Es mi cumpleaños y… ¿os regalo libros?

Algo no cuadra en esto.

¿Yo os doy los libros y no pagáis un duro?

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Hmmm. Me cuesta entender este extraño concepto, pero vamos a intentarlo. Que no se diga que no soy una persona generosa.

Desde el 28 de agosto al 1 de septiembre, tanto Testosterona como Torres de Vinilo y Neón estarán en pago social en Lektu, para descargar en digital por un tuit.

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¡Leed Testosterona!

“Vale, ¿y dónde está la trampa?”

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10 cosas que me habría gustado decirme cuando empecé a escribir

Todo el mundo es imbécil cuando es joven. Yo no voy a ser menos, y no va a ser menos en la escritura.

Si pudiese coger al Guille de 14 años, aparte de zarandearle un poco, me gustaría darle diez consejos ahora que ya he pasado 8 años escribiendo.

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Diez cosas y ninguna buena. ¿¿¿POR QUÉ ERES ASÍ???

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¡Torres de Vinilo y Neón ya está disponible en Lektu!

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Mención de honor en la antología LGBT+ Iridiscencia (la cual podéis leer aquí), Torres de Vinilo y Neón es un relato de ciencia ficción con realidad virtual, desarrollo de videojuegos, speedrunners y relaciones complicadas que es difícil dejar atrás.

Clara está dando los últimos retoques a su videojuego indie. Lo último que se espera es la aparición de su ex, con quien lo desarrolló y la razón por la que necesita publicarlo ya mismo. 

La intervención de una IA avanzada dentro del juego la obligará a enfrentarse a sus desafíos, y si falla, a las consecuencias de sus decisiones.

¡Torres de Vinilo y Neón ya está disponible en Lektu!

 

Atrapar la oportunidad al vuelo

¿Sabías que el éxito en la sociedad actual no suele depender del talento, sino de la suerte?

En este artículo reciente se hizo una simulación que acabó pareciéndose a la forma actual de distribución de riqueza. Al mirar qué características definían a las personas con más éxito, se dieron cuenta de que el talento influía bastante poco, y que lo más importante era la suerte.

Y al final es cierto. Un pequeño porcentaje de gente talentosa acaba teniendo éxito, pero es un porcentaje pequeño.

Si nos damos cuenta, hay muchas cosas en nuestra vida que están definidas por la suerte, o mejor dicho, por azar. El nivel económico de nuestra familia, el lugar y época en la que nacemos, nuestro color de piel y nuestro género, cuatro cosas que determinan muchísimo nuestras oportunidades en la vida, y que no dependen en absoluto de nosotres.

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Toca hablar de EL WORBUUUU

No sé qué ha pasado este fin de semana pero me he enterado de que toca hablar del worbu. Sí, el worbu, ya sabes, el worldbuilding, la construcción de mundo, eso de que creas un mundo chachi para tu novela de fantasía o ciencia ficción con magia chula, inventos científicos impresionantes, tres soles que crean un mundo que yo que sé qué, esas cosas.

El worbu es un tema muy controvertido, o al menos lo ha sido este último año. Antes de las discusiones semanales de twitter, estas cosas tenían un ciclo de vida mucho más alargado; nos podíamos tirar años pensando que algo era genial y los tres años siguientes que buah, qué asco. Hoy estamos tirando mierda del worbu y a lo mejor la semana que viene al contrario, y luego en dos semanas estamos otra vez igual.

Mi opinión sobre el worldbuilding no ha cambiado en todo este tiempo, y tengo otro artículo por ahí sobre que está sobrevalorado, pero me gustaría elaborar un poco más porque que esté sobrevalorado no dice que sea bueno o malo, recomendable o desdeñable.

La primera en la frente:

Odio el worldbuilding.

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2.5 años de blog y 1 de autopublicación -¿Qué tal se ha vendido Testosterona?

¿Qué tal se ha vendido Testosterona?

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Testosterona es una historia de fantasía policial que autopubliqué entre Marzo y Junio de 2017. Puedes echarle un vistazo aquí. 

Al parecer suele haber bastante secretismo en todo el tema del mundo editorial. A menos que sea como forma de marketing, no se suele airear cuántas copias se han vendido, el tamaño de las tiradas que se han agotado, o cuántos beneficios han generado los libros. Y claro, llegamos nosotres al mundillo editorial sin saber ná de ná y vemos nuestro desempeño y no tenemos ni idea de qué tal lo hemos hecho.

