Los 6 errores que cometí con Testosterona

Porque autopublicar es fácil si sabes cómo pero yo no sabía muy bien cómo.

Publicar es difícil. Publicar por tu cuenta es un poco más fácil, pero las primeras veces estamos condenados a cometer errores que se supone que en una editorial otras personas ya han cometido mucho antes.

Ahora que Testosterona ya ha salido en físico (y lo podéis comprar a través de Amazon por aquí tanto en físico como en digital, o en digital por lektu si lo preferís), ¿qué mejor momento para sacar a la luz los fallos que me he ido encontrando por el camino?

Yo la verdad es que no me arrepiento de todo lo que he hecho con Testosterona… a excepción de estas seis cosas, por supuesto. Estos son los seis errores más grandes que he cometido con Testosterona hasta el momento (¡y espero no tener que añadir ninguno más!).

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6. Demasiado Risqué

Testosterona tiene 8 escenas, de las cuales 2 son sobre sexo entre los protagonistas. La segunda escena es más comedida, pero la primera es totalmente explícita. Aunque no son escenas pornográficas, pues para mí lo importante es la caracterización de los personajes a través de su forma de mantener relaciones sexuales, la primera sigue siendo una escena que mucha gente habría preferido no leer (y por la que algunas personas no quieren leer la historia). Es el error más pequeño de la lista, pero sigue siendo un error: como mi primera obra publicada, quise que Testosterona fuese una muestra de mi estilo a la hora de escribir. Y aparte de por otras razones (casi todo en el relato es demasiado normativo, lo cual no refleja bien lo que suelo escribir), no estoy seguro de que la parte sexual sea una buena representación de lo que quiero ofrecer en mis futuras obras. Sigue leyendo

Por qué no me gusta el recurso de “El viaje” en las novelas fantásticas

El viaje es una de las convenciones narrativas más antiguas de la historia. Ya sea en el Quijote, o en Viaje al Oeste, o en cualquier novela fantástica de tres al cuarto, es fácil encontrar que la historia de la novela gira en torno al camino que hay entre el punto A y el punto B.

Y a ver, no nos confundamos, esto no es que sea malo por sí solo, pero a mí es algo que no me suele gustar demasiado, y te voy a decir exactamente por qué. Hoy no nos andamos con introducciones y entramos directamente al meollo de la cuestión.

1: Tener un “objetivo final” perjudica la progresión de la trama.

A ver, esto no es fácil de explicar y además suena contraintuitivo. ¿Por qué tener un objetivo final perjudicaría la progresión? Y más aún cuando cualquier paso que se da es un paso que nos acerca más al final. Si lo piensas, debería ser justo al contrario. Sigue leyendo

La problemática longitud de lo que escribimos

¿A veces no os pasa que sentís que escribís la cantidad incorrecta de palabras?

Ya sea cuando te faltan 10 caracteres para un tuit, o cuando tu novela no llega al mínimo exigido para entrar a concurso, es posible que alguna vez hayas sentido que la longitud de lo que escribes es un problema. Ya sea por lo alto o por lo bajo.

En los trabajos del instituto o la universidad se suele medir por páginas, pero la página es un concepto tan cambiante dentro de este mundo de la escritura… Entre márgenes, interlineado, diálogos, tamaño de letra… un mismo texto puede tener 50 páginas o 150. No ayuda mucho para saber qué tamaño de texto estamos manejando. Así pues, en el mundillo editorial se mide en palabras, que es una medida mucho más consistente. Seguro que ya lo habéis visto por muchas partes, sobre todo en los concursos, donde es muy habitual poner un límite de palabras.

Ay, ese maldito límite de palabras.

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¡Venga ya! ¿Ni aquí me puedo librar?

Anda que no habrá concursos a los que no he enviado nada por ese límite de palabras. Y es que yo tengo un problema muy grave: Siempre escribo cosas muy largas. Incluso cuando hago cosas cortas, como un relato, me salen cosas muy largas.

¿Hace falta que os dé una muestra? Tenéis el blog lleno de artículos de entre 2000 y 3000 palabras, cuando es habitual que un blog no supere las 1000 (yo no entiendo cómo aguantáis mis tochos, la verdad).

Escribir poco también tiene sus problemillas:

1: Mínimo X palabras

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Lo sentimos, tu novela tiene que ser al menos así de larga para entrar a concurso. 

Una de las frases más odiadas para todas las personas que no consiguen estirar más sus historias. Que por cinco mil palabras tu novela no sea lo bastante larga para entrar a concurso es una frustración horrible. Con los relatos pasa igual, solo que aquí podemos intentar estirarlos un poco… un poquito más… Y hale, está diluido, pero al menos el relato entra a la convocatoria.

2: ¡Se supone que esto iba a ser una trilogía!

¡Tras años de dolor y sufrimiento has terminado tu trilogía de ensueño! Y luego lo miras y… no llegas ni a las 150.000 palabras. Si 50.000 palabras ya es una novela corta, menos aún no llega ni a ser novela. Y como no puedes partir la historia por la mitad (¡¿Cómo vas a mutilar tu preciosa estructura de tres arcos de esa manera?!) pues te toca reunirlo todo en una única novela autoconclusiva. Hale, todos los títulos geniales de las tres partes, a la basura.

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Esto también iba a ser una trilogía, pero acabó siendo solo una película porque los beneficios… se quedaron… cortos *badum tss*

3: ¡Nanowrimo, yo te maldigo!

¡¿A quién no le gusta matarse todos los días para conseguir sacar 1.666 palabras diarias durante un mes?! Contra todo pronóstico, todo va bien, escribes a diario, cumples la cuota…

Y a mitad de mes terminas la novela del nanowrimo. Una novela de 35.000 palabras. Es cortita, sí, pero no hay necesidad de alargarla, ¿verdad? Todo está bien atado, el final es satisfactorio… ¡La novela está estupendamente!

 

¿Y ahora qué haces con las 15.000 palabras que te faltan? ¿En qué las vas a emplear los días que te faltan de mes? Porque si no llegas a las 50mil, no cuenta como un Nano completado…

Escribir cosas cortas tiene sus pequeños dramas, pero por lo general, ser más concreto que extenso es algo bueno en la escritura. Cada palabra que sobra debe morir, y en tus textos no es habitual que le cortes la cabeza a un tercio de tu obra por cosas que sobran. Es más, es posible que en las revisiones añadas cosas que han quedado demasiado escuetas. Esto no está mal, como se dice, lo bueno, si breve, dos veces bueno.

Y luego estamos las personas que escribimos de más. Y eso sí que tiene problemas…

1: Las revisiones son eternas

En ese momento solo quieres arrancarle la cabeza a tu yo del pasado por haber escrito tanto. Si ya se sufre revisando un libro de 100.000 palabras, ¿qué tal duplicar el sufrimiento con uno de 200.000?

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¿Y a mí quién me manda meter dos subtramas extra?

¿Y de casi 300mil? ¿Y si no es solo una revisión, sino una reescritura completa? Hay que contener las ganas de mandarlo todo a la mierda, os lo aseguro.

2: No aceptamos textos de más de X palabras

La frase que me ha dejado fuera de concursos y de enviar mis manuscritos a editoriales una y otra vez. Bueno, con mis dos novelas de más de 250mil palabras, es normal que me quieran mandar a la mierda directamente (250mil es mucho, muchísimo. Impreso nos adentramos en el territorio de las 800 páginas). Para las editoriales no suele ser rentable imprimir libros tan largos.

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Saitama lo tiene muy claro. ¡Solo se aceptan pasados trágicos de 20 palabras o menos! 

Pero en el caso de los relatos es peor. A mí 3000 palabras, o 5000, me son pocas. Yo necesito tiempo para que la historia se cueza a su ritmo. No me gusta apresurar las cosas. Mis historias tienen una trama con unos puntos que no me puedo saltar. Si ya le añadimos que divago, cuando intento hacer un relato de 3000 palabras me encuentro con un texto final del triple de longitud.

