5 Ideas para novelas fantásticas que me gustaría leer

El que diga que en la fantasía ya está todo escrito, miente. En la fantasía no hemos escrito ni el 10% de todo lo que se puede escribir. Y yo solo tengo dos manos y un teclado, así que espero que todos y todas os pongáis, porque ese 90% restante no se va a conquistar solo.

Aquí suelto cinco ideas que podrían dar para cinco novelas que yo me moriría por leer. ¡Hay que ponerse las pilas!

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1: Los elegidos no están precisamente en la flor de la vida. 

Los elegidos siempre son jóvenes y apuestos y blablablá, pero de esos ya hemos visto bastantes. ¡Yo quiero un grupo de elegidos que ya tengan cuarenta tacos, hayan hecho sus vidas y a los que la idea de salvar el mundo les da un poquillo de pereza, todo sea dicho! Podemos mejorarlo y hacer unos aventureros de geriátrico que no están para estos trotes, pero alguien tendrá que salvar el mundo, ¿no?

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Una de las reglas de la fantasía es que si es gracioso, es muy probable que Pratchett ya lo haya escrito antes. En este caso, tenemos El último héroe, que protagonizan estos majos señores.

¿Por qué me gusta esta idea?

Dos razones: La adultez y la vejez apenas se tratan en la novela fantástica, y aparte de que la sola idea de que sean adultos o ancianos cambia muchas cosas, lo principal es que serán personajes bien definidos por su pasado y sus experiencias. Yo me subo a cualquier tren que me dé buenos personajes.

2: Alguien inventa un hechizo capaz de calcular y estalla el boom de los ordenadores con magia

Porque sí, tirar bolas de fuego e invocar demonios mola, pero un sistema capaz de sumar, restar, multiplicar y dividir… Las posibilidades son infinitas. ¿Cómo reaccionaría una sociedad arcana al invento de las calculadoras? ¿Y de los móviles? Ya solo la capacidad de almacenar y manipular información es una locura.

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Algo como esto molaría.

¿Por qué me gusta esta idea? 

Internet mágico. No digo más. Bueno, sí digo más. Molaría ver cómo se desarrolla una sociedad tecnológicamente muy atrasada ante un invento como éste.

3: Usar la magia para atravesar la última frontera

Es sorprendente lo desaprovechada que está la magia. Con un poco de imaginación podríamos hacer cualquier cosa. Modificar un barco para surcar los cielos, y cuando eso se quede pequeño, que navegue entre las estrellas. Una space opera totalmente mágica molaría un montón.

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Que tenga forma de barco no es imprescindible pero da puntos.

¿Por qué me gusta esta idea? 

No es que me vayan mucho las space opera, pero es una idea que tiene muchas posibilidades. Y quizás ya haya historias con magia de portales para viajar a otros planetas, pero eso no es lo que quiero, yo quiero ver cómo retuerces la magia para preparar un barco para soportar el vacío, las temperaturas, cómo juegas alrededor de los requerimientos necesarios para hacer un viaje de años luz sin tener que gastar media vida en él. Se podría hacer una buena ficción especulativa con este tipo de fantasía.

4: Cartografiando un mundo de ensueño

Los primeros pasos en nuevo mundo siempre son emocionantes. ¿Qué encontraremos? ¿Cómo lo llamaremos? Exploradores y pioneros, primeros en entrar a ese mundo y lo bastante locos como para quedarse a vivir allí. ¿Cómo se adaptarán? ¿Encontrarán resistencia? ¿Qué hay un poco más allá, hacia el este? Habrá que descubrirlo, a la vez que los protagonistas.

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¿Qué clase de pájaro es este?

¿Por qué me gusta esta idea? 

Explorar mola, y explorar un mundo fantástico mola más, pero normalmente cuando lo hacemos son lugares en los que otros han estado, vemos ruinas de civilizaciones antiguas, vemos los estragos de una guerra… Vemos cosas que han pasado, normalmente con un guía que las explica (si no lo hace el narrador, iugh). Pero no vemos lugares en los que nadie ha pisado jamás, ni vemos cómo se escribe la historia de esa civilización antigua. Yo no quiero que me cuenten un lugar, quiero descubrirlo con la misma fascinación con la que lo descubren los personajes, al mismo tiempo que ellos.

5: La psique de personajes no humanos

Estoy seguro de que este será un tema recurrente en mis futuras novelas y relatos, pero es que es fascinante meterse en la cabeza de seres que no han pasado por las mismas experiencias que nosotros, seres que ven el mundo de forma muy diferente.