He venido a arrojar un poco de transparencia sobre el asunto, al menos en lo que yo puedo contar. Os voy a contar con todo lujo de detalles cómo ha sido mi primer año publicando por mi cuenta y la rentabilidad que he sacado a estos dos años y medio que lleva el blog activo.

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Los 6 errores que cometí con Testosterona

Porque autopublicar es fácil si sabes cómo pero yo no sabía muy bien cómo.

Publicar es difícil. Publicar por tu cuenta es un poco más fácil, pero las primeras veces estamos condenados a cometer errores que se supone que en una editorial otras personas ya han cometido mucho antes.

Ahora que Testosterona ya ha salido en físico (y lo podéis comprar a través de Amazon por aquí tanto en físico como en digital, o en digital por lektu si lo preferís), ¿qué mejor momento para sacar a la luz los fallos que me he ido encontrando por el camino?

Yo la verdad es que no me arrepiento de todo lo que he hecho con Testosterona… a excepción de estas seis cosas, por supuesto. Estos son los seis errores más grandes que he cometido con Testosterona hasta el momento (¡y espero no tener que añadir ninguno más!).

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6. Demasiado Risqué

Testosterona tiene 8 escenas, de las cuales 2 son sobre sexo entre los protagonistas. La segunda escena es más comedida, pero la primera es totalmente explícita. Aunque no son escenas pornográficas, pues para mí lo importante es la caracterización de los personajes a través de su forma de mantener relaciones sexuales, la primera sigue siendo una escena que mucha gente habría preferido no leer (y por la que algunas personas no quieren leer la historia). Es el error más pequeño de la lista, pero sigue siendo un error: como mi primera obra publicada, quise que Testosterona fuese una muestra de mi estilo a la hora de escribir. Y aparte de por otras razones (casi todo en el relato es demasiado normativo, lo cual no refleja bien lo que suelo escribir), no estoy seguro de que la parte sexual sea una buena representación de lo que quiero ofrecer en mis futuras obras. Sigue leyendo

Por qué no me gusta el recurso de “El viaje” en las novelas fantásticas

El viaje es una de las convenciones narrativas más antiguas de la historia. Ya sea en el Quijote, o en Viaje al Oeste, o en cualquier novela fantástica de tres al cuarto, es fácil encontrar que la historia de la novela gira en torno al camino que hay entre el punto A y el punto B.

Y a ver, no nos confundamos, esto no es que sea malo por sí solo, pero a mí es algo que no me suele gustar demasiado, y te voy a decir exactamente por qué. Hoy no nos andamos con introducciones y entramos directamente al meollo de la cuestión.

1: Tener un “objetivo final” perjudica la progresión de la trama.

A ver, esto no es fácil de explicar y además suena contraintuitivo. ¿Por qué tener un objetivo final perjudicaría la progresión? Y más aún cuando cualquier paso que se da es un paso que nos acerca más al final. Si lo piensas, debería ser justo al contrario. Sigue leyendo

La problemática longitud de lo que escribimos

¿A veces no os pasa que sentís que escribís la cantidad incorrecta de palabras?

Ya sea cuando te faltan 10 caracteres para un tuit, o cuando tu novela no llega al mínimo exigido para entrar a concurso, es posible que alguna vez hayas sentido que la longitud de lo que escribes es un problema. Ya sea por lo alto o por lo bajo.

En los trabajos del instituto o la universidad se suele medir por páginas, pero la página es un concepto tan cambiante dentro de este mundo de la escritura… Entre márgenes, interlineado, diálogos, tamaño de letra… un mismo texto puede tener 50 páginas o 150. No ayuda mucho para saber qué tamaño de texto estamos manejando. Así pues, en el mundillo editorial se mide en palabras, que es una medida mucho más consistente. Seguro que ya lo habéis visto por muchas partes, sobre todo en los concursos, donde es muy habitual poner un límite de palabras.

Ay, ese maldito límite de palabras.

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¡Venga ya! ¿Ni aquí me puedo librar?

Anda que no habrá concursos a los que no he enviado nada por ese límite de palabras. Y es que yo tengo un problema muy grave: Siempre escribo cosas muy largas. Incluso cuando hago cosas cortas, como un relato, me salen cosas muy largas.

¿Hace falta que os dé una muestra? Tenéis el blog lleno de artículos de entre 2000 y 3000 palabras, cuando es habitual que un blog no supere las 1000 (yo no entiendo cómo aguantáis mis tochos, la verdad).

Escribir poco también tiene sus problemillas:

1: Mínimo X palabras

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Lo sentimos, tu novela tiene que ser al menos así de larga para entrar a concurso. 

Una de las frases más odiadas para todas las personas que no consiguen estirar más sus historias. Que por cinco mil palabras tu novela no sea lo bastante larga para entrar a concurso es una frustración horrible. Con los relatos pasa igual, solo que aquí podemos intentar estirarlos un poco… un poquito más… Y hale, está diluido, pero al menos el relato entra a la convocatoria.

2: ¡Se supone que esto iba a ser una trilogía!

¡Tras años de dolor y sufrimiento has terminado tu trilogía de ensueño! Y luego lo miras y… no llegas ni a las 150.000 palabras. Si 50.000 palabras ya es una novela corta, menos aún no llega ni a ser novela. Y como no puedes partir la historia por la mitad (¡¿Cómo vas a mutilar tu preciosa estructura de tres arcos de esa manera?!) pues te toca reunirlo todo en una única novela autoconclusiva. Hale, todos los títulos geniales de las tres partes, a la basura.

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Esto también iba a ser una trilogía, pero acabó siendo solo una película porque los beneficios… se quedaron… cortos *badum tss*

3: ¡Nanowrimo, yo te maldigo!

¡¿A quién no le gusta matarse todos los días para conseguir sacar 1.666 palabras diarias durante un mes?! Contra todo pronóstico, todo va bien, escribes a diario, cumples la cuota…

Y a mitad de mes terminas la novela del nanowrimo. Una novela de 35.000 palabras. Es cortita, sí, pero no hay necesidad de alargarla, ¿verdad? Todo está bien atado, el final es satisfactorio… ¡La novela está estupendamente!

 

¿Y ahora qué haces con las 15.000 palabras que te faltan? ¿En qué las vas a emplear los días que te faltan de mes? Porque si no llegas a las 50mil, no cuenta como un Nano completado…

Escribir cosas cortas tiene sus pequeños dramas, pero por lo general, ser más concreto que extenso es algo bueno en la escritura. Cada palabra que sobra debe morir, y en tus textos no es habitual que le cortes la cabeza a un tercio de tu obra por cosas que sobran. Es más, es posible que en las revisiones añadas cosas que han quedado demasiado escuetas. Esto no está mal, como se dice, lo bueno, si breve, dos veces bueno.

Y luego estamos las personas que escribimos de más. Y eso sí que tiene problemas…

1: Las revisiones son eternas

En ese momento solo quieres arrancarle la cabeza a tu yo del pasado por haber escrito tanto. Si ya se sufre revisando un libro de 100.000 palabras, ¿qué tal duplicar el sufrimiento con uno de 200.000?

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¿Y a mí quién me manda meter dos subtramas extra?

¿Y de casi 300mil? ¿Y si no es solo una revisión, sino una reescritura completa? Hay que contener las ganas de mandarlo todo a la mierda, os lo aseguro.

2: No aceptamos textos de más de X palabras

La frase que me ha dejado fuera de concursos y de enviar mis manuscritos a editoriales una y otra vez. Bueno, con mis dos novelas de más de 250mil palabras, es normal que me quieran mandar a la mierda directamente (250mil es mucho, muchísimo. Impreso nos adentramos en el territorio de las 800 páginas). Para las editoriales no suele ser rentable imprimir libros tan largos.

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Saitama lo tiene muy claro. ¡Solo se aceptan pasados trágicos de 20 palabras o menos! 

Pero en el caso de los relatos es peor. A mí 3000 palabras, o 5000, me son pocas. Yo necesito tiempo para que la historia se cueza a su ritmo. No me gusta apresurar las cosas. Mis historias tienen una trama con unos puntos que no me puedo saltar. Si ya le añadimos que divago, cuando intento hacer un relato de 3000 palabras me encuentro con un texto final del triple de longitud.

3: A los escritores noveles solo les tienen en cuenta con novelas cortas

Imaginad mi corazoncito cuando escuché esto. Me fui a llorar a mi esquinita, arropado por mis novelas de más de 250mil palabras. A ver, yo lo entiendo. Autores noveles somos muchos, muchísimos, y de todos y todas solo habrá unos pocos que hayan escrito algo rentable para una editorial. Si a los lectores ya les cuesta aceptar las novelas más largas (ya sabéis, esas que además cuestan mucho más de publicar a nivel monetario), las de autores desconocidos se venderán menos aún. Además, para encontrar esa buena novela hay que bucear, y bucear… y no compensa. Los lectores editoriales pierden el tiempo con esa clase de novelas largas, tiempo que podrían aprovechar para leer la nueva novela de algún autor extranjero conocido o de una autora ya consagrada en nuestra tierra.