3: A los escritores noveles solo les tienen en cuenta con novelas cortas

Imaginad mi corazoncito cuando escuché esto. Me fui a llorar a mi esquinita, arropado por mis novelas de más de 250mil palabras. A ver, yo lo entiendo. Autores noveles somos muchos, muchísimos, y de todos y todas solo habrá unos pocos que hayan escrito algo rentable para una editorial. Si a los lectores ya les cuesta aceptar las novelas más largas (ya sabéis, esas que además cuestan mucho más de publicar a nivel monetario), las de autores desconocidos se venderán menos aún. Además, para encontrar esa buena novela hay que bucear, y bucear… y no compensa. Los lectores editoriales pierden el tiempo con esa clase de novelas largas, tiempo que podrían aprovechar para leer la nueva novela de algún autor extranjero conocido o de una autora ya consagrada en nuestra tierra.

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“La editora está muy ocupada. Solo aceptamos manuscritos de 120.000 palabras o menos”

Las editoriales son un negocio, no lo olvidemos, y el tiempo es oro. Tampoco vas a rechazar sin leer a todos los manuscritos de noveles que encuentres, pero sí que puedes pasar por encima de aquellos que se pasen de tu límite arbitrario de palabras.

4: A la gente le da pereza una historia muy larga

A menos que estemos dentro de la épica, a la gente le suele dar muchísima pereza leer cosas largas. Lo van dejando, lo van dejando, y al final ni lo tocan.

Y ya ni hablemos de las sagas. Puf.

5: Podar es un horror

Corregir una novela es como hacer crecer un bonito seto. Cuando faltan palabras, siempre puedes añadir florecitas aquí y allá para embellecer y tapar los huecos, dejar que crezca. Pero cuando sobran palabras, toca coger las tijeras de podar y eliminar todas esas ramas que a ti te encantan, y que no puedes pensar en cómo sería el seto sin algo tan vital como esa rama retorcida tan bonita pero que está a punto de clavársele en el ojo a un lector despreocupado.

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Los escritores profesionales tienen que refinar sus habilidades de poda como si fuesen Eduardo Manostijeras

Recortar historia duele.

Y por eso casi nunca lo hacemos, y por eso nos salen largas las historias.

Y luego está mi problema personal: Es que no puedo recortar. Ya intento que mis historias sean lo más cortas posibles, pero como hago unas tramas tan complejas unas cosas sustentan a otras, y si elimino algo se derrumba todo. Intento comprimir todo lo posible, que cada frase cumpla dos o más funciones si es posible, eliminar rodeos… pero también tengo la necesidad de dejar que la historia siga su ritmo, sin acelerar más de lo necesario, de acompañar las escenas de acción con un poco de aire para respirar.

Es un equilibrio que tiene un precio, y ese precio está en la problemática longitud de lo que escribo.

 

Yo no sé cómo me las apaño, pero siempre acabo quedándome corto o pasándome mucho de largo.

Por ejemplo, con Testosterona, la historia que podréis leer a partir del 15 de Marzo, quería escribir o un relato de unas 5000 palabras, o una novelette de unas 20.000.

¿El resultado? Se ha quedado justo entre medias. 10.984 palabras, para ser más exactos.

Y bueno, no está tan mal. Son unas 50 páginas, tal como está maquetado. Aunque es demasiado largo para relato y demasiado corto para novelette, creo que está en el punto medio (¿relatargo? ¿Cortalette?). Lo bastante corto para ser una lectura rápida y entretenida, y lo bastante largo como para meterle un poco de enjundia narrativa y de personajes.

Bueno, ¿y tú qué? ¿Tus historias se quedan cortas o se pasan de largas? ¿No te parece preciosa la palabra enjundia?

¡Nos vemos el jueves, cuando por fin revelaré la chulísima portada de la historia!

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Anuncio: Rendirse…

Como estudiante de psicología tengo el horrible privilegio de entender los procesos de mi cabeza. Y es impresionante lo poco que importa eso cuando uno pasa por algún bache emocional.

La evolución tiene muchas cosas buenas, pero cuando la combinamos con la evolución cultural y tecnológica, cosas que tendrían que ser útiles se convierten en cosas que nos perjudican. Un ejemplo muy claro: En el pasado, paralizarse ante un peligro inminente como un depredador podía evitar que te hiciese daño. Ahora, cuando el peligro inminente es un coche a punto de atropellarte, huir sería algo mucho mejor.

A lo largo de la evolución, la emoción se demostró mucho más poderosa que el razonamiento. El sistema emocional tiene un contrato de exclusividad con nuestro cerebro, y por ello tiene el derecho de opinar sobre algo que nos pasa antes incluso de que el razonamiento se entere de qué está pasando.

En resumen: La emoción tiene el poder de sobrepasar a la razón.

Y conseguir lo contrario es una tarea titánica que no siempre funciona.

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¿Estás perdiendo el tiempo con las fichas de personaje?

Si hay algo que nos falta siempre a las personas que escribimos es tiempo. No nos sobra ni una gota. Es más, ¿qué haces aquí? ¡Deberías estar escribiendo! (Los dos sabemos que no vas a hacerlo ahora mismo de todas formas)

Por eso mismo, hay que revisar nuestro proceso de escritura y eliminar todo lo que sobre.

Y las fichas de personaje sobran.

Para los que no sepan que es una ficha de personaje, es un método para desarrollar los personajes que consiste en rellenar una lista de datos sobre ese personaje. Es algo bastante popular, sobre todo entre los escritores novatos. Una ficha de personaje está bien como una colección de datos sobre un personaje, pero no es algo que nos sirva demasiado bien para conocer a un personaje, y menos aún para manejarlo bien en una historia.

¿Por qué las fichas de personaje suelen ser una pérdida de tiempo?

1. Son muy largas y están llenas de información inútil

Este es un problema de la mayoría de fichas en blanco que podéis encontrar en internet. Están llenas de preguntas que no sirven para nada. Excepto en obras en las que sea importante, que una persona sea zurda o diestra, o aries o capricornio, son datos que no sirven para nada y que no marcan ninguna diferencia en tu personaje.

Se tarda más tiempo en rellenar una ficha de personajes que escribir en un par de líneas cuáles son los momentos de su vida que le han cambiado, la cual es una técnica mucho más rápida y que te ayuda a conocer mejor a tus personajes.

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Una ficha de personaje “completa”

Los datos en bruto no sirven de nada, hay que interpretarlos y que trasladarlos a la obra que vamos a escribir para que de verdad tengan una utilidad. Y aun así, son demasiados datos. Si ya son muchísimos datos para los protagonistas, ni te cuento para los secundarios.

2. No se adaptan a tus necesidades

Las fichas de personajes llenas de preguntas a rellenar que puedes encontrar por internet son demasiado rígidas. La mayoría ni siquiera sirven fuera de un mismo género. Si escoges la del género equivocado te encontrarás escribiendo cual es el arma predilecta de tu protagonista de novela romántica contemporánea.

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“Esta ficha de personaje contemporáneo es perfecta para mi alien de ciencia ficción, ¿ves?”

3. Limitan la propia expresión de nosotros mismos

Una de las peores cosas de las fichas de personajes es que son ellas las que te marcan qué es importante sobre tus personajes. Y esto nos limita, pues una parte de nosotros mismos es lo que nosotros consideramos más o menos importante sobre las personas.

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“¿Limitado yo? ¿No ves que estoy perfectamente?”

Las fichas más habituales refuerzan tópicos, como la importancia del color de ojos y pelo en las descripciones, que directamente hay que eliminar de la escritura. Los ojos y el pelo, o cualquier otro dato, serán cosas relevantes si hay alguna razón para mencionarlas, ya sea por la trama, porque formen parte del mensaje de la obra o de tus intenciones metatextuales (por ejemplo, está genial la inclusión de personajes LGBT+ para normalizar, aunque no tenga ningún efecto en la trama que los personajes sean trans).

4. No te ayudan a tener una comprensión instintiva del personaje

Una serie de datos inconexos no nos ayudan a entender y comprender al personaje. Sin duda, lo más importante a la hora de escribir a un personaje y su comportamiento es tener una idea global de cómo funciona ese personaje. Y una ficha de personaje es, sin duda, uno de los peores métodos para alcanzar ese grado de comprensión.

Sí, claro, puedes racionalizar a tu personaje a partir de los datos de la ficha, pero no hay nada que vaya a funcionarte mejor que tu instinto una vez que entiendes cómo piensa y se comporta el personaje. Si consigues que meterte en su cabeza, incluso cobrará vida propia y tomará sus decisiones sin importarle lo que pienses tú o la trama.

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Tienes que ponerte en sus zapatos

5. La ficha condiciona la historia que vas a contar

Llenas la ficha con muchos datos, y eso ya va a influir en la historia (aunque no te des cuenta, tu cabeza intentará meter la mayor cantidad posible de esos datos en la historia). Los personajes son algo dinámico. A menos que tu capacidad de estructurar la historia vaya hasta organizar de antemano los cambios que sufrirán tus personajes, los personajes cobrarán vida propia según los escribas. Saldrán nuevos datos, nuevas preferencias, los personajes cambiarán y se convertirán en algo muy distinto. Apegarse a la ficha puede reprimir estos cambios, y por experiencia, el instinto es tu mejor aliado a la hora de escribir.

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Una vez que te guía tu instinto, los personajes se escriben solos (The story writes itself, de Lapinbeau)

6. Hay herramientas mucho mejores a tu disposición

Una ficha de personajes es una de las herramientas más pobres con las que puede contar un escritor. Sirve para algunas cosas, por supuesto, si sabes adaptarla a tus necesidades. Yo uso una versión simplificada de la ficha de personaje para tener a mano los datos más importantes (como su nombre completo, y su color de pelo en las historias en las que el color del pelo es importante para la magia), y siempre la relleno según escribo la historia y van apareciendo los datos. ¿Que he escrito algo nuevo sobre el personaje que conviene no olvidar? Lo apunto y ya no se me olvida. Muchos personajes no tienen más de tres datos en su ficha, los que tienen algo más que su nombre completo.

Hay herramientas mucho mejores para construir a los personajes. Una de ellas es transformar las partes más relevantes de la ficha a rellenar en una entrevista al personaje, para que responda por sí mismo. Esto te permite saber qué es lo que piensa el personaje sobre esos datos, y a la vez nos da una muestra de cómo se expresa. Si metes alguna pregunta abierta, sabrás qué es lo que a ese personaje le parece que le falta a la entrevista, y lo que le importa.

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“¡Que no me gusta la tortilla con cebollaaaa!”

Otra herramienta es escribir una escena en primera persona con ese personaje. No importa mucho de qué vaya la escena o si al final ni siquiera la incluyes en lo que estés escribiendo. Es un ejercicio para ponerte en la piel del personaje, de los mejores que hay, y te ayudará a ver las cosas desde su perspectiva de manera instintiva.

7. No hace falta complicarse tanto las cosas

Por último, tienes que plantearte si de verdad hacen falta datos de tus personajes. Sobre todo para historias cortas, solo hay cinco cosas que necesites de verdad, cinco solo, incluso con los personajes principales.

Necesitas saber su deseo o lo que le motiva a actuar, su forma de adaptarse a la denegación de ese deseo, sus vulnerabilidades o fallos, sus secretos, y sus contradicciones. Con tan poquitas cosas puedes tener a un personaje redondo. Y si me apuras, podríamos usar solo dos o tres de estas cinco cosas y salir del paso.

La ficha de personaje puede ser inútil como herramienta para comprender a los personajes, pero es que hay veces en las que ni siquiera hace falta comprender a los personajes. ¿Para qué vas a usar una herramienta, útil o no, si para eso no la necesitas?

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No te pierdas en laberintos si puedes cruzar por el medio (o si eres un fantasma que atraviesa paredes)

Me dejo cosas en el tintero, pero supongo que se entiende lo que quiero decir. Pueden gustarte más o menos las fichas de personaje, y puedes hacerlas (¡no permitas que nadie te lo impida si es lo que quieres!), pero no se puede negar que si lo que quieres es comprender a un personaje, hay métodos mejores y más rápidos.

Muchos escritores se toman demasiado tiempo con las fichas de personaje (¡o con las fichas de su mundo! El worldbuilding se alarga con facilidad) y dejan para más tarde lo importante: escribir la historia. Eso es lo principal. El resto es accesorio.

¡Hasta la semana que viene! No os perdáis la entrada del jueves que viene, ¡que se va a desvelar la sorpresa!

 

Los 10 libros de fantasía (y ciencia ficción) que más me han gustado este año 2016

¡Otro año más! Este 2016 ha estado cargado de grandes lecturas (a pesar de que el año en general está resultando un poco bluergh, y lo siento mucho por la parada en el ritmo del blog), tantas que incluso he llegado a 15 libros que se merecen un hueco en este top 10. De esos he quitado Sombras de Identidad (porque Sanderson ya tendría 3 libros en el top) y La gracia de los reyes (sin duda el que menos me ha gustado de los quince, y hay libros que se merecen bombo más que él), y han quedado trece joyas de tres géneros: Fantasía (10), Ciencia ficción (2), y Romanticismo (1). Sin embargo, hay mucha variedad dentro de esta fantasía… ¡Vamos allá!


Menciones especiales

13. La maga y otros cuentos crueles – Elia Barceló

Elia Barceló es una escritora sublime, y lo demuestra por completo en esta antología de relatos. No lo incluyo en el top porque una antología, pero si lo hiciese estaría entre los cinco primeros, sin duda. Podéis ver una narrativa de altísimo nivel en estos relatos suyos. A mí me ha encantado y eso que por lo general rechazo los relatos.

12. Palabras Radiantes – Brandon Sanderson

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No lo incluyo porque es segunda parte de una saga, y porque Sanderson ya tiene otra novela en el top. Pero vamos, El archivo de las tormentas será una saga que será recordada al nivel de El señor de los anillos, así lo predigo.

11. Cumbres borrascosas – Emily Brontë9788490321201

Emily Brontë debe ser la autora que mejor escribe de todas las que he leído. Además es un clásico atemporal. Ponerlo en la lista sería injusto, y no es que Cumbres borrascosas sea un libro desconocido o poco reconocido. Debe ser una de las mejores novelas que he leído jamás. En algún momento de vuestra vida tenéis que leer esta novela, si os gusta aunque sea solo un poco el ser humano. De los personajes mejor construidos jamás escritos.

Y ahora, sin más dilación, vayamos al top 10…

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4 Cosas que he aprendido viendo Gekkan Shojo Nozaki-kun

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Hace muy poquito me he visto Gekkan Shojo Nozaki-kun y he aprendido un par de cosas que pueden servir para escribir.

GSNK es una comedia sobre una chica que confiesa su amor a Nozaki-kun, un compañero de clase y mangaka de shojos (comics con un público femenino, normalmente de romance). Nozaki entiende que la chica es una fan de su trabajo y le da su autógrafo. Así empieza un anime de 12 capítulos que no puede definirse de otra manera más apropiada que “comedia de enredos”.

Esa etiqueta quizás os suene a clases de lengua y literatura, y viene de la época dorada del teatro en España. Las comedias de enredos eran obras divertidas que se basaban en… enredos. Gente que se lía con quien no debe, malentendidos, etc. Y esta serie es eso, pero tan fuerte que ha recuperado el término de mis enterrados años de lengua y literatura de la ESO. Tampoco estaban enterrados muy profundamente.

En cualquier caso, es un anime cortito y voy a hacer pequeños spoilers (si es que se puede spoilear mucho de una comedia sin gran carga argumental), así que si queréis verlo en blanco, os lo recomiendo. Es un anime ligero y disfrutable, pero tampoco le pidáis mucho más.

Ahora, ¿qué cuatro cosas he aprendido viendo Gekkan Shojo Nozaki-kun?

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¡Reto conseguido! ¡Curso de personajes!

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Hace unos meses me propuse un tiempo límite para terminar la reescritura y revisión del manuscrito que tenía entre manos, que no era nada más y nada menos que la primera novela que escribí. Ese plazo terminaba ayer, en mi vigesimoprimer cumpleaños.

