Anuncio: Rendirse…

Como estudiante de psicología tengo el horrible privilegio de entender los procesos de mi cabeza. Y es impresionante lo poco que importa eso cuando uno pasa por algún bache emocional.

La evolución tiene muchas cosas buenas, pero cuando la combinamos con la evolución cultural y tecnológica, cosas que tendrían que ser útiles se convierten en cosas que nos perjudican. Un ejemplo muy claro: En el pasado, paralizarse ante un peligro inminente como un depredador podía evitar que te hiciese daño. Ahora, cuando el peligro inminente es un coche a punto de atropellarte, huir sería algo mucho mejor.

A lo largo de la evolución, la emoción se demostró mucho más poderosa que el razonamiento. El sistema emocional tiene un contrato de exclusividad con nuestro cerebro, y por ello tiene el derecho de opinar sobre algo que nos pasa antes incluso de que el razonamiento se entere de qué está pasando.

En resumen: La emoción tiene el poder de sobrepasar a la razón.

Y conseguir lo contrario es una tarea titánica que no siempre funciona.

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Hace unas semanas hice un hilo bastante deprimente en twitter, sobre lo mucho que envidiaba a todas aquellas personas que tenían éxito y publicaban con una editorial, lo mal que me sentía algunos días por sentir que no estaba llegando a ninguna parte… Y llegué al punto de decir que mi escritura no valía nada, que la autopublicación era rendirse y aceptar el fracaso, y más cosas por el estilo.

Cuando creamos, es normal tener miedo. Una pequeña lista de miedos a los que nos enfrentamos a la hora de escribir, o publicar, o incluso solo mostrar lo que nos sale de dentro:

  1. ¿Y qué dirán o pensarán sobre mí?
  2. No voy a gustarle a nadie, todos van a odiarme…
  3. ¡No está bien escrito!
  4. Soy una farsa, la gente se cree que soy mejor de lo que realmente soy…
  5. ¡Ya hay mucho escrito sobre esto! ¿Por qué iba a alguien a interesarse en lo mío?
  6. ¡Nadie más ha escrito sobre esto! Será porque es una mala idea que no le interesa a nadie…
  7. ¡Es demasiado distinto a lo habitual, es muy arriesgado!
  8. Lo que yo haga no le importa a nadie…

Es normal tener miedo, pero no podemos dejarnos doblegar por él.

¿Qué hacer?

Hay que imponer a la razón sobre la emoción.

1: ¿Y qué dirán o pensarán sobre mí?

Si muestras tu trabajo, no puedes evitar que la gente piense o diga cosas sobre ello. La gente te va a juzgar, hagas lo que hagas. Esto hay que aceptarlo.

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“¿Has visto a ése? ¡Qué pringao! Usa la primera persona en lugar de la tercera…”

Sin embargo, hay un matiz importante cuando hablamos de mostrar una obra que tenga algún tipo de polémica. Ya sea por cuestiones políticas, por opiniones, o por… TÓRRIDAS ESCENAS DE SEXO, es muy habitual preguntarnos qué es lo que pensarán de nosotros al leer esto. ¿Qué dirán nuestros padres al ver como estos dos hombres de cuerpo escultural se envuelven en un fogoso abrazo de pasión desmedida?

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Este Bryan sabe de lo que hablo. (Podéis leer esta breve joya aquí)

Aquí yo solo puedo dar un consejo: Muestra aquello por lo que no te avergonzaría ser reconocido. Aparte de la incertidumbre inicial, yo no tengo ningún problema con que se me reconozca por mis escenas de sexo, ya que intento que sea un sexo sano y consensual (no siempre puede ser seguro en las historias, ¡pero si en vuestro universo existe, usad algún método de barrera como los preservativos!). Lo mismo puede pasar con mis ideas políticas, de género…

Hay que mostrar aquello de lo que estamos hechos, siempre que sea algo de lo que estemos orgullosos de ser (y hay que estar abiertos a la autocrítica, uno puede estar muy orgulloso de ser nazi pero igual que tienes derecho a decirlo, el resto del mundo el mismo derecho a decirte que eres un monstruo por desear que otras personas sufran solo por ser lo que son. En ese caso tienes que pensar en que a lo mejor el resto del mundo tiene razón (Nota: tienen razón)).

2: No voy a gustarle a nadie, todos van a odiarme…

Este miedo es uno de los más habituales… ¡Pero recuerda, tenemos que guiarnos por la razón, no por la emoción! Aunque sea habitual, es un miedo que no tiene ningún sentido. Siempre que aparezcan las palabras “nadie” o “todos”, estamos ante una creencia irracional, como ya expliqué en este artículo. Y esta es una creencia muy ilógica: No se le puede gustar a todo el mundo, y es imposible que todo el mundo te odie. Incluso las personas más odiadas de la humanidad tienen a sus partidarios.

Respecto a lo de gustarle a todo el mundo, si lo pensamos bien, ni siquiera es algo necesario. Lo importante es gustarle a tu público objetivo. Tu público objetivo es ese grupo de personas con unas características concretas (edad, intereses, experiencias, género, etc…) a las que va dirigida tu obra. Ni siquiera tienes por qué gustarle a todo tu público objetivo, aunque tu obra tendría que tener uno. Tu público objetivo puedes ser tú mismo o tú misma (como es mi caso).

Dependiendo de cómo trabajes, lo normal es que no muestres tu historia al mundo hasta que sabes que le va a gustar a una porción de tu público objetivo (para eso están los lectores y lectoras beta), así que si no le gusta a tu público objetivo, es que todavía te queda trabajo por hacer y no es el momento de mostrar tu obra.

3: ¡No está bien escrito!

Vale, de acuerdo, este es un miedo legítimo. Sin embargo, es un miedo contra el que se puede hacer algo. Revisa y edita tu texto. Contrata a una persona que trabaje de correctora, si puedes permitírtelo.

Vale, ya está, revisado una vez más. Te has dejado los ojos de tanto revisar. Y… sigues pensando que no está bien escrito.

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“¡No está bien escrito!” Y la de atrás con cara de “¿PERO QUÉ HACES, LOCA, SI ES GENIAL?”

Esta inseguridad también es muy habitual. Nuestro ojo crítico siempre estará por encima de nuestras habilidades actuales. Puedes ver que algo está mal, pero no tienes la habilidad para corregirlo.

Mira, aquí no queda otra que resignarse: Has hecho todo lo que has podido. Nunca será perfecto. Pero así está bien y así es como debe ser. Si te quedas revisando, jamás lo mostrarás al mundo. Haz de tripas corazón y acéptalo, porque esto es inevitable y hasta los mejores escritores y escritoras piensan que siempre hay algo que se puede mejorar. Pero cuando lo mejores encontrarás otra cosa, y otra cosa… Hay que saber cuándo decir adiós al texto y lanzarlo al mundo tal como está, con los posibles errores que pueda tener.

4: Soy una farsa, la gente se cree que soy mejor de lo que realmente soy…

Esto es tan habitual que hasta tiene un nombre: Síndrome del impostor. Y está muy relacionado con el punto anterior: Nuestro ojo crítico siempre estará por encima de nuestra habilidad. Y claro, nosotros vemos nuestros fallos y los magnificamos, cuando otras personas ven nuestra habilidad y se asombran por lo que podemos hacer. Creemos que somos peores de lo que realmente somos.

El síndrome del impostor puede salir por muchas razones. Por ejemplo, cuando se consigue un gran éxito de la noche a la mañana, o en poco tiempo. Cuando una persona se convierte en alguien importante dentro de un mundillo sin darse cuenta, y el resto de personas vienen en busca de consejos, o idolatrándola, es muy habitual sentir que no se merece lo que se ha conseguido, y que el mundo busca consejo en nosotros cuando somos los que más perdidos estamos.

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Un grafiquito. A la izquierda, cómo de bueno te crees, y abajo, cómo de bueno eres. El efecto Dunning-Kruger es lo contrario: creer que somos geniales y cuando no sabemos hacer la o con un canuto.

Es difícil escapar de las garras del síndrome del impostor. A veces es imposible. La razón no siempre puede vencer a la emoción.

Pero a veces podemos encontrar datos objetivos. En la escritura hay mucha subjetividad, pero en algunas cuestiones podemos encontrar un poco de objetividad. La habilidad técnica es algo que no se puede ignorar como algo subjetivo. La constancia, los logros, eso está ahí, y es una prueba de que hemos hecho algo. Para derrotar al síndrome del impostor estos pueden ser unos buenos aliados.

5: ¡Ya hay mucho escrito sobre esto! ¿Por qué iba a alguien a interesarse en lo mío?

Esta es una de las mayores muestras de que no somos racionales.

Si hay mucho escrito sobre un tema, es porque a la gente le interesa ese tema. Y si a la gente le interesa ese tema, le va a interesar lo tuyo.

Ahora bien, hay un miedo agazapado aquí detrás. Si hay tanta competencia, ¿por qué iban a elegirme a mí entre el resto de alternativas? Y es un miedo legítimo, porque esta es una pregunta que hay que hacerse seriamente.

¿Qué les aportas tú que no les esté aportando nadie más? Cuando halles la respuesta a esta pregunta, sabrás por qué alguien va a interesarse por lo tuyo.

6: ¡Nadie más ha escrito sobre esto! Será porque es una mala idea que no le interesa a nadie…

Este es otro miedo legítimo. Sí, es posible que no haya nadie más que haya escrito sobre eso porque no es un tema que le interese a alguien.

Sin embargo, esta soledad puede ser tu gran aliada. No hay nadie compitiendo en tu terreno. Toda la gente interesada en ese tema está tirándose de los pelos porque nadie escribe sobre eso. De primeras, ya tienes a un grupo de personas con necesidad de lo que tú escribes. Eso es un buen público objetivo.

Mucha gente está ya harta de lo estancada que está la literatura, sobre todo en ramas tan “imaginativas” como pueden ser la fantasía y la ciencia ficción. Ofrécenos algo nuevo, diferente, y como mínimo te aseguro que le echaremos un vistazo.

Y si todo eso falla… no pierdas la esperanza. Si nos lo presentas con entusiasmo, de manera entretenida, puedes conseguir que nos interesemos por algo nuevo y que desconocemos por completo. El mejor ejemplo de esto, en los años recientes, sería el anime Yuri on Ice!!!, que ha conseguido que un montón de personas miren el patinaje artístico con otros ojos.

Ser una persona que ofrece algo único es… único. No dejes que eso te desanime, deja que sea aquello que te da alas.

7: ¡Es demasiado distinto a lo habitual, es muy arriesgado!

Esto puede no ser cierto, puede que solo estés exagerando sobre lo arriesgado que es… por ejemplo, escribir una historia en segunda persona, o usar el femenino plural como inclusivo. Ya se ha hecho varias veces, y aunque fueron jugadas arriesgadas en su tiempo, son herramientas que podemos usar perfectamente, siempre que sepamos cómo.

Pero a veces tienes razón. A veces tomamos decisiones arriesgadas. Rompemos con las normas establecidas. Hacemos algo que no se ha hecho nunca, algo que, si no conseguimos mantenernos en equilibrio sobre la fina línea de la catástrofe y el éxito, nos hará caer en el lado malo. Y por supuesto, nos da miedo, porque no sabemos si cuando nuestra obra salga fuera, caerá del lado del éxito o de la catástrofe.

Sí, es muy arriesgado. Pero sin riesgo, no hay recompensa.

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Las personas detrás del juego Horizon: Zero Dawn sabían que hacer que su protagonista fuese una chica normal no sexualizada era un movimiento que se consideraría arriesgado dentro de la industria. Ya se está ganando odio de los machistas que la tildan de fea, pero es uno de los juegos que me muero por jugar (yo, y miles de chicas que agradecen una protagonista con la que identificarse).

A veces nos caeremos, pero otras veces triunfaremos. Y lo mejor es que si nos caemos, siempre podemos volver a levantarnos. Tenemos los lectores beta para hacer la prueba, y si vemos que es un fracaso absoluto, podemos reconstruirlo antes de lanzarlo de verdad al mundo.

Es importante valorar los riesgos, y es importante saber cuándo podemos ser atrevidos. Aquí cada cual decide si quiere o no correr esos riesgos, pero si lo único que te echa atrás es el riesgo de ser demasiado atrevido o atrevida, demasiado experimental… te estás dejando arrastrar por la emoción. Acepta las posibles consecuencias si todo sale mal, y lánzate a la piscina.

8: Lo que yo haga no le importa a nadie…

Si no le importa a nadie, ¿qué es lo peor que puede pasar? ¿Qué alguien lo encuentre y le empiece a importar?

Al principio, cuando empezamos, no le importamos a casi nadie. A veces, ni siquiera la familia o amigos están ahí. Os lo digo por experiencia: Cuando empecé, en mi entorno más cercano no le importaba a nadie lo que escribiera. Solo un par de amigos de entonces me han leído (y con un par, me refiero literalmente a 2). Cuando empecé este blog, por supuesto que tampoco le importaba mucho a mi entorno. No había nadie que escribiese, y mucho menos personas interesadas en el mismo tipo de libros que yo. Pero bueno, yo seguí.

Y aquí estamos. Hace casi ya 2 años no le importaba a nadie. Hoy…

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El viernes pasado estuve en la presentación de Rojo y Oro, de Iria y Selene (mi reseña aquí), y tuve dos muestras de que realmente yo le importaba a la gente. La primera vino de mano de Aruv Lightwood (Enlace a su blog), que me dijo que soy más conocido por el mundillo de lo que me creo realmente. El segundo, es que por primera vez en estos dos años, una persona a la que no conocía de nada, ha venido a saludarme porque me sigue (fue un detallazo, Santiago) y dice que le gusta lo que hago.

Aunque no lo creamos, sí que hay gente a la que le importa lo que hacemos. Otra vez, la emoción intenta hundirnos, decirnos que no valemos para nada y que lo que hacemos no le importa a nadie. Pero normalmente no es verdad, y cuando es verdad, solo lo es de manera temporal. Es normal que al principio no nos conozcan. Y eso se arregla enviando material al mundo, conectando con la gente a la que le interesa lo que contamos y escribimos.

Estas son las pocas claves que puedo daros para combatir la emoción con la razón.

En muchos casos, la emoción no se puede suprimir, y la razón no basta para sobreponerse. En mi última recaída, ya sabía que la sinceridad de las personas que me aprecian no bastaba. No importaba lo mucho que me dijesen que lo que hago es genial y que merece la pena. Mi desesperanza no atendía a razones. No le importa en absoluto lo que le digan. Rechazará todas las pruebas en su contra, y tomará como válido cualquier pequeño argumento a favor. La emoción es escéptica de todo lo que no vaya acorde con sus ideas.

Esos sentimientos no desaparecen con la experiencia, ni con los éxitos. Autores y autoras con muchos logros a sus espaldas sienten lo mismo que tú, esa inseguridad y ese miedo que intenta atenazarnos desde dentro. Y cuando la razón no es suficiente, cuando la emoción jamás va a marcharse de nuestro lado, ¿qué nos queda por hacer?

Actuar como si no existiese. No permitir que forme parte de nuestras decisiones. No hay que ignorarla, pero tampoco hay que dejar que se adueñe de nosotros.

Yo también tengo muchos de estos pensamientos, pero intento que no me afecten.

Uno en concreto está clavado en lo más profundo de mi ser. Sigue ahí, con sus zarcillos tóxicos enredados en mis entrañas.

Si no te publica una editorial grande, no mereces la pena.

Me gustaría decir que después de todo lo que he aprendido ya no pienso así, pero sería mentira. Por mucho que la razón (y la experiencia de otras personas) me diga que no, que la editorial no significa nada a nivel de calidad y solo es un factor en temas de distribución, en mi fuero interno sigo pensándolo, aunque a veces no me dé cuenta. Porque intento alcanzar esas editoriales grandes, porque miro a las pequeñas con decepción. Aunque no lo diga con palabras ni lo piense, mi conducta me asegura que eso es lo que pienso.

Me importa más ser aceptado por una editorial que ser aceptado por la gente que de verdad me lea.

(Joder, cómo ha dolido poner eso en palabras).

Pienso que si no publico con una editorial grande, seré un fracaso.

La autoedición es rendirse

La autoedición es la última salida de aquellos que no lo consiguen. Rechazados por las editoriales, su última opción es subir su libro a una plataforma, imprimirlo por su cuenta, con su propio dinero.

Esta es la parte que más me duele de todo. Toda mi vida he crecido oyendo que el trabajo de un escritor es escribir, que es la editorial la que tiene que encargarse de la maquetación, portada, distribución, márketing… y que todo eso tiene que salir de su bolsillo, no del nuestro.

Soