Por qué no me gusta el recurso de “El viaje” en las novelas fantásticas

El viaje es una de las convenciones narrativas más antiguas de la historia. Ya sea en el Quijote, o en Viaje al Oeste, o en cualquier novela fantástica de tres al cuarto, es fácil encontrar que la historia de la novela gira en torno al camino que hay entre el punto A y el punto B.

Y a ver, no nos confundamos, esto no es que sea malo por sí solo, pero a mí es algo que no me suele gustar demasiado, y te voy a decir exactamente por qué. Hoy no nos andamos con introducciones y entramos directamente al meollo de la cuestión.

1: Tener un “objetivo final” perjudica la progresión de la trama.

A ver, esto no es fácil de explicar y además suena contraintuitivo. ¿Por qué tener un objetivo final perjudicaría la progresión? Y más aún cuando cualquier paso que se da es un paso que nos acerca más al final. Si lo piensas, debería ser justo al contrario. Seguir leyendo

La problemática longitud de lo que escribimos

¿A veces no os pasa que sentís que escribís la cantidad incorrecta de palabras?

Ya sea cuando te faltan 10 caracteres para un tuit, o cuando tu novela no llega al mínimo exigido para entrar a concurso, es posible que alguna vez hayas sentido que la longitud de lo que escribes es un problema. Ya sea por lo alto o por lo bajo.

En los trabajos del instituto o la universidad se suele medir por páginas, pero la página es un concepto tan cambiante dentro de este mundo de la escritura… Entre márgenes, interlineado, diálogos, tamaño de letra… un mismo texto puede tener 50 páginas o 150. No ayuda mucho para saber qué tamaño de texto estamos manejando. Así pues, en el mundillo editorial se mide en palabras, que es una medida mucho más consistente. Seguro que ya lo habéis visto por muchas partes, sobre todo en los concursos, donde es muy habitual poner un límite de palabras.

Ay, ese maldito límite de palabras.

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¡Venga ya! ¿Ni aquí me puedo librar?

Anda que no habrá concursos a los que no he enviado nada por ese límite de palabras. Y es que yo tengo un problema muy grave: Siempre escribo cosas muy largas. Incluso cuando hago cosas cortas, como un relato, me salen cosas muy largas.

¿Hace falta que os dé una muestra? Tenéis el blog lleno de artículos de entre 2000 y 3000 palabras, cuando es habitual que un blog no supere las 1000 (yo no entiendo cómo aguantáis mis tochos, la verdad).

Escribir poco también tiene sus problemillas:

1: Mínimo X palabras

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Lo sentimos, tu novela tiene que ser al menos así de larga para entrar a concurso. 

Una de las frases más odiadas para todas las personas que no consiguen estirar más sus historias. Que por cinco mil palabras tu novela no sea lo bastante larga para entrar a concurso es una frustración horrible. Con los relatos pasa igual, solo que aquí podemos intentar estirarlos un poco… un poquito más… Y hale, está diluido, pero al menos el relato entra a la convocatoria.

2: ¡Se supone que esto iba a ser una trilogía!

¡Tras años de dolor y sufrimiento has terminado tu trilogía de ensueño! Y luego lo miras y… no llegas ni a las 150.000 palabras. Si 50.000 palabras ya es una novela corta, menos aún no llega ni a ser novela. Y como no puedes partir la historia por la mitad (¡¿Cómo vas a mutilar tu preciosa estructura de tres arcos de esa manera?!) pues te toca reunirlo todo en una única novela autoconclusiva. Hale, todos los títulos geniales de las tres partes, a la basura.

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Esto también iba a ser una trilogía, pero acabó siendo solo una película porque los beneficios… se quedaron… cortos *badum tss*

3: ¡Nanowrimo, yo te maldigo!

¡¿A quién no le gusta matarse todos los días para conseguir sacar 1.666 palabras diarias durante un mes?! Contra todo pronóstico, todo va bien, escribes a diario, cumples la cuota…

Y a mitad de mes terminas la novela del nanowrimo. Una novela de 35.000 palabras. Es cortita, sí, pero no hay necesidad de alargarla, ¿verdad? Todo está bien atado, el final es satisfactorio… ¡La novela está estupendamente!

 

¿Y ahora qué haces con las 15.000 palabras que te faltan? ¿En qué las vas a emplear los días que te faltan de mes? Porque si no llegas a las 50mil, no cuenta como un Nano completado…

Escribir cosas cortas tiene sus pequeños dramas, pero por lo general, ser más concreto que extenso es algo bueno en la escritura. Cada palabra que sobra debe morir, y en tus textos no es habitual que le cortes la cabeza a un tercio de tu obra por cosas que sobran. Es más, es posible que en las revisiones añadas cosas que han quedado demasiado escuetas. Esto no está mal, como se dice, lo bueno, si breve, dos veces bueno.

Y luego estamos las personas que escribimos de más. Y eso sí que tiene problemas…

1: Las revisiones son eternas

En ese momento solo quieres arrancarle la cabeza a tu yo del pasado por haber escrito tanto. Si ya se sufre revisando un libro de 100.000 palabras, ¿qué tal duplicar el sufrimiento con uno de 200.000?

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¿Y a mí quién me manda meter dos subtramas extra?

¿Y de casi 300mil? ¿Y si no es solo una revisión, sino una reescritura completa? Hay que contener las ganas de mandarlo todo a la mierda, os lo aseguro.

2: No aceptamos textos de más de X palabras

La frase que me ha dejado fuera de concursos y de enviar mis manuscritos a editoriales una y otra vez. Bueno, con mis dos novelas de más de 250mil palabras, es normal que me quieran mandar a la mierda directamente (250mil es mucho, muchísimo. Impreso nos adentramos en el territorio de las 800 páginas). Para las editoriales no suele ser rentable imprimir libros tan largos.

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Saitama lo tiene muy claro. ¡Solo se aceptan pasados trágicos de 20 palabras o menos! 

Pero en el caso de los relatos es peor. A mí 3000 palabras, o 5000, me son pocas. Yo necesito tiempo para que la historia se cueza a su ritmo. No me gusta apresurar las cosas. Mis historias tienen una trama con unos puntos que no me puedo saltar. Si ya le añadimos que divago, cuando intento hacer un relato de 3000 palabras me encuentro con un texto final del triple de longitud.

3: A los escritores noveles solo les tienen en cuenta con novelas cortas

Imaginad mi corazoncito cuando escuché esto. Me fui a llorar a mi esquinita, arropado por mis novelas de más de 250mil palabras. A ver, yo lo entiendo. Autores noveles somos muchos, muchísimos, y de todos y todas solo habrá unos pocos que hayan escrito algo rentable para una editorial. Si a los lectores ya les cuesta aceptar las novelas más largas (ya sabéis, esas que además cuestan mucho más de publicar a nivel monetario), las de autores desconocidos se venderán menos aún. Además, para encontrar esa buena novela hay que bucear, y bucear… y no compensa. Los lectores editoriales pierden el tiempo con esa clase de novelas largas, tiempo que podrían aprovechar para leer la nueva novela de algún autor extranjero conocido o de una autora ya consagrada en nuestra tierra.

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“La editora está muy ocupada. Solo aceptamos manuscritos de 120.000 palabras o menos”

Las editoriales son un negocio, no lo olvidemos, y el tiempo es oro. Tampoco vas a rechazar sin leer a todos los manuscritos de noveles que encuentres, pero sí que puedes pasar por encima de aquellos que se pasen de tu límite arbitrario de palabras.

4: A la gente le da pereza una historia muy larga

A menos que estemos dentro de la épica, a la gente le suele dar muchísima pereza leer cosas largas. Lo van dejando, lo van dejando, y al final ni lo tocan.

Y ya ni hablemos de las sagas. Puf.

5: Podar es un horror

Corregir una novela es como hacer crecer un bonito seto. Cuando faltan palabras, siempre puedes añadir florecitas aquí y allá para embellecer y tapar los huecos, dejar que crezca. Pero cuando sobran palabras, toca coger las tijeras de podar y eliminar todas esas ramas que a ti te encantan, y que no puedes pensar en cómo sería el seto sin algo tan vital como esa rama retorcida tan bonita pero que está a punto de clavársele en el ojo a un lector despreocupado.

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Los escritores profesionales tienen que refinar sus habilidades de poda como si fuesen Eduardo Manostijeras

Recortar historia duele.

Y por eso casi nunca lo hacemos, y por eso nos salen largas las historias.

Y luego está mi problema personal: Es que no puedo recortar. Ya intento que mis historias sean lo más cortas posibles, pero como hago unas tramas tan complejas unas cosas sustentan a otras, y si elimino algo se derrumba todo. Intento comprimir todo lo posible, que cada frase cumpla dos o más funciones si es posible, eliminar rodeos… pero también tengo la necesidad de dejar que la historia siga su ritmo, sin acelerar más de lo necesario, de acompañar las escenas de acción con un poco de aire para respirar.

Es un equilibrio que tiene un precio, y ese precio está en la problemática longitud de lo que escribo.

 

Yo no sé cómo me las apaño, pero siempre acabo quedándome corto o pasándome mucho de largo.

Por ejemplo, con Testosterona, la historia que podréis leer a partir del 15 de Marzo, quería escribir o un relato de unas 5000 palabras, o una novelette de unas 20.000.

¿El resultado? Se ha quedado justo entre medias. 10.984 palabras, para ser más exactos.

Y bueno, no está tan mal. Son unas 50 páginas, tal como está maquetado. Aunque es demasiado largo para relato y demasiado corto para novelette, creo que está en el punto medio (¿relatargo? ¿Cortalette?). Lo bastante corto para ser una lectura rápida y entretenida, y lo bastante largo como para meterle un poco de enjundia narrativa y de personajes.

Bueno, ¿y tú qué? ¿Tus historias se quedan cortas o se pasan de largas? ¿No te parece preciosa la palabra enjundia?

¡Nos vemos el jueves, cuando por fin revelaré la chulísima portada de la historia!

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Anuncio: Rendirse…

Como estudiante de psicología tengo el horrible privilegio de entender los procesos de mi cabeza. Y es impresionante lo poco que importa eso cuando uno pasa por algún bache emocional.

La evolución tiene muchas cosas buenas, pero cuando la combinamos con la evolución cultural y tecnológica, cosas que tendrían que ser útiles se convierten en cosas que nos perjudican. Un ejemplo muy claro: En el pasado, paralizarse ante un peligro inminente como un depredador podía evitar que te hiciese daño. Ahora, cuando el peligro inminente es un coche a punto de atropellarte, huir sería algo mucho mejor.

A lo largo de la evolución, la emoción se demostró mucho más poderosa que el razonamiento. El sistema emocional tiene un contrato de exclusividad con nuestro cerebro, y por ello tiene el derecho de opinar sobre algo que nos pasa antes incluso de que el razonamiento se entere de qué está pasando.

En resumen: La emoción tiene el poder de sobrepasar a la razón.

Y conseguir lo contrario es una tarea titánica que no siempre funciona.

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Hace unas semanas hice un hilo bastante deprimente en twitter, sobre lo mucho que envidiaba a todas aquellas personas que tenían éxito y publicaban con una editorial, lo mal que me sentía algunos días por sentir que no estaba llegando a ninguna parte… Y llegué al punto de decir que mi escritura no valía nada, que la autopublicación era rendirse y aceptar el fracaso, y más cosas por el estilo.

Cuando creamos, es normal tener miedo. Una pequeña lista de miedos a los que nos enfrentamos a la hora de escribir, o publicar, o incluso solo mostrar lo que nos sale de dentro:

  1. ¿Y qué dirán o pensarán sobre mí?
  2. No voy a gustarle a nadie, todos van a odiarme…
  3. ¡No está bien escrito!
  4. Soy una farsa, la gente se cree que soy mejor de lo que realmente soy…
  5. ¡Ya hay mucho escrito sobre esto! ¿Por qué iba a alguien a interesarse en lo mío?
  6. ¡Nadie más ha escrito sobre esto! Será porque es una mala idea que no le interesa a nadie…
  7. ¡Es demasiado distinto a lo habitual, es muy arriesgado!
  8. Lo que yo haga no le importa a nadie…

Es normal tener miedo, pero no podemos dejarnos doblegar por él.

¿Qué hacer?

Hay que imponer a la razón sobre la emoción.

1: ¿Y qué dirán o pensarán sobre mí?