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Los relatos de Magic durante la revuelta de éter nos bendijeron con Yahenni y sus congéneres etergénitos, seres que viven solo unos pocos años, no tienen género ni sexo (ya que están formados de éter), viven para pasarlo bien el tiempo que tienen de vida, y algunos tienen el poder de alargar su vida extrayendo la de los demás. Yahenni mola mucho.

¿Por qué me gusta esta idea? 

Será por mi gusto por la psicología y los personajes, pero es que hay personajes fascinantes que aún no se han escrito. ¿Cómo ve la idea de género un ser que puede cambiar de cuerpo? ¿Cómo es la vida de un elemental? ¿En qué piensa un gólem cuando se aburre? ¿Cómo ve la vida una espada mágica? ¿Cómo crecen los dioses? Quiero conocer a estos personajes, y quiero que sean interesantes por sí solos. Los quiero ver como protagonistas de sus propias historias, con sus inquietudes, sus miedos y sus deseos. Aunque sean extraños de comprender.

¿Qué idea crees que me he dejado en el tintero? ¡No te olvides de ponérmela en los comentarios!


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Por qué no me gusta el recurso de “El viaje” en las novelas fantásticas

El viaje es una de las convenciones narrativas más antiguas de la historia. Ya sea en el Quijote, o en Viaje al Oeste, o en cualquier novela fantástica de tres al cuarto, es fácil encontrar que la historia de la novela gira en torno al camino que hay entre el punto A y el punto B.

Y a ver, no nos confundamos, esto no es que sea malo por sí solo, pero a mí es algo que no me suele gustar demasiado, y te voy a decir exactamente por qué. Hoy no nos andamos con introducciones y entramos directamente al meollo de la cuestión.

1: Tener un “objetivo final” perjudica la progresión de la trama.

A ver, esto no es fácil de explicar y además suena contraintuitivo. ¿Por qué tener un objetivo final perjudicaría la progresión? Y más aún cuando cualquier paso que se da es un paso que nos acerca más al final. Si lo piensas, debería ser justo al contrario. Seguir leyendo

Anuncio: Rendirse…

Como estudiante de psicología tengo el horrible privilegio de entender los procesos de mi cabeza. Y es impresionante lo poco que importa eso cuando uno pasa por algún bache emocional.

La evolución tiene muchas cosas buenas, pero cuando la combinamos con la evolución cultural y tecnológica, cosas que tendrían que ser útiles se convierten en cosas que nos perjudican. Un ejemplo muy claro: En el pasado, paralizarse ante un peligro inminente como un depredador podía evitar que te hiciese daño. Ahora, cuando el peligro inminente es un coche a punto de atropellarte, huir sería algo mucho mejor.

A lo largo de la evolución, la emoción se demostró mucho más poderosa que el razonamiento. El sistema emocional tiene un contrato de exclusividad con nuestro cerebro, y por ello tiene el derecho de opinar sobre algo que nos pasa antes incluso de que el razonamiento se entere de qué está pasando.

En resumen: La emoción tiene el poder de sobrepasar a la razón.

Y conseguir lo contrario es una tarea titánica que no siempre funciona.

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Hace unas semanas hice un hilo bastante deprimente en twitter, sobre lo mucho que envidiaba a todas aquellas personas que tenían éxito y publicaban con una editorial, lo mal que me sentía algunos días por sentir que no estaba llegando a ninguna parte… Y llegué al punto de decir que mi escritura no valía nada, que la autopublicación era rendirse y aceptar el fracaso, y más cosas por el estilo.

Cuando creamos, es normal tener miedo. Una pequeña lista de miedos a los que nos enfrentamos a la hora de escribir, o publicar, o incluso solo mostrar lo que nos sale de dentro:

  1. ¿Y qué dirán o pensarán sobre mí?
  2. No voy a gustarle a nadie, todos van a odiarme…
  3. ¡No está bien escrito!
  4. Soy una farsa, la gente se cree que soy mejor de lo que realmente soy…
  5. ¡Ya hay mucho escrito sobre esto! ¿Por qué iba a alguien a interesarse en lo mío?
  6. ¡Nadie más ha escrito sobre esto! Será porque es una mala idea que no le interesa a nadie…
  7. ¡Es demasiado distinto a lo habitual, es muy arriesgado!
  8. Lo que yo haga no le importa a nadie…

Es normal tener miedo, pero no podemos dejarnos doblegar por él.

¿Qué hacer?

Hay que imponer a la razón sobre la emoción.

1: ¿Y qué dirán o pensarán sobre mí?

Si muestras tu trabajo, no puedes evitar que la gente piense o diga cosas sobre ello. La gente te va a juzgar, hagas lo que hagas. Esto hay que aceptarlo.

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“¿Has visto a ése? ¡Qué pringao! Usa la primera persona en lugar de la tercera…”

Sin embargo, hay un matiz importante cuando hablamos de mostrar una obra que tenga algún tipo de polémica. Ya sea por cuestiones políticas, por opiniones, o por… TÓRRIDAS ESCENAS DE SEXO, es muy habitual preguntarnos qué es lo que pensarán de nosotros al leer esto. ¿Qué dirán nuestros padres al ver como estos dos hombres de cuerpo escultural se envuelven en un fogoso abrazo de pasión desmedida?

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Este Bryan sabe de lo que hablo. (Podéis leer esta breve joya aquí)

Aquí yo solo puedo dar un consejo: Muestra aquello por lo que no te avergonzaría ser reconocido. Aparte de la incertidumbre inicial, yo no tengo ningún problema con que se me reconozca por mis escenas de sexo, ya que intento que sea un sexo sano y consensual (no siempre puede ser seguro en las historias, ¡pero si en vuestro universo existe, usad algún método de barrera como los preservativos!). Lo mismo puede pasar con mis ideas políticas, de género…

Hay que mostrar aquello de lo que estamos hechos, siempre que sea algo de lo que estemos orgullosos de ser (y hay que estar abiertos a la autocrítica, uno puede estar muy orgulloso de ser nazi pero igual que tienes derecho a decirlo, el resto del mundo el mismo derecho a decirte que eres un monstruo por desear que otras personas sufran solo por ser lo que son. En ese caso tienes que pensar en que a lo mejor el resto del mundo tiene razón (Nota: tienen razón)).

2: No voy a gustarle a nadie, todos van a odiarme…

Este miedo es uno de los más habituales… ¡Pero recuerda, tenemos que guiarnos por la razón, no por la emoción! Aunque sea habitual, es un miedo que no tiene ningún sentido. Siempre que aparezcan las palabras “nadie” o “todos”, estamos ante una creencia irracional, como ya expliqué en este artículo. Y esta es una creencia muy ilógica: No se le puede gustar a todo el mundo, y es imposible que todo el mundo te odie. Incluso las personas más odiadas de la humanidad tienen a sus partidarios.

Respecto a lo de gustarle a todo el mundo, si lo pensamos bien, ni siquiera es algo necesario. Lo importante es gustarle a tu público objetivo. Tu público objetivo es ese grupo de personas con unas características concretas (edad, intereses, experiencias, género, etc…) a las que va dirigida tu obra. Ni siquiera tienes por qué gustarle a todo tu público objetivo, aunque tu obra tendría que tener uno. Tu público objetivo puedes ser tú mismo o tú misma (como es mi caso).

Dependiendo de cómo trabajes, lo normal es que no muestres tu historia al mundo hasta que sabes que le va a gustar a una porción de tu público objetivo (para eso están los lectores y lectoras beta), así que si no le gusta a tu público objetivo, es que todavía te queda trabajo por hacer y no es el momento de mostrar tu obra.

3: ¡No está bien escrito!

Vale, de acuerdo, este es un miedo legítimo. Sin embargo, es un miedo contra el que se puede hacer algo. Revisa y edita tu texto. Contrata a una persona que trabaje de correctora, si puedes permitírtelo.

Vale, ya está, revisado una vez más. Te has dejado los ojos de tanto revisar. Y… sigues pensando que no está bien escrito.

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“¡No está bien escrito!” Y la de atrás con cara de “¿PERO QUÉ HACES, LOCA, SI ES GENIAL?”

Esta inseguridad también es muy habitual. Nuestro ojo crítico siempre estará por encima de nuestras habilidades actuales. Puedes ver que algo está mal, pero no tienes la habilidad para corregirlo.

Mira, aquí no queda otra que resignarse: Has hecho todo lo que has podido. Nunca será perfecto. Pero así está bien y así es como debe ser. Si te quedas revisando, jamás lo mostrarás al mundo. Haz de tripas corazón y acéptalo, porque esto es inevitable y hasta los mejores escritores y escritoras piensan que siempre hay algo que se puede mejorar. Pero cuando lo mejores encontrarás otra cosa, y otra cosa… Hay que saber cuándo decir adiós al texto y lanzarlo al mundo tal como está, con los posibles errores que pueda tener.

4: Soy una farsa, la gente se cree que soy mejor de lo que realmente soy…

Esto es tan habitual que hasta tiene un nombre: Síndrome del impostor. Y está muy relacionado con el punto anterior: Nuestro ojo crítico siempre estará por encima de nuestra habilidad. Y claro, nosotros vemos nuestros fallos y los magnificamos, cuando otras personas ven nuestra habilidad y se asombran por lo que podemos hacer. Creemos que somos peores de lo que realmente somos.

El síndrome del impostor puede salir por muchas razones. Por ejemplo, cuando se consigue un gran éxito de la noche a la mañana, o en poco tiempo. Cuando una persona se convierte en alguien importante dentro de un mundillo sin darse cuenta, y el resto de personas vienen en busca de consejos, o idolatrándola, es muy habitual sentir que no se merece lo que se ha conseguido, y que el mundo busca consejo en nosotros cuando somos los que más perdidos estamos.

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Un grafiquito. A la izquierda, cómo de bueno te crees, y abajo, cómo de bueno eres. El efecto Dunning-Kruger es lo contrario: creer que somos geniales y cuando no sabemos hacer la o con un canuto.

Es difícil escapar de las garras del síndrome del impostor. A veces es imposible. La razón no siempre puede vencer a la emoción.

Pero a veces podemos encontrar datos objetivos. En la escritura hay mucha subjetividad, pero en algunas cuestiones podemos encontrar un poco de objetividad. La habilidad técnica es algo que no se puede ignorar como algo subjetivo. La constancia, los logros, eso está ahí, y es una prueba de que hemos hecho algo. Para derrotar al síndrome del impostor estos pueden ser unos buenos aliados.

5: ¡Ya hay mucho escrito sobre esto! ¿Por qué iba a alguien a interesarse en lo mío?

Esta es una de las mayores muestras de que no somos racionales.

Si hay mucho escrito sobre un tema, es porque a la gente le interesa ese tema. Y si a la gente le interesa ese tema, le va a interesar lo tuyo.

Ahora bien, hay un miedo agazapado aquí detrás. Si hay tanta competencia, ¿por qué iban a elegirme a mí entre el resto de alternativas? Y es un miedo legítimo, porque esta es una pregunta que hay que hacerse seriamente.

¿Qué les aportas tú que no les esté aportando nadie más? Cuando halles la respuesta a esta pregunta, sabrás por qué alguien va a interesarse por lo tuyo.

6: ¡Nadie más ha escrito sobre esto! Será porque es una mala idea que no le interesa a nadie…

Este es otro miedo legítimo. Sí, es posible que no haya nadie más que haya escrito sobre eso porque no es un tema que le interese a alguien.

Sin embargo, esta soledad puede ser tu gran aliada. No hay nadie compitiendo en tu terreno. Toda la gente interesada en ese tema está tirándose de los pelos porque nadie escribe sobre eso. De primeras, ya tienes a un grupo de personas con necesidad de lo que tú escribes. Eso es un buen público objetivo.

Mucha gente está ya harta de lo estancada que está la literatura, sobre todo en ramas tan “imaginativas” como pueden ser la fantasía y la ciencia ficción. Ofrécenos algo nuevo, diferente, y como mínimo te aseguro que le echaremos un vistazo.

Y si todo eso falla… no pierdas la esperanza. Si nos lo presentas con entusiasmo, de manera entretenida, puedes conseguir que nos interesemos por algo nuevo y que desconocemos por completo. El mejor ejemplo de esto, en los años recientes, sería el anime Yuri on Ice!!!, que ha conseguido que un montón de personas miren el patinaje artístico con otros ojos.

Ser una persona que ofrece algo único es… único. No dejes que eso te desanime, deja que sea aquello que te da alas.

7: ¡Es demasiado distinto a lo habitual, es muy arriesgado!

Esto puede no ser cierto, puede que solo estés exagerando sobre lo arriesgado que es… por ejemplo, escribir una historia en segunda persona, o usar el femenino plural como inclusivo. Ya se ha hecho varias veces, y aunque fueron jugadas arriesgadas en su tiempo, son herramientas que podemos usar perfectamente, siempre que sepamos cómo.

Pero a veces tienes razón. A veces tomamos decisiones arriesgadas. Rompemos con las normas establecidas. Hacemos algo que no se ha hecho nunca, algo que, si no conseguimos mantenernos en equilibrio sobre la fina línea de la catástrofe y el éxito, nos hará caer en el lado malo. Y por supuesto, nos da miedo, porque no sabemos si cuando nuestra obra salga fuera, caerá del lado del éxito o de la catástrofe.

Sí, es muy arriesgado. Pero sin riesgo, no hay recompensa.

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Las personas detrás del juego Horizon: Zero Dawn sabían que hacer que su protagonista fuese una chica normal no sexualizada era un movimiento que se consideraría arriesgado dentro de la industria. Ya se está ganando odio de los machistas que la tildan de fea, pero es uno de los juegos que me muero por jugar (yo, y miles de chicas que agradecen una protagonista con la que identificarse).

A veces nos caeremos, pero otras veces triunfaremos. Y lo mejor es que si nos caemos, siempre podemos volver a levantarnos. Tenemos los lectores beta para hacer la prueba, y si vemos que es un fracaso absoluto, podemos reconstruirlo antes de lanzarlo de verdad al mundo.

Es importante valorar los riesgos, y es importante saber cuándo podemos ser atrevidos. Aquí cada cual decide si quiere o no correr esos riesgos, pero si lo único que te echa atrás es el riesgo de ser demasiado atrevido o atrevida, demasiado experimental… te estás dejando arrastrar por la emoción. Acepta las posibles consecuencias si todo sale mal, y lánzate a la piscina.

8: Lo que yo haga no le importa a nadie…

Si no le importa a nadie, ¿qué es lo peor que puede pasar? ¿Qué alguien lo encuentre y le empiece a importar?

Al principio, cuando empezamos, no le importamos a casi nadie. A veces, ni siquiera la familia o amigos están ahí. Os lo digo por experiencia: Cuando empecé, en mi entorno más cercano no le importaba a nadie lo que escribiera. Solo un par de amigos de entonces me han leído (y con un par, me refiero literalmente a 2). Cuando empecé este blog, por supuesto que tampoco le importaba mucho a mi entorno. No había nadie que escribiese, y mucho menos personas interesadas en el mismo tipo de libros que yo. Pero bueno, yo seguí.

Y aquí estamos. Hace casi ya 2 años no le importaba a nadie. Hoy…

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El viernes pasado estuve en la presentación de Rojo y Oro, de Iria y Selene (mi reseña aquí), y tuve dos muestras de que realmente yo le importaba a la gente. La primera vino de mano de Aruv Lightwood (Enlace a su blog), que me dijo que soy más conocido por el mundillo de lo que me creo realmente. El segundo, es que por primera vez en estos dos años, una persona a la que no conocía de nada, ha venido a saludarme porque me sigue (fue un detallazo, Santiago) y dice que le gusta lo que hago.

Aunque no lo creamos, sí que hay gente a la que le importa lo que hacemos. Otra vez, la emoción intenta hundirnos, decirnos que no valemos para nada y que lo que hacemos no le importa a nadie. Pero normalmente no es verdad, y cuando es verdad, solo lo es de manera temporal. Es normal que al principio no nos conozcan. Y eso se arregla enviando material al mundo, conectando con la gente a la que le interesa lo que contamos y escribimos.

Estas son las pocas claves que puedo daros para combatir la emoción con la razón.

En muchos casos, la emoción no se puede suprimir, y la razón no basta para sobreponerse. En mi última recaída, ya sabía que la sinceridad de las personas que me aprecian no bastaba. No importaba lo mucho que me dijesen que lo que hago es genial y que merece la pena. Mi desesperanza no atendía a razones. No le importa en absoluto lo que le digan. Rechazará todas las pruebas en su contra, y tomará como válido cualquier pequeño argumento a favor. La emoción es escéptica de todo lo que no vaya acorde con sus ideas.

Esos sentimientos no desaparecen con la experiencia, ni con los éxitos. Autores y autoras con muchos logros a sus espaldas sienten lo mismo que tú, esa inseguridad y ese miedo que intenta atenazarnos desde dentro. Y cuando la razón no es suficiente, cuando la emoción jamás va a marcharse de nuestro lado, ¿qué nos queda por hacer?

Actuar como si no existiese. No permitir que forme parte de nuestras decisiones. No hay que ignorarla, pero tampoco hay que dejar que se adueñe de nosotros.

Yo también tengo muchos de estos pensamientos, pero intento que no me afecten.

Uno en concreto está clavado en lo más profundo de mi ser. Sigue ahí, con sus zarcillos tóxicos enredados en mis entrañas.

Si no te publica una editorial grande, no mereces la pena.

Me gustaría decir que después de todo lo que he aprendido ya no pienso así, pero sería mentira. Por mucho que la razón (y la experiencia de otras personas) me diga que no, que la editorial no significa nada a nivel de calidad y solo es un factor en temas de distribución, en mi fuero interno sigo pensándolo, aunque a veces no me dé cuenta. Porque intento alcanzar esas editoriales grandes, porque miro a las pequeñas con decepción. Aunque no lo diga con palabras ni lo piense, mi conducta me asegura que eso es lo que pienso.

Me importa más ser aceptado por una editorial que ser aceptado por la gente que de verdad me lea.

(Joder, cómo ha dolido poner eso en palabras).

Pienso que si no publico con una editorial grande, seré un fracaso.

La autoedición es rendirse

La autoedición es la última salida de aquellos que no lo consiguen. Rechazados por las editoriales, su última opción es subir su libro a una plataforma, imprimirlo por su cuenta, con su propio dinero.

Esta es la parte que más me duele de todo. Toda mi vida he crecido oyendo que el trabajo de un escritor es escribir, que es la editorial la que tiene que encargarse de la maquetación, portada, distribución, márketing… y que todo eso tiene que salir de su bolsillo, no del nuestro.

Soy un estudiante sin más fuente de ingreso que el dinero de las becas. Autoeditar no solo se sentiría como un fracaso para mi tóxica parte emocional que quiere con locura una editorial, sino que además supone un esfuerzo económico que en mi fuero interno pienso que no tendría que salir de mi parte. No solo es un fracaso y una ruina a todos los niveles, sino que siento que ESTÁ MAL. Es algo incorrecto.

Y la razón me dice que todo esto es mentira, que son estupideces y mitos que he adoptado sin darme cuenta. La realidad me muestra que la autoedición bien hecha es una tarea titánica y que tiene mucho más mérito que publicar con una editorial. Las editoriales no son tan brillantes y deslumbrantes como mi cerebro piensa, hay problemas internos, no tienes control sobre muchas cosas, y es un mundo complicado en el que muchas veces intentarán aprovecharse de ti o de tu obra. Sigue siendo una opción, si sabes elegir bien la editorial y estás atento a las posibles trampas y roces, pero no es el triunfo épico que en mi interior creo que es.

Por eso he hecho caso de mi propio consejo, y he actuado como si estas emociones, estos miedos e inseguridades no existiesen. Yo, el que solo siente que las editoriales son el éxito y la autoedición es rendirse…

  • Voy a autopublicar una historia corta en digital.

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Si no podéis con la emoción, actuad como si no existiera. Funciona.

¿Estás perdiendo el tiempo con las fichas de personaje?

Si hay algo que nos falta siempre a las personas que escribimos es tiempo. No nos sobra ni una gota. Es más, ¿qué haces aquí? ¡Deberías estar escribiendo! (Los dos sabemos que no vas a hacerlo ahora mismo de todas formas)

Por eso mismo, hay que revisar nuestro proceso de escritura y eliminar todo lo que sobre.

Y las fichas de personaje sobran.

Para los que no sepan que es una ficha de personaje, es un método para desarrollar los personajes que consiste en rellenar una lista de datos sobre ese personaje. Es algo bastante popular, sobre todo entre los escritores novatos. Una ficha de personaje está bien como una colección de datos sobre un personaje, pero no es algo que nos sirva demasiado bien para conocer a un personaje, y menos aún para manejarlo bien en una historia.

¿Por qué las fichas de personaje suelen ser una pérdida de tiempo?

1. Son muy largas y están llenas de información inútil

Este es un problema de la mayoría de fichas en blanco que podéis encontrar en internet. Están llenas de preguntas que no sirven para nada. Excepto en obras en las que sea importante, que una persona sea zurda o diestra, o aries o capricornio, son datos que no sirven para nada y que no marcan ninguna diferencia en tu personaje.

Se tarda más tiempo en rellenar una ficha de personajes que escribir en un par de líneas cuáles son los momentos de su vida que le han cambiado, la cual es una técnica mucho más rápida y que te ayuda a conocer mejor a tus personajes.

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Una ficha de personaje “completa”

Los datos en bruto no sirven de nada, hay que interpretarlos y que trasladarlos a la obra que vamos a escribir para que de verdad tengan una utilidad. Y aun así, son demasiados datos. Si ya son muchísimos datos para los protagonistas, ni te cuento para los secundarios.

2. No se adaptan a tus necesidades

Las fichas de personajes llenas de preguntas a rellenar que puedes encontrar por internet son demasiado rígidas. La mayoría ni siquiera sirven fuera de un mismo género. Si escoges la del género equivocado te encontrarás escribiendo cual es el arma predilecta de tu protagonista de novela romántica contemporánea.

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“Esta ficha de personaje contemporáneo es perfecta para mi alien de ciencia ficción, ¿ves?”

3. Limitan la propia expresión de nosotros mismos

Una de las peores cosas de las fichas de personajes es que son ellas las que te marcan qué es importante sobre tus personajes. Y esto nos limita, pues una parte de nosotros mismos es lo que nosotros consideramos más o menos importante sobre las personas.

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“¿Limitado yo? ¿No ves que estoy perfectamente?”

Las fichas más habituales refuerzan tópicos, como la importancia del color de ojos y pelo en las descripciones, que directamente hay que eliminar de la escritura. Los ojos y el pelo, o cualquier otro dato, serán cosas relevantes si hay alguna razón para mencionarlas, ya sea por la trama, porque formen parte del mensaje de la obra o de tus intenciones metatextuales (por ejemplo, está genial la inclusión de personajes LGBT+ para normalizar, aunque no tenga ningún efecto en la trama que los personajes sean trans).

4. No te ayudan a tener una comprensión instintiva del personaje

Una serie de datos inconexos no nos ayudan a entender y comprender al personaje. Sin duda, lo más importante a la hora de escribir a un personaje y su comportamiento es tener una idea global de cómo funciona ese personaje. Y una ficha de personaje es, sin duda, uno de los peores métodos para alcanzar ese grado de comprensión.

Sí, claro, puedes racionalizar a tu personaje a partir de los datos de la ficha, pero no hay nada que vaya a funcionarte mejor que tu instinto una vez que entiendes cómo piensa y se comporta el personaje. Si consigues que meterte en su cabeza, incluso cobrará vida propia y tomará sus decisiones sin importarle lo que pienses tú o la trama.

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Tienes que ponerte en sus zapatos

5. La ficha condiciona la historia que vas a contar

Llenas la ficha con muchos datos, y eso ya va a influir en la historia (aunque no te des cuenta, tu cabeza intentará meter la mayor cantidad posible de esos datos en la historia). Los personajes son algo dinámico. A menos que tu capacidad de estructurar la historia vaya hasta organizar de antemano los cambios que sufrirán tus personajes, los personajes cobrarán vida propia según los escribas. Saldrán nuevos datos, nuevas preferencias, los personajes cambiarán y se convertirán en algo muy distinto. Apegarse a la ficha puede reprimir estos cambios, y por experiencia, el instinto es tu mejor aliado a la hora de escribir.

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Una vez que te guía tu instinto, los personajes se escriben solos (The story writes itself, de Lapinbeau)

6. Hay herramientas mucho mejores a tu disposición

Una ficha de personajes es una de las herramientas más pobres con las que puede contar un escritor. Sirve para algunas cosas, por supuesto, si sabes adaptarla a tus necesidades. Yo uso una versión simplificada de la ficha de personaje para tener a mano los datos más importantes (como su nombre completo, y su color de pelo en las historias en las que el color del pelo es importante para la magia), y siempre la relleno según escribo la historia y van apareciendo los datos. ¿Que he escrito algo nuevo sobre el personaje que conviene no olvidar? Lo apunto y ya no se me olvida. Muchos personajes no tienen más de tres datos en su ficha, los que tienen algo más que su nombre completo.

Hay herramientas mucho mejores para construir a los personajes. Una de ellas es transformar las partes más relevantes de la ficha a rellenar en una entrevista al personaje, para que responda por sí mismo. Esto te permite saber qué es lo que piensa el personaje sobre esos datos, y a la vez nos da una muestra de cómo se expresa. Si metes alguna pregunta abierta, sabrás qué es lo que a ese personaje le parece que le falta a la entrevista, y lo que le importa.

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“¡Que no me gusta la tortilla con cebollaaaa!”

Otra herramienta es escribir una escena en primera persona con ese personaje. No importa mucho de qué vaya la escena o si al final ni siquiera la incluyes en lo que estés escribiendo. Es un ejercicio para ponerte en la piel del personaje, de los mejores que hay, y te ayudará a ver las cosas desde su perspectiva de manera instintiva.

7. No hace falta complicarse tanto las cosas

Por último, tienes que plantearte si de verdad hacen falta datos de tus personajes. Sobre todo para historias cortas, solo hay cinco cosas que necesites de verdad, cinco solo, incluso con los personajes principales.

Necesitas saber su deseo o lo que le motiva a actuar, su forma de adaptarse a la denegación de ese deseo, sus vulnerabilidades o fallos, sus secretos, y sus contradicciones. Con tan poquitas cosas puedes tener a un personaje redondo. Y si me apuras, podríamos usar solo dos o tres de estas cinco cosas y salir del paso.

La ficha de personaje puede ser inútil como herramienta para comprender a los personajes, pero es que hay veces en las que ni siquiera hace falta comprender a los personajes. ¿Para qué vas a usar una herramienta, útil o no, si para eso no la necesitas?

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No te pierdas en laberintos si puedes cruzar por el medio (o si eres un fantasma que atraviesa paredes)

Me dejo cosas en el tintero, pero supongo que se entiende lo que quiero decir. Pueden gustarte más o menos las fichas de personaje, y puedes hacerlas (¡no permitas que nadie te lo impida si es lo que quieres!), pero no se puede negar que si lo que quieres es comprender a un personaje, hay métodos mejores y más rápidos.

Muchos escritores se toman demasiado tiempo con las fichas de personaje (¡o con las fichas de su mundo! El worldbuilding se alarga con facilidad) y dejan para más tarde lo importante: escribir la historia. Eso es lo principal. El resto es accesorio.

¡Hasta la semana que viene! No os perdáis la entrada del jueves que viene, ¡que se va a desvelar la sorpresa!

 

¿Son los géneros literarios una invención de las librerías?

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El otro día, Néstor Belda comentó en su blog que según él, lo que hace que una novela pertenezca a un género o a otro son, sencillamente, las estanterías en las que se coloca.

Su opinión me pareció muy curiosa, pues es cierto que los temas universales se utilizan aquí y allá, sin importar los géneros. Es cierto que los géneros son algo que se inculca desde fuera del proceso creativo, algo que utilizan los libreros para facilitar la búsqueda de la obra según las preferencias del lector.

¿O quizás no?

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Mis 10 consejos para escritores novatos

10 consejos para escritores novatos lecturonautaNormalmente prefiero escribir sobre técnicas de escritura raras y que se salen de lo que se suele ver por ahí, consejos para personas que ya están avanzadas en este campo. Y bueno, esto no es escritura avanzada, pero algo tenía que hacer para aquellos que buscasen algo menos concreto, más global, aquellos que están empezando y no saben cómo. Tiene gracia porque pensaba, tras haber escrito esto, que a nadie le iba a importar mi opinión, pero justo ese mismo día un amigo me pregunta cómo empezar a escribir.

Debe ser cosa del destino. 

Bueno, vayamos al tema. He leído bastante mierda y he visto bastante mierda. Por supuesto, he escrito aún más mierda (y tengo en físico el primer borrador de mi primera novela, que lo atestigua), y creo que ya tengo desarrollado un olfato bastante fino para detectarla. Si no, no habría podido hacer una lista de las malas prácticas de los escritores novatos.

Y como todo lo que escribimos al principio es mierda aunque no nos demos cuenta, puedo detectar a los novatos por su olor. Creedme, lo sé porque todavía sigo apestando. Aunque quiero creer que un poco menos. Las correcciones son una especie de ducha para ese olor, y si eso es cierto ahora mismo estoy rociándome muy fuerte en todo tipo de químicos.

JqycrmAAsí es más o menos como se sienten las correcciones. Pero con sangrado ocular y cerebral incluido. 

Quizás no sea el más adecuado para esto porque no he publicado todavía nada (edit: ¡Ahora sí que he publicado algo! Y lo podéis leer aquí por solo un euro), sin embargo llevo cuatro años escribiendo y una de mis máximas es recorrer este camino de la forma más eficaz posible. Así pues, quiero dar a los novatos (y no tan novatos) una serie de consejos nacidos de mi experiencia como escritor, lector y creador de contenido.

Además, dicen que las opiniones son como los culos y el mío es muy bonito. O eso dicen.

Mis diez consejos para escritores novatos Seguir leyendo