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“La editora está muy ocupada. Solo aceptamos manuscritos de 120.000 palabras o menos”

Las editoriales son un negocio, no lo olvidemos, y el tiempo es oro. Tampoco vas a rechazar sin leer a todos los manuscritos de noveles que encuentres, pero sí que puedes pasar por encima de aquellos que se pasen de tu límite arbitrario de palabras.

4: A la gente le da pereza una historia muy larga

A menos que estemos dentro de la épica, a la gente le suele dar muchísima pereza leer cosas largas. Lo van dejando, lo van dejando, y al final ni lo tocan.

Y ya ni hablemos de las sagas. Puf.

5: Podar es un horror

Corregir una novela es como hacer crecer un bonito seto. Cuando faltan palabras, siempre puedes añadir florecitas aquí y allá para embellecer y tapar los huecos, dejar que crezca. Pero cuando sobran palabras, toca coger las tijeras de podar y eliminar todas esas ramas que a ti te encantan, y que no puedes pensar en cómo sería el seto sin algo tan vital como esa rama retorcida tan bonita pero que está a punto de clavársele en el ojo a un lector despreocupado.

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Los escritores profesionales tienen que refinar sus habilidades de poda como si fuesen Eduardo Manostijeras

Recortar historia duele.

Y por eso casi nunca lo hacemos, y por eso nos salen largas las historias.

Y luego está mi problema personal: Es que no puedo recortar. Ya intento que mis historias sean lo más cortas posibles, pero como hago unas tramas tan complejas unas cosas sustentan a otras, y si elimino algo se derrumba todo. Intento comprimir todo lo posible, que cada frase cumpla dos o más funciones si es posible, eliminar rodeos… pero también tengo la necesidad de dejar que la historia siga su ritmo, sin acelerar más de lo necesario, de acompañar las escenas de acción con un poco de aire para respirar.

Es un equilibrio que tiene un precio, y ese precio está en la problemática longitud de lo que escribo.

 

Yo no sé cómo me las apaño, pero siempre acabo quedándome corto o pasándome mucho de largo.

Por ejemplo, con Testosterona, la historia que podréis leer a partir del 15 de Marzo, quería escribir o un relato de unas 5000 palabras, o una novelette de unas 20.000.

¿El resultado? Se ha quedado justo entre medias. 10.984 palabras, para ser más exactos.

Y bueno, no está tan mal. Son unas 50 páginas, tal como está maquetado. Aunque es demasiado largo para relato y demasiado corto para novelette, creo que está en el punto medio (¿relatargo? ¿Cortalette?). Lo bastante corto para ser una lectura rápida y entretenida, y lo bastante largo como para meterle un poco de enjundia narrativa y de personajes.

Bueno, ¿y tú qué? ¿Tus historias se quedan cortas o se pasan de largas? ¿No te parece preciosa la palabra enjundia?

¡Nos vemos el jueves, cuando por fin revelaré la chulísima portada de la historia!

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Anuncio: Rendirse…

Como estudiante de psicología tengo el horrible privilegio de entender los procesos de mi cabeza. Y es impresionante lo poco que importa eso cuando uno pasa por algún bache emocional.

La evolución tiene muchas cosas buenas, pero cuando la combinamos con la evolución cultural y tecnológica, cosas que tendrían que ser útiles se convierten en cosas que nos perjudican. Un ejemplo muy claro: En el pasado, paralizarse ante un peligro inminente como un depredador podía evitar que te hiciese daño. Ahora, cuando el peligro inminente es un coche a punto de atropellarte, huir sería algo mucho mejor.

A lo largo de la evolución, la emoción se demostró mucho más poderosa que el razonamiento. El sistema emocional tiene un contrato de exclusividad con nuestro cerebro, y por ello tiene el derecho de opinar sobre algo que nos pasa antes incluso de que el razonamiento se entere de qué está pasando.

En resumen: La emoción tiene el poder de sobrepasar a la razón.

Y conseguir lo contrario es una tarea titánica que no siempre funciona.

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