Reseña – El muro de las tormentas, de Ken Liu – ¿La mejor novela fantástica de ciencia ficción?

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El muro de las tormentas es la segunda novela de La Dinastía del Diente de León, de Ken Liu. Y siendo una novela de fantasía épica, se las apaña para ser una de las mejores novelas de ciencia ficción que he leído.

Y es que Ken Liu ha conseguido asombrarme en aquellos apartados que usamos para definir a la ciencia ficción.

Pero antes de saltar a la parte de la ciencia ficción, vamos a hablar de la fantasía épica. Es la segunda parte, y el primer libro, “La Gracia de los reyes”, fue una historia que me gustó bastante. Una épica bélica que se me hizo un poco densa por las tremendas partes de explicaciones resumidas de lo que ha pasado en comparación con las escasas escenas en las que vemos cómo se desarrollan los acontecimientos de verdad; pero que estaba llena de ingenio tanto dentro de la historia como fuera de la misma. Las aeronaves de seda, los submarinos, las cometas de guerra, hacen que la historia merezca la etiqueta “Silkpunk” o Seda-punk; mientras que la historia de China bien entretejida en esta épica da un toque fresco para todas las personas que solo hayamos visto este tipo de épicas inspiradas en occidente.

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Tengo entendido de que este hombre es majísimo, y es que leyéndole solo puedo creérmelo. En los agradecimientos parece un cacho de pan puro e inocente. Ojalá conocerle. 

Los mayores problemas que tuve con La Gracia de los reyes se resolvió por completo en esta segunda entrega, en la que vemos como Ken Liu ha mejorado notablemente su narrativa, además de llenar la historia de escenas en las que vemos cómo la historia se hace, en vez de escuchar cómo se ha hecho. Incluso en esas escenas de resumen de lo que ha pasado, parece que su estilo es más fluido, las explicaciones complejas se ha vuelto más asequibles (lo cual es complicado, teniendo en cuenta el salto tecnológico de una novela a otra), y sus salpicaduras de poesía son mucho más manejables (es una pena que no podamos leer los originales, seguro que en chino o en inglés suenan genial, pero es lo que tiene la traducción de la poética).

También es más fácil seguir el ritmo a la enorme cantidad de personajes involucrados. Yo suelo tener mala memoria para los nombres (siempre leo Gin Matozi en vez de Gin Mazoti, o Thun Caracono en vez de Than Carucono… aunque claro, ¡Caracono! Je), pero entre que utiliza muchísimos personajes del libro anterior y los refresca en nuestra memoria con maestría y que presenta de manera maravillosa a los nuevos, hace que seguir quién es quien sea sencillísimo sin necesidad de genealogías ni apéndices (los cuales, creo recordar que incluye).

La fantasía está presente de nuevo en la figura de los dioses y de criaturas que desconocíamos en el primer libro, pero la propia novela sienta las bases de lo que quiere hacer con una frase que repite casi como un mantra: “El universo es cognoscible”. Sigue leyendo

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