)

(Hoy tenemos con nosotros a Jaume Vincent, el señor del terror al que supongo que ya conoceréis por su blog Excentrya. Yo ya estuve allí hace unas semanas hablando del miedo aprendido y esta semana le toca a él)

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La fantasía oscura, además de una canción de Kayne West, es un género que está muy de moda últimamente. Todo el mundo parece más que dispuesto a introducir elementos de terror en sus novelas o relato de fantasía. Personajes como los hermanos Winchester o El Hombre de Arena de Gaiman, han dado alas a esta mezcla de géneros. Pero…

¿Dónde está la línea entre el terror y la fantasía?

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Jaume Vincent: ¿Qué podemos aprender como escritores de la narrativa de Twin Peaks?

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La narrativa de Twin Peaks: lechuzas, cadáveres y tarta de cereza

Hace poco Guillermo escribió un artículo para mi blog Excentrya, y ahora aquí estoy, tratando de devolver el favor. Tengo que decir, antes de comenzar, que escribir un artículo para un blog como este no es tarea sencilla, Guillermo tiene un toque muy especial, sabe de psicología y lo aplica en cada artículo de forma magistral. Yo voy a intentarlo y a ver qué sale.

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Jaume Vincent es un escritor, copywriter y corrector profesional que trabaja duramente en su blog, Excentrya. Escribe terror y hace poco ha publicado su primera novela: Blackwood, Piel y huesos; para la editorial Pulpture.

Bueno los que me sigan en Excentrya y los que me conozcan sabrán que tengo unas pocas pasiones: escribir, el terror y Twin Peaks. Para mí la serie de Lynch marcó una forma de hacer televisión, series como Lost tienen mucho que agradecer al agente Cooper y a la misteriosa muerte de Laura Palmer. Hoy quiero usar esta mítica serie para señalar algunas técnicas interesantes que podríamos usar en nuestras historias

Un bello cadáver: Mc Guffin

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Durante la primera temporada, la narrativa de Twin Peaks no dista mucho de lo que cabe esperar en un relato de género negro. Los autores, hacen uso de muchas de las herramientas más típicas del género como son los cliffhangers, el red herring o los McGuffin.

El cadáver de Laura Palmer, que es uno de los primeros elementos que introduce la serie, es en realidad un McGuffin, un objeto puesto ahí solo para distraer la atención del espectador y que sirve como mera excusa para desarrollar una historia. Algo así como el maletín de Pulp Fiction o la estatuilla dorada en la que se centra la novela El Halcón Maltés.

El McGuffin, como ya he señalado, es un elemento que hace que los personajes avancen en la trama, pero que carece de relevancia por sí solo. En este es el cadáver de Laura, sobre el que se centra la investigación, pero que no protagoniza la historia, pues sirve para introducir a los personajes y lanzarlos a la historia.

La expresión parece que fue acuñada por Alfred Hitchcock para designar esa excusa argumental que motiva a los personajes y al desarrollo de la historia, pero que no tiene una importancia real por sí mismo. Hitchcock decía que: «En historias de rufianes siempre es el collar y en historias de espías siempre son los documentos». En el libro que escribió Truffaut, El cine según Hitchcock, se lo define así: «Van dos hombres en un tren y uno le dice al otro: “¿Qué es eso que llevas en el paquete?” A lo que el otro responde: “Eso es un McGuffin”. El hombre extrañado pregunta: “Ya, pero, ¿qué es un McGuffin?” A lo que contesta: “Un McGuffin es un aparato para cazar leones en Escocia”. “Pero si en Escocia no hay leones”, espeta el otro. “Pues entonces no es un McGuffin”, contesta él».

El cadáver de Laura Palmer abre la serie, pero no tiene un peso real en la trama, ya que todo el argumento se basará en los personajes del pueblo y, sobre todo, en los dos investigadores.

¡Vaya final!: Cliffhangers

Otro punto fuerte de Twin Peaks son los finales de los capítulos. Cada uno te deja al borde del asiento, siempre con uno de los personajes en peligro o revelando algún secreto importante para la trama.

El término cliffhanger surge de los viejos seriales de los años 40 y 50. En aquella época la gente tenía que ir a los cines para ver películas; uno no iba a ver una película en concreto, uno iba al cine a ver lo que echaran en aquel momento. En aquellos viejos cines casi siempre había sesiones dobles, y entre las dos películas, a modo de entretenimiento, se proyectaban unos seriales. Algunas veces emitían pequeñas caricaturas animadas o noticiarios.

Aquellos seriales emitidos terminaban siempre con el protagonista en una situación de grave riesgo, a punto de perder la vida. El capítulo terminaba aquí y uno tenía que esperar hasta la semana siguiente para conocer el desenlace.

Uno de los seriales más famosos fue “Los Peligros de Pauline” (The perils of Pauline), protagonizada por la famosa actriz Pearl White. La serie era el “no-va-más” de las damiselas en peligro: Pauline era la víctima circunstancial de toda clase de depravados y malvados hombres que buscaban someterla. Al final de cada capítulo, Pauline acababa metida en algún tipo de lío total, siempre con su vida en peligro. La gente siempre regresaba a la semana siguiente para saber cómo Pauline conseguía salvarse.

Una de los peligros a los que Pauline solía enfrentarse con mayor asiduidad era a quedar colgando de un acantilado (Hanging from a cliff), mirando hacia el fondo y las rocas afiladas.

Podríamos definir el término “Cliffhanger” como cualquier momento de tensión o de peligro no resuelto. Dicha tensión puede ser causada por un conflicto exterior o interior. Es una técnica que se suele usar al final de las escenas o al terminar un capítulo, pero jamás al final de una obra, ya que supondría una enorme

De esta forma, Lynch y Frost, cerraban cada capítulo con uno de estos Cliffhangers, dejando a uno de los personajes en situación de vida o muerte, revelando algún secreto terrible o simplemente mostrando algún acontecimiento terrible que estaba a punto de cernirse sobre el pueblo de Twin Peaks.

Cooper y Truman: Dualidad y Metatexto

Lynch nos presenta a dos investigadores completamente distintos: el agente Cooper, que es un elemento caótico —habla solo con su grabadora, para a tomar café, tiene sueños que le revelan información—, intuitivo e irracional y el otro, Harry Truman, un policía tradicional, que hace uso de los métodos racionales y deductivos de la novela policíaca clásica. Sin embargo, en Twin Peaks, resulta que son los métodos menos tradicionales los que consiguen mejores resultados, dando pie a la creación de una ambientación mística e irreal.

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Bad cops, bad cops… whatcha gonna do?

Cooper y Truman, son la personificación de las dos narraciones. El Sheriff representa la parte de novela negra más clásica, pretende seguir una investigación tradicional y siempre sigue pistas empíricas. Cooper, por el contrario, sigue su instinto, se deja llevar por visiones y sueños, al final, sus métodos parecen ser los adecuados.

Cada personaje de Twin Peaks es una moneda. Todos tienen dos caras; la que muestran al mundo cotidiano y otra, la oscura, que muy pocos conoces —aunque en un lugar tan pequeño, todo se acaba por saber, claro—, este es otro de los puntos fuertes de la narrativa de Lynch, es capaz de crear unos personajes humanos y creíbles, y al mismo tiempo, convertirlos en seres extravagantes y retorcidos sin que por ello parezcan menos reales.

Quizá sea el personaje de Laura Palmer el que muestre con mayor fuerza esa dicotomía entre el bien y el mal. Ella es el leitmotiv de la serie, es su muerte la que desencadena todos los hechos narrados, sin embargo, durante la mayor parte de la historia permanece en un limbo de desconocimiento —por eso dije que su cadáver es un McGuffin, pues apenas tiene protagonismo. Cuando empiezan a surgir datos de su personalidad, vemos que guardaba enormes secretos: no era ese angelito que nos creíamos.