Si muestras tu trabajo, no puedes evitar que la gente piense o diga cosas sobre ello. La gente te va a juzgar, hagas lo que hagas. Esto hay que aceptarlo.

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“¿Has visto a ése? ¡Qué pringao! Usa la primera persona en lugar de la tercera…”

Sin embargo, hay un matiz importante cuando hablamos de mostrar una obra que tenga algún tipo de polémica. Ya sea por cuestiones políticas, por opiniones, o por… TÓRRIDAS ESCENAS DE SEXO, es muy habitual preguntarnos qué es lo que pensarán de nosotros al leer esto. ¿Qué dirán nuestros padres al ver como estos dos hombres de cuerpo escultural se envuelven en un fogoso abrazo de pasión desmedida?

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Este Bryan sabe de lo que hablo. (Podéis leer esta breve joya aquí)

Aquí yo solo puedo dar un consejo: Muestra aquello por lo que no te avergonzaría ser reconocido. Aparte de la incertidumbre inicial, yo no tengo ningún problema con que se me reconozca por mis escenas de sexo, ya que intento que sea un sexo sano y consensual (no siempre puede ser seguro en las historias, ¡pero si en vuestro universo existe, usad algún método de barrera como los preservativos!). Lo mismo puede pasar con mis ideas políticas, de género…

Hay que mostrar aquello de lo que estamos hechos, siempre que sea algo de lo que estemos orgullosos de ser (y hay que estar abiertos a la autocrítica, uno puede estar muy orgulloso de ser nazi pero igual que tienes derecho a decirlo, el resto del mundo el mismo derecho a decirte que eres un monstruo por desear que otras personas sufran solo por ser lo que son. En ese caso tienes que pensar en que a lo mejor el resto del mundo tiene razón (Nota: tienen razón)).

2: No voy a gustarle a nadie, todos van a odiarme…

Este miedo es uno de los más habituales… ¡Pero recuerda, tenemos que guiarnos por la razón, no por la emoción! Aunque sea habitual, es un miedo que no tiene ningún sentido. Siempre que aparezcan las palabras “nadie” o “todos”, estamos ante una creencia irracional, como ya expliqué en este artículo. Y esta es una creencia muy ilógica: No se le puede gustar a todo el mundo, y es imposible que todo el mundo te odie. Incluso las personas más odiadas de la humanidad tienen a sus partidarios.

Respecto a lo de gustarle a todo el mundo, si lo pensamos bien, ni siquiera es algo necesario. Lo importante es gustarle a tu público objetivo. Tu público objetivo es ese grupo de personas con unas características concretas (edad, intereses, experiencias, género, etc…) a las que va dirigida tu obra. Ni siquiera tienes por qué gustarle a todo tu público objetivo, aunque tu obra tendría que tener uno. Tu público objetivo puedes ser tú mismo o tú misma (como es mi caso).

Dependiendo de cómo trabajes, lo normal es que no muestres tu historia al mundo hasta que sabes que le va a gustar a una porción de tu público objetivo (para eso están los lectores y lectoras beta), así que si no le gusta a tu público objetivo, es que todavía te queda trabajo por hacer y no es el momento de mostrar tu obra.

3: ¡No está bien escrito!

Vale, de acuerdo, este es un miedo legítimo. Sin embargo, es un miedo contra el que se puede hacer algo. Revisa y edita tu texto. Contrata a una persona que trabaje de correctora, si puedes permitírtelo.

Vale, ya está, revisado una vez más. Te has dejado los ojos de tanto revisar. Y… sigues pensando que no está bien escrito.

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“¡No está bien escrito!” Y la de atrás con cara de “¿PERO QUÉ HACES, LOCA, SI ES GENIAL?”

Esta inseguridad también es muy habitual. Nuestro ojo crítico siempre estará por encima de nuestras habilidades actuales. Puedes ver que algo está mal, pero no tienes la habilidad para corregirlo.

Mira, aquí no queda otra que resignarse: Has hecho todo lo que has podido. Nunca será perfecto. Pero así está bien y así es como debe ser. Si te quedas revisando, jamás lo mostrarás al mundo. Haz de tripas corazón y acéptalo, porque esto es inevitable y hasta los mejores escritores y escritoras piensan que siempre hay algo que se puede mejorar. Pero cuando lo mejores encontrarás otra cosa, y otra cosa… Hay que saber cuándo decir adiós al texto y lanzarlo al mundo tal como está, con los posibles errores que pueda tener.

4: Soy una farsa, la gente se cree que soy mejor de lo que realmente soy…

Esto es tan habitual que hasta tiene un nombre: Síndrome del impostor. Y está muy relacionado con el punto anterior: Nuestro ojo crítico siempre estará por encima de nuestra habilidad. Y claro, nosotros vemos nuestros fallos y los magnificamos, cuando otras personas ven nuestra habilidad y se asombran por lo que podemos hacer. Creemos que somos peores de lo que realmente somos.

El síndrome del impostor puede salir por muchas razones. Por ejemplo, cuando se consigue un gran éxito de la noche a la mañana, o en poco tiempo. Cuando una persona se convierte en alguien importante dentro de un mundillo sin darse cuenta, y el resto de personas vienen en busca de consejos, o idolatrándola, es muy habitual sentir que no se merece lo que se ha conseguido, y que el mundo busca consejo en nosotros cuando somos los que más perdidos estamos.

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Un grafiquito. A la izquierda, cómo de bueno te crees, y abajo, cómo de bueno eres. El efecto Dunning-Kruger es lo contrario: creer que somos geniales y cuando no sabemos hacer la o con un canuto.

Es difícil escapar de las garras del síndrome del impostor. A veces es imposible. La razón no siempre puede vencer a la emoción.

Pero a veces podemos encontrar datos objetivos. En la escritura hay mucha subjetividad, pero en algunas cuestiones podemos encontrar un poco de objetividad. La habilidad técnica es algo que no se puede ignorar como algo subjetivo. La constancia, los logros, eso está ahí, y es una prueba de que hemos hecho algo. Para derrotar al síndrome del impostor estos pueden ser unos buenos aliados.

5: ¡Ya hay mucho escrito sobre esto! ¿Por qué iba a alguien a interesarse en lo mío?

Esta es una de las mayores muestras de que no somos racionales.

Si hay mucho escrito sobre un tema, es porque a la gente le interesa ese tema. Y si a la gente le interesa ese tema, le va a interesar lo tuyo.

Ahora bien, hay un miedo agazapado aquí detrás. Si hay tanta competencia, ¿por qué iban a elegirme a mí entre el resto de alternativas? Y es un miedo legítimo, porque esta es una pregunta que hay que hacerse seriamente.

¿Qué les aportas tú que no les esté aportando nadie más? Cuando halles la respuesta a esta pregunta, sabrás por qué alguien va a interesarse por lo tuyo.

6: ¡Nadie más ha escrito sobre esto! Será porque es una mala idea que no le interesa a nadie…

Este es otro miedo legítimo. Sí, es posible que no haya nadie más que haya escrito sobre eso porque no es un tema que le interese a alguien.

Sin embargo, esta soledad puede ser tu gran aliada. No hay nadie compitiendo en tu terreno. Toda la gente interesada en ese tema está tirándose de los pelos porque nadie escribe sobre eso. De primeras, ya tienes a un grupo de personas con necesidad de lo que tú escribes. Eso es un buen público objetivo.

Mucha gente está ya harta de lo estancada que está la literatura, sobre todo en ramas tan “imaginativas” como pueden ser la fantasía y la ciencia ficción. Ofrécenos algo nuevo, diferente, y como mínimo te aseguro que le echaremos un vistazo.

Y si todo eso falla… no pierdas la esperanza. Si nos lo presentas con entusiasmo, de manera entretenida, puedes conseguir que nos interesemos por algo nuevo y que desconocemos por completo. El mejor ejemplo de esto, en los años recientes, sería el anime Yuri on Ice!!!, que ha conseguido que un montón de personas miren el patinaje artístico con otros ojos.

Ser una persona que ofrece algo único es… único. No dejes que eso te desanime, deja que sea aquello que te da alas.

7: ¡Es demasiado distinto a lo habitual, es muy arriesgado!

Esto puede no ser cierto, puede que solo estés exagerando sobre lo arriesgado que es… por ejemplo, escribir una historia en segunda persona, o usar el femenino plural como inclusivo. Ya se ha hecho varias veces, y aunque fueron jugadas arriesgadas en su tiempo, son herramientas que podemos usar perfectamente, siempre que sepamos cómo.

Pero a veces tienes razón. A veces tomamos decisiones arriesgadas. Rompemos con las normas establecidas. Hacemos algo que no se ha hecho nunca, algo que, si no conseguimos mantenernos en equilibrio sobre la fina línea de la catástrofe y el éxito, nos hará caer en el lado malo. Y por supuesto, nos da miedo, porque no sabemos si cuando nuestra obra salga fuera, caerá del lado del éxito o de la catástrofe.

Sí, es muy arriesgado. Pero sin riesgo, no hay recompensa.

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Las personas detrás del juego Horizon: Zero Dawn sabían que hacer que su protagonista fuese una chica normal no sexualizada era un movimiento que se consideraría arriesgado dentro de la industria. Ya se está ganando odio de los machistas que la tildan de fea, pero es uno de los juegos que me muero por jugar (yo, y miles de chicas que agradecen una protagonista con la que identificarse).

A veces nos caeremos, pero otras veces triunfaremos. Y lo mejor es que si nos caemos, siempre podemos volver a levantarnos. Tenemos los lectores beta para hacer la prueba, y si vemos que es un fracaso absoluto, podemos reconstruirlo antes de lanzarlo de verdad al mundo.

Es importante valorar los riesgos, y es importante saber cuándo podemos ser atrevidos. Aquí cada cual decide si quiere o no correr esos riesgos, pero si lo único que te echa atrás es el riesgo de ser demasiado atrevido o atrevida, demasiado experimental… te estás dejando arrastrar por la emoción. Acepta las posibles consecuencias si todo sale mal, y lánzate a la piscina.

8: Lo que yo haga no le importa a nadie…

Si no le importa a nadie, ¿qué es lo peor que puede pasar? ¿Qué alguien lo encuentre y le empiece a importar?

Al principio, cuando empezamos, no le importamos a casi nadie. A veces, ni siquiera la familia o amigos están ahí. Os lo digo por experiencia: Cuando empecé, en mi entorno más cercano no le importaba a nadie lo que escribiera. Solo un par de amigos de entonces me han leído (y con un par, me refiero literalmente a 2). Cuando empecé este blog, por supuesto que tampoco le importaba mucho a mi entorno. No había nadie que escribiese, y mucho menos personas interesadas en el mismo tipo de libros que yo. Pero bueno, yo seguí.

Y aquí estamos. Hace casi ya 2 años no le importaba a nadie. Hoy…

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El viernes pasado estuve en la presentación de Rojo y Oro, de Iria y Selene (mi reseña aquí), y tuve dos muestras de que realmente yo le importaba a la gente. La primera vino de mano de Aruv Lightwood (Enlace a su blog), que me dijo que soy más conocido por el mundillo de lo que me creo realmente. El segundo, es que por primera vez en estos dos años, una persona a la que no conocía de nada, ha venido a saludarme porque me sigue (fue un detallazo, Santiago) y dice que le gusta lo que hago.

Aunque no lo creamos, sí que hay gente a la que le importa lo que hacemos. Otra vez, la emoción intenta hundirnos, decirnos que no valemos para nada y que lo que hacemos no le importa a nadie. Pero normalmente no es verdad, y cuando es verdad, solo lo es de manera temporal. Es normal que al principio no nos conozcan. Y eso se arregla enviando material al mundo, conectando con la gente a la que le interesa lo que contamos y escribimos.

Estas son las pocas claves que puedo daros para combatir la emoción con la razón.

En muchos casos, la emoción no se puede suprimir, y la razón no basta para sobreponerse. En mi última recaída, ya sabía que la sinceridad de las personas que me aprecian no bastaba. No importaba lo mucho que me dijesen que lo que hago es genial y que merece la pena. Mi desesperanza no atendía a razones. No le importa en absoluto lo que le digan. Rechazará todas las pruebas en su contra, y tomará como válido cualquier pequeño argumento a favor. La emoción es escéptica de todo lo que no vaya acorde con sus ideas.

Esos sentimientos no desaparecen con la experiencia, ni con los éxitos. Autores y autoras con muchos logros a sus espaldas sienten lo mismo que tú, esa inseguridad y ese miedo que intenta atenazarnos desde dentro. Y cuando la razón no es suficiente, cuando la emoción jamás va a marcharse de nuestro lado, ¿qué nos queda por hacer?

Actuar como si no existiese. No permitir que forme parte de nuestras decisiones. No hay que ignorarla, pero tampoco hay que dejar que se adueñe de nosotros.

Yo también tengo muchos de estos pensamientos, pero intento que no me afecten.

Uno en concreto está clavado en lo más profundo de mi ser. Sigue ahí, con sus zarcillos tóxicos enredados en mis entrañas.

Si no te publica una editorial grande, no mereces la pena.

Me gustaría decir que después de todo lo que he aprendido ya no pienso así, pero sería mentira. Por mucho que la razón (y la experiencia de otras personas) me diga que no, que la editorial no significa nada a nivel de calidad y solo es un factor en temas de distribución, en mi fuero interno sigo pensándolo, aunque a veces no me dé cuenta. Porque intento alcanzar esas editoriales grandes, porque miro a las pequeñas con decepción. Aunque no lo diga con palabras ni lo piense, mi conducta me asegura que eso es lo que pienso.

Me importa más ser aceptado por una editorial que ser aceptado por la gente que de verdad me lea.

(Joder, cómo ha dolido poner eso en palabras).

Pienso que si no publico con una editorial grande, seré un fracaso.

La autoedición es rendirse

La autoedición es la última salida de aquellos que no lo consiguen. Rechazados por las editoriales, su última opción es subir su libro a una plataforma, imprimirlo por su cuenta, con su propio dinero.

Esta es la parte que más me duele de todo. Toda mi vida he crecido oyendo que el trabajo de un escritor es escribir, que es la editorial la que tiene que encargarse de la maquetación, portada, distribución, márketing… y que todo eso tiene que salir de su bolsillo, no del nuestro.

Soy un estudiante sin más fuente de ingreso que el dinero de las becas. Autoeditar no solo se sentiría como un fracaso para mi tóxica parte emocional que quiere con locura una editorial, sino que además supone un esfuerzo económico que en mi fuero interno pienso que no tendría que salir de mi parte. No solo es un fracaso y una ruina a todos los niveles, sino que siento que ESTÁ MAL. Es algo incorrecto.

Y la razón me dice que todo esto es mentira, que son estupideces y mitos que he adoptado sin darme cuenta. La realidad me muestra que la autoedición bien hecha es una tarea titánica y que tiene mucho más mérito que publicar con una editorial. Las editoriales no son tan brillantes y deslumbrantes como mi cerebro piensa, hay problemas internos, no tienes control sobre muchas cosas, y es un mundo complicado en el que muchas veces intentarán aprovecharse de ti o de tu obra. Sigue siendo una opción, si sabes elegir bien la editorial y estás atento a las posibles trampas y roces, pero no es el triunfo épico que en mi interior creo que es.

Por eso he hecho caso de mi propio consejo, y he actuado como si estas emociones, estos miedos e inseguridades no existiesen. Yo, el que solo siente que las editoriales son el éxito y la autoedición es rendirse…

  • Voy a autopublicar una historia corta en digital.

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Si no podéis con la emoción, actuad como si no existiera. Funciona.

¿Estás perdiendo el tiempo con las fichas de personaje?

Si hay algo que nos falta siempre a las personas que escribimos es tiempo. No nos sobra ni una gota. Es más, ¿qué haces aquí? ¡Deberías estar escribiendo! (Los dos sabemos que no vas a hacerlo ahora mismo de todas formas)

Por eso mismo, hay que revisar nuestro proceso de escritura y eliminar todo lo que sobre.

Y las fichas de personaje sobran.

Para los que no sepan que es una ficha de personaje, es un método para desarrollar los personajes que consiste en rellenar una lista de datos sobre ese personaje. Es algo bastante popular, sobre todo entre los escritores novatos. Una ficha de personaje está bien como una colección de datos sobre un personaje, pero no es algo que nos sirva demasiado bien para conocer a un personaje, y menos aún para manejarlo bien en una historia.

¿Por qué las fichas de personaje suelen ser una pérdida de tiempo?

1. Son muy largas y están llenas de información inútil

Este es un problema de la mayoría de fichas en blanco que podéis encontrar en internet. Están llenas de preguntas que no sirven para nada. Excepto en obras en las que sea importante, que una persona sea zurda o diestra, o aries o capricornio, son datos que no sirven para nada y que no marcan ninguna diferencia en tu personaje.

Se tarda más tiempo en rellenar una ficha de personajes que escribir en un par de líneas cuáles son los momentos de su vida que le han cambiado, la cual es una técnica mucho más rápida y que te ayuda a conocer mejor a tus personajes.

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Una ficha de personaje “completa”

Los datos en bruto no sirven de nada, hay que interpretarlos y que trasladarlos a la obra que vamos a escribir para que de verdad tengan una utilidad. Y aun así, son demasiados datos. Si ya son muchísimos datos para los protagonistas, ni te cuento para los secundarios.

2. No se adaptan a tus necesidades

Las fichas de personajes llenas de preguntas a rellenar que puedes encontrar por internet son demasiado rígidas. La mayoría ni siquiera sirven fuera de un mismo género. Si escoges la del género equivocado te encontrarás escribiendo cual es el arma predilecta de tu protagonista de novela romántica contemporánea.

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“Esta ficha de personaje contemporáneo es perfecta para mi alien de ciencia ficción, ¿ves?”

3. Limitan la propia expresión de nosotros mismos

Una de las peores cosas de las fichas de personajes es que son ellas las que te marcan qué es importante sobre tus personajes. Y esto nos limita, pues una parte de nosotros mismos es lo que nosotros consideramos más o menos importante sobre las personas.

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“¿Limitado yo? ¿No ves que estoy perfectamente?”

Las fichas más habituales refuerzan tópicos, como la importancia del color de ojos y pelo en las descripciones, que directamente hay que eliminar de la escritura. Los ojos y el pelo, o cualquier otro dato, serán cosas relevantes si hay alguna razón para mencionarlas, ya sea por la trama, porque formen parte del mensaje de la obra o de tus intenciones metatextuales (por ejemplo, está genial la inclusión de personajes LGBT+ para normalizar, aunque no tenga ningún efecto en la trama que los personajes sean trans).

4. No te ayudan a tener una comprensión instintiva del personaje

Una serie de datos inconexos no nos ayudan a entender y comprender al personaje. Sin duda, lo más importante a la hora de escribir a un personaje y su comportamiento es tener una idea global de cómo funciona ese personaje. Y una ficha de personaje es, sin duda, uno de los peores métodos para alcanzar ese grado de comprensión.

Sí, claro, puedes racionalizar a tu personaje a partir de los datos de la ficha, pero no hay nada que vaya a funcionarte mejor que tu instinto una vez que entiendes cómo piensa y se comporta el personaje. Si consigues que meterte en su cabeza, incluso cobrará vida propia y tomará sus decisiones sin importarle lo que pienses tú o la trama.

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Tienes que ponerte en sus zapatos

5. La ficha condiciona la historia que vas a contar

Llenas la ficha con muchos datos, y eso ya va a influir en la historia (aunque no te des cuenta, tu cabeza intentará meter la mayor cantidad posible de esos datos en la historia). Los personajes son algo dinámico. A menos que tu capacidad de estructurar la historia vaya hasta organizar de antemano los cambios que sufrirán tus personajes, los personajes cobrarán vida propia según los escribas. Saldrán nuevos datos, nuevas preferencias, los personajes cambiarán y se convertirán en algo muy distinto. Apegarse a la ficha puede reprimir estos cambios, y por experiencia, el instinto es tu mejor aliado a la hora de escribir.

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Una vez que te guía tu instinto, los personajes se escriben solos (The story writes itself, de Lapinbeau)

6. Hay herramientas mucho mejores a tu disposición

Una ficha de personajes es una de las herramientas más pobres con las que puede contar un escritor. Sirve para algunas cosas, por supuesto, si sabes adaptarla a tus necesidades. Yo uso una versión simplificada de la ficha de personaje para tener a mano los datos más importantes (como su nombre completo, y su color de pelo en las historias en las que el color del pelo es importante para la magia), y siempre la relleno según escribo la historia y van apareciendo los datos. ¿Que he escrito algo nuevo sobre el personaje que conviene no olvidar? Lo apunto y ya no se me olvida. Muchos personajes no tienen más de tres datos en su ficha, los que tienen algo más que su nombre completo.

Hay herramientas mucho mejores para construir a los personajes. Una de ellas es transformar las partes más relevantes de la ficha a rellenar en una entrevista al personaje, para que responda por sí mismo. Esto te permite saber qué es lo que piensa el personaje sobre esos datos, y a la vez nos da una muestra de cómo se expresa. Si metes alguna pregunta abierta, sabrás qué es lo que a ese personaje le parece que le falta a la entrevista, y lo que le importa.

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“¡Que no me gusta la tortilla con cebollaaaa!”

Otra herramienta es escribir una escena en primera persona con ese personaje. No importa mucho de qué vaya la escena o si al final ni siquiera la incluyes en lo que estés escribiendo. Es un ejercicio para ponerte en la piel del personaje, de los mejores que hay, y te ayudará a ver las cosas desde su perspectiva de manera instintiva.

7. No hace falta complicarse tanto las cosas

Por último, tienes que plantearte si de verdad hacen falta datos de tus personajes. Sobre todo para historias cortas, solo hay cinco cosas que necesites de verdad, cinco solo, incluso con los personajes principales.

Necesitas saber su deseo o lo que le motiva a actuar, su forma de adaptarse a la denegación de ese deseo, sus vulnerabilidades o fallos, sus secretos, y sus contradicciones. Con tan poquitas cosas puedes tener a un personaje redondo. Y si me apuras, podríamos usar solo dos o tres de estas cinco cosas y salir del paso.

La ficha de personaje puede ser inútil como herramienta para comprender a los personajes, pero es que hay veces en las que ni siquiera hace falta comprender a los personajes. ¿Para qué vas a usar una herramienta, útil o no, si para eso no la necesitas?

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No te pierdas en laberintos si puedes cruzar por el medio (o si eres un fantasma que atraviesa paredes)

Me dejo cosas en el tintero, pero supongo que se entiende lo que quiero decir. Pueden gustarte más o menos las fichas de personaje, y puedes hacerlas (¡no permitas que nadie te lo impida si es lo que quieres!), pero no se puede negar que si lo que quieres es comprender a un personaje, hay métodos mejores y más rápidos.

Muchos escritores se toman demasiado tiempo con las fichas de personaje (¡o con las fichas de su mundo! El worldbuilding se alarga con facilidad) y dejan para más tarde lo importante: escribir la historia. Eso es lo principal. El resto es accesorio.

¡Hasta la semana que viene! No os perdáis la entrada del jueves que viene, ¡que se va a desvelar la sorpresa!

 

Los 10 libros de fantasía (y ciencia ficción) que más me han gustado este año 2016

¡Otro año más! Este 2016 ha estado cargado de grandes lecturas (a pesar de que el año en general está resultando un poco bluergh, y lo siento mucho por la parada en el ritmo del blog), tantas que incluso he llegado a 15 libros que se merecen un hueco en este top 10. De esos he quitado Sombras de Identidad (porque Sanderson ya tendría 3 libros en el top) y La gracia de los reyes (sin duda el que menos me ha gustado de los quince, y hay libros que se merecen bombo más que él), y han quedado trece joyas de tres géneros: Fantasía (10), Ciencia ficción (2), y Romanticismo (1). Sin embargo, hay mucha variedad dentro de esta fantasía… ¡Vamos allá!


Menciones especiales

13. La maga y otros cuentos crueles – Elia Barceló

Elia Barceló es una escritora sublime, y lo demuestra por completo en esta antología de relatos. No lo incluyo en el top porque una antología, pero si lo hiciese estaría entre los cinco primeros, sin duda. Podéis ver una narrativa de altísimo nivel en estos relatos suyos. A mí me ha encantado y eso que por lo general rechazo los relatos.

12. Palabras Radiantes – Brandon Sanderson

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No lo incluyo porque es segunda parte de una saga, y porque Sanderson ya tiene otra novela en el top. Pero vamos, El archivo de las tormentas será una saga que será recordada al nivel de El señor de los anillos, así lo predigo.

11. Cumbres borrascosas – Emily Brontë9788490321201

Emily Brontë debe ser la autora que mejor escribe de todas las que he leído. Además es un clásico atemporal. Ponerlo en la lista sería injusto, y no es que Cumbres borrascosas sea un libro desconocido o poco reconocido. Debe ser una de las mejores novelas que he leído jamás. En algún momento de vuestra vida tenéis que leer esta novela, si os gusta aunque sea solo un poco el ser humano. De los personajes mejor construidos jamás escritos.

Y ahora, sin más dilación, vayamos al top 10…

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4 Cosas que he aprendido viendo Gekkan Shojo Nozaki-kun

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Hace muy poquito me he visto Gekkan Shojo Nozaki-kun y he aprendido un par de cosas que pueden servir para escribir.

GSNK es una comedia sobre una chica que confiesa su amor a Nozaki-kun, un compañero de clase y mangaka de shojos (comics con un público femenino, normalmente de romance). Nozaki entiende que la chica es una fan de su trabajo y le da su autógrafo. Así empieza un anime de 12 capítulos que no puede definirse de otra manera más apropiada que “comedia de enredos”.

Esa etiqueta quizás os suene a clases de lengua y literatura, y viene de la época dorada del teatro en España. Las comedias de enredos eran obras divertidas que se basaban en… enredos. Gente que se lía con quien no debe, malentendidos, etc. Y esta serie es eso, pero tan fuerte que ha recuperado el término de mis enterrados años de lengua y literatura de la ESO. Tampoco estaban enterrados muy profundamente.

En cualquier caso, es un anime cortito y voy a hacer pequeños spoilers (si es que se puede spoilear mucho de una comedia sin gran carga argumental), así que si queréis verlo en blanco, os lo recomiendo. Es un anime ligero y disfrutable, pero tampoco le pidáis mucho más.

Ahora, ¿qué cuatro cosas he aprendido viendo Gekkan Shojo Nozaki-kun?

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¡Reto conseguido! ¡Curso de personajes!

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Hace unos meses me propuse un tiempo límite para terminar la reescritura y revisión del manuscrito que tenía entre manos, que no era nada más y nada menos que la primera novela que escribí. Ese plazo terminaba ayer, en mi vigesimoprimer cumpleaños.

El castigo que me había impuesto si no lo conseguía era bastante gordo: Subir la novela aquí, estuviera como estuviese. Por suerte, un nanowrimo, constancia y una revisión de estilo y argumental rápida no definitiva han sido suficiente para cumplir mi objetivo.

La novela tiene 290mil palabras, es autoconclusiva y tras una primera revisión (es decir, tras dos reescrituras y otras cuatro revisiones) ya estoy muy orgulloso de ella. Todavía hay que toquetear un poco uno de los capítulos, pero el resto hacen todo lo que quiero que hagan de la forma que quiero que lo hagan.

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Así me siento cuando las cosas salen bien

Ahora mismo estoy en una especie de limbo, entre un proyecto y otro. Me tomaré unos días más de descanso antes de ponerme con fuerza con otros proyectos. Ahora solo me falta aprobar una recuperación y ya seré libre para ir a mi bola completamente.

Y otro de los proyectos con los que estoy es el curso de personajes que daré a partir del 1 de Octubre en Ateneo Literario.

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Echadle un vistazo al enlace y sobre todo al temario, porque está lleno de cosas interesantes y que no encontraréis en ninguna otra parte, os lo aseguro.

Ya por último, si quieres tener un artículo extra al mes, ¿por qué no te suscribes a mi lista de correo? 


Si no llevas mucho tiempo en el blog y esta entrada te ha sabido a poco, puedes echarle un vistazo a esta, que seguro que no te decepcionará: Los 12 mejores posts del primer año del blog. 

¡Nos vemos el lunes!

 

Escribir un libro es como construir un mazo de Magic

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Tengo la cabeza muy loca (y no lo digo yo, lo dice el DSM) y por alguna razón, a mi cerebro le encanta asociar cosas, buscar patrones entre cosas que no tienen nada que ver, extrapolar… A veces salen cosas geniales (cosas que harán avanzar la ciencia, o eso espero) y otras veces salen artículos como éste.

Que sí, que construir un mazo de magic se parece a escribir un libro. Os lo digo yo que he construido muchos mazos y he escrito unos cuantos libros. Y daré por hecho que no sabéis nada de Magic, que es lo que más probable.

Primero te llega una idea. Un pequeño flash. Bueno, no, muchos flashes. Un día vas por la calle, y piensas, “oye, ¿y si me monto un mazo de espíritus?”. La guardas en el cajón de los posibles. Idea para novela. Al cajón de los posibles. Algunas ideas son demasiado costosas, por tiempo o dinero. Otras, sencillamente, no te interesan. Puedes intentar copiar una fórmula de alguien que lo haga mejor que tú, pero te costará mucho conseguir el éxito, porque aunque sepas qué ha hecho el otro, no significa que sepas hacerlo como él. No sabes por qué usa esa carta en concreto, no sabes por qué decidió meter a ese personaje ni cuándo. Como copiar no es mi estilo, todas esas ideas se van también a los posibles.

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Igual que no escribiré algunas novelas, algunos mazos solo se quedarán en mi cabeza.

Pero un día llega una idea que supera a las demás, que te impulsa a invertir para realizarla. En mi caso, sucedió trasteando con los vampiros. Era la época crepusculera justo cuando empecé una historia sobre vampiros, y meses atrás tenía un mazo rojo negro de vampiros muy agresivo ya montado. Pero esa es la forma que todo el mundo tenía de usar a los vampiros. Yo quería algo distinto, porque no me sentía cómodo usando el tema de los vampiros de esa forma.

Así pues, me dije, ¿con qué me siento cómodo jugando? ¿Qué es lo que quiero escribir? Mi baraja agresiva se convirtió en una baraja roja negra hecha para dominar desde la mitad de la partida hacia delante (lo que se conoce como un mazo midrange). La historia se convirtió en una novela de fantasía épica. En ambos casos, los vampiros pasaron a un segundo plano, y me centré menos en la cohesión temática y más en lo que sentía que quería jugar.

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Make Vampires Great Again.

Otra cosa que hay que tener muy clara es la estrategia. ¿Cuál es el plan? ¿Cómo gano? ¿Qué es lo que quiero contar y cómo voy a hacerlo? La idea de un mazo midrange es sobrevivir los primeros turnos con todos los recursos necesarios, y empezar a soltar bombas una detrás de otra, con las que ganar abrumando al rival. Y quería contar una historia de crecimiento personal, de errores, de cómo nos abruman las responsabilidades.

Una vez que tienes la idea central, tienes que estructurar. ¿Cómo se desarrollará la historia/partida? Empiezo a preocuparme por las similitudes (jamás habría pensado que el mazo y la historia fuesen tan paralelas), pero en ambos casos empieza lento, intentando sobrevivir a las primeras oleadas de apatía lectora. Al poco llegan los vampiros para meter un poco de caña, y según avanza, empiezo a soltar la artillería pesada. Dragones. Piromantes. Bestias abominables con tentáculos.

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El arte de Magic es brutal, en cualquier caso.

Dios el parecido se está volviendo escalofriante.

Y una vez que tenemos eso, podemos empezar a construir, lo que lleva mucho tiempo de ensayo y error. Escribir el mazo y probarlo una y otra vez. Sacar cartas del libro y meter otras, a ver qué tal funciona. Jugar contra otras personas a ver qué tal les parece el protagonista, y se lo pasas a tus lectores beta a ver si te odian mucho por bajarle un dragón que le mata en tres turnos y que le impide jugar cartas que ya te haya matado.

Y bueno, tras mucho probar y escribir, lo terminas. Primer borrador. Lo pruebas en un torneo pequeño. Te parten la cara, o te sale bien y quedas tercero. A los lectores les gusta o lo aborrecen. Segundo borrador, cambias cosas. Otra prueba. Y así hasta que parezca que está totalmente refinado. Sabes que tu libro no es perfecto, pero no quieres cambiar nada más. El mazo no es totalmente perfecto, pero estás cómodo jugándolo y te divierte.

Le acabas cogiendo cariño a sus pequeños defectos. Sí, llevo una copia de voz del tormento, a falta de una segunda hacha de relámpagos. Sí, uso un flashback de 6000 palabras en POV de un personaje que no aparecerá más en el resto de la novela en el 3/4 de la historia.

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Mis dieces a Wizards por lo genial que son las dos últimas ampliaciones. Es difícil hacer más referencias a Lovecraft.

Pero eh, funciona.

Jugar a Magic es como escribir, muy distinto dependiendo de qué intentes hacer con ello. Si quieres ganarte la vida, vas a tener que currar mucho, invertir, y ser muy bueno. Si quieres ganar algún pequeño torneo de vez en cuando y gustar a algunas personas, tendrás que currártelo (mejor si imitas a los más exitosos), pero se puede conseguir con tu propio estilo. Y si quieres divertirte, solo tienes que hacer lo que te dé la gana, siguiendo tu instinto.

Hay muchos más paralelismos. Hay muchos formatos de magic, con sus ampliaciones por temporadas, y los tipos de mazos más exitosos van rotando de vez en cuando. Hay gente obsesionada con tribus como los elfos, otros que gustan de mazos más complejos o simples…

En cualquier caso, no importa si al final ganamos o no. Lo importante es divertirse jugando y leyendo. Construyendo mazos y escribiendo.

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Y por supuesto, hacer memes de nuestra alabada Emrakul, diosa del hentai.

Y oye, lo siento por esta ración de frikismo, pero bueno. Me gustan las magic. Y encuentro paralelismos por todas partes. Y si habéis soportado mis entradas sobre anime, ¿por qué no intentarlo? Espero que os haya gustado mucho, demostradlo compartiendo y comentando.

Y sobre todo, si queréis recibir una entrada exclusiva al mes sobre personajes y fantasía, no os olvidéis de suscribiros a mi lista de correo. 

Para terminar, yo me pregunto… ¿Y si hay algún jugador de magic comparando la construcción de mazos con escribir un libro?

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¡Aquí hemos venido a construir mazos!

 

Los 12 mejores posts del primer año de Lecturonauta

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¡Lecturonauta cumplió 1 año en marzo! Y como yo pensaba que era en mayo, pues aquí estamos. Lento que es uno.

Espero compensaros con esta recopilación de los 12 mejores posts de Lecturonauta. Han sido unos quince meses que se me han pasado volando. El blog sigue creciendo cada día más, ¡y espero que no se detenga!

Me gustaría agradecéroslo a todos los que venís aquí a echar un vistazo a qué locuras se me han ocurrido o he robado a otros escritores, cada lunes y jueves. A todos los que comentáis los artículos y aportáis un poco cada día, ya sea a través de twitter o facebook. A todos los blogueros a los que sigo y a los escritores que inspiran estas entradas. Muchas gracias a todos por haber hecho de este blog algo tan especial para mí, y algo que espero que ayude a mucha gente.

Oh, a los que os quedéis hasta el final os daré un consejillo de escritura. Así como regalito.

Sin más dilación, ¡Los 12 mejores posts de Lecturonauta, temporada 15-16!

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9 Cosas que he aprendido de mi reto escritor de vacaciones

e5c0354d-9e94-49f9-81c3-f4ba404fcf2bEsta semana de vacaciones la venía necesitando desde hacía bastante tiempo. Y me ha sentado de muerte, qué queréis que os diga.

Al principio de las vacaciones hice una apuesta sobre pizza. Si era capaz de terminar la novela (80.000 palabras más o menos me quedaban), me invitaban a pizza. Si era capaz de llegar hasta el capítulo 16, se pagaba a medias, y si no llegaba hasta ahí, tenía que pagar yo.

*Saca su cartera*

En unos ocho días he conseguido escribir 25.000 palabras. Es una proeza importante, y si pudiese mantener ese ritmo sería capaz de escribir desde cero una novela tan larga en algo menos de 10 semanas.

En cualquier caso, siento que he avanzado bastante (y que cada escena que parecía pequeña se alarga de manera brutal, eso también) y me siento orgulloso. Cuando podía ponerme un buen rato podía alcanzar la cifra de 4mil al día, y he aprendido muchas cosas, entre ellas mi ritmo medio por hora. Y aparte de para contaros la sorpresa que ya os prometí por twitter (¡tendréis que esperar hasta el final para descubrirla!), este post es un resumen de todo lo que he aprendido con este nanowrimo improvisado.

Oh, y antes de empezar, Lecturonauta ya tiene página de Facebook. ¿Por qué no le echas un vistazo?

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