El castigo que me había impuesto si no lo conseguía era bastante gordo: Subir la novela aquí, estuviera como estuviese. Por suerte, un nanowrimo, constancia y una revisión de estilo y argumental rápida no definitiva han sido suficiente para cumplir mi objetivo.

La novela tiene 290mil palabras, es autoconclusiva y tras una primera revisión (es decir, tras dos reescrituras y otras cuatro revisiones) ya estoy muy orgulloso de ella. Todavía hay que toquetear un poco uno de los capítulos, pero el resto hacen todo lo que quiero que hagan de la forma que quiero que lo hagan.

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Así me siento cuando las cosas salen bien

Ahora mismo estoy en una especie de limbo, entre un proyecto y otro. Me tomaré unos días más de descanso antes de ponerme con fuerza con otros proyectos. Ahora solo me falta aprobar una recuperación y ya seré libre para ir a mi bola completamente.

Y otro de los proyectos con los que estoy es el curso de personajes que daré a partir del 1 de Octubre en Ateneo Literario.

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Echadle un vistazo al enlace y sobre todo al temario, porque está lleno de cosas interesantes y que no encontraréis en ninguna otra parte, os lo aseguro.

Ya por último, si quieres tener un artículo extra al mes, ¿por qué no te suscribes a mi lista de correo? 


Si no llevas mucho tiempo en el blog y esta entrada te ha sabido a poco, puedes echarle un vistazo a esta, que seguro que no te decepcionará: Los 12 mejores posts del primer año del blog. 

¡Nos vemos el lunes!

 

Escribir un libro es como construir un mazo de Magic

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Tengo la cabeza muy loca (y no lo digo yo, lo dice el DSM) y por alguna razón, a mi cerebro le encanta asociar cosas, buscar patrones entre cosas que no tienen nada que ver, extrapolar… A veces salen cosas geniales (cosas que harán avanzar la ciencia, o eso espero) y otras veces salen artículos como éste.

Que sí, que construir un mazo de magic se parece a escribir un libro. Os lo digo yo que he construido muchos mazos y he escrito unos cuantos libros. Y daré por hecho que no sabéis nada de Magic, que es lo que más probable.

Primero te llega una idea. Un pequeño flash. Bueno, no, muchos flashes. Un día vas por la calle, y piensas, “oye, ¿y si me monto un mazo de espíritus?”. La guardas en el cajón de los posibles. Idea para novela. Al cajón de los posibles. Algunas ideas son demasiado costosas, por tiempo o dinero. Otras, sencillamente, no te interesan. Puedes intentar copiar una fórmula de alguien que lo haga mejor que tú, pero te costará mucho conseguir el éxito, porque aunque sepas qué ha hecho el otro, no significa que sepas hacerlo como él. No sabes por qué usa esa carta en concreto, no sabes por qué decidió meter a ese personaje ni cuándo. Como copiar no es mi estilo, todas esas ideas se van también a los posibles.

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Igual que no escribiré algunas novelas, algunos mazos solo se quedarán en mi cabeza.

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Los 12 mejores posts del primer año de Lecturonauta

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¡Lecturonauta cumplió 1 año en marzo! Y como yo pensaba que era en mayo, pues aquí estamos. Lento que es uno.

Espero compensaros con esta recopilación de los 12 mejores posts de Lecturonauta. Han sido unos quince meses que se me han pasado volando. El blog sigue creciendo cada día más, ¡y espero que no se detenga!

Me gustaría agradecéroslo a todos los que venís aquí a echar un vistazo a qué locuras se me han ocurrido o he robado a otros escritores, cada lunes y jueves. A todos los que comentáis los artículos y aportáis un poco cada día, ya sea a través de twitter o facebook. A todos los blogueros a los que sigo y a los escritores que inspiran estas entradas. Muchas gracias a todos por haber hecho de este blog algo tan especial para mí, y algo que espero que ayude a mucha gente.

Oh, a los que os quedéis hasta el final os daré un consejillo de escritura. Así como regalito.

Sin más dilación, ¡Los 12 mejores posts de Lecturonauta, temporada 15-16!

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