Laura es la oscuridad y la luz que lucha por salvarse, en ella encontramos lo peor y lo mejor de la condición humana. Esto podemos verlo en metáforas tan visuales como los ángeles que desaparecen de los cuadros de su habitación —Laura oscura— o con el ángel que se le aparece al final —Laura redimida. Ella es la representación del pueblo en sí.

El enorme elenco de personajes estrambóticos sirve, en primer lugar, como excusa para tener a un pueblo de chalados sospechosos de haber cometido un crimen. Pero, en segundo lugar, sirve como trasfondo para criticar, de forma bastante obvia —todos tienen líos de cama con todos—, los culebrones chuscos de la época.

Tampoco la elección de personalidades excéntricas es aleatoria, gracias a «sus poses» características y exageradas, Lynch juega al despiste, presentando a sus personajes como niños que juegan a hacerse los interesantes. Así los personajes actúan como si supieran que están dentro de una ficción y al mismo tiempo consigue diferenciar a cada personaje: el rebelde, la femme fatale, el niño interior, el introvertido…

Además con semejante elenco de personajes Lynch y Frost crearon una segunda lectura de la serie, que se convertía en un narración metatextual, saltando entre argumentos y personajes. Una de las curiosidades es el culebrón que siguen los personajes de Twin Peaks, Invitation to love, y del que podemos seguir el argumento ya que tendrá su eco en el pueblo y los personajes.

Twin Peaks es una serie compleja que tiene mucho que ofrecer a los escritores, nos podemos sumergir en ella desde muchos puntos de vista y aprender mucho de sus personajes, de su historia y de cómo está contada, podemos sacar mucha información de sus escenas, incluso de sus planos detallados de momentos tan poco importantes, pero tan cargados de significado, como el Audrey cambiándose las zapatillas por los zapatos de tacón al llegar al instituto, que son capaces de ofrecer, de un plumazo, un perfil perfecto del personaje.

El simbolismo: Las lechuzas no son lo que parecen

 

Pero si hay un elemento que distingue a Twin Peaks, es eso que te hace exclamar: ¡¿Pero qué cojones es esto?! Lynch y Frost jugaron en su guión con la simbología, algo que se echa de menos en las narraciones modernas. Gracias a esto y la estética etérea e irreal, se crea un ambiente de fantasía que engancha, pues estás seguro de que siempre hay «algo más».

Uno de los puntos más conocidos de ese mundo onírico o fantástico de Twin Peaks es la Habitación Roja, que muchos confunden con la Logia Negra. Este es un lugar de paso, donde Cooper se encuentra con Laura y con el resto de personajes oníricos como el enano, el gigante o el manco. Lynch presenta este lugar como un punto intermedio entre la realidad y el más allá, una especie de limbo, una habitación que se parece a la sala de espera de una clínica o de una oficina, con sofás y mesas de café.

Las lechuzas tienen un peso importante en la simbología de Twin Peaks, siendo un animal muy presente en las iconografías y mitologías clásicas, en la serie tienen un simbolismo oscuro, siendo el vehículo del mal. Lady Leño es la que advierte a Cooper sobre las lechuzas y asegura que «no son lo que parecen». Ellas están presentes siempre que aparece el mal, son los vehículos de la Logia Negra y cada vez que algo malo sucede, podemos ver una.

La madera es otro de los símbolos de Twin Peaks que, al fin y al cabo, es un pueblo maderero. Lynch hace uso de este símbolo en muchas de obras como en Blue Velvet. En algunas escenas es un simple referente a Vértigo, de Hitchcock. En otras la madera tiene distintos significados, como cuando aparece el cadáver de Laura, expuesto junto al enorme tronco de una secuoya, que lo empequeñece, la madera es una representación gráfica de la muerte.

Twin Peaks en general ofrece un microcosmos potente y estrafalario que nos llevará a perdernos en la maraña de historias secundarias, de personajes y de situaciones. En su tiempo estuvo repleto de trasgresiones narrativas y de elementos chocantes y extraños que hoy en día se han incorporado a la narrativa de ficción —y de televisión— con cierta naturalidad.

Tanto si la has visto, como si no, Twin Peaks esconde muchos secretos, herramientas que un escritor puede usar y debe conocer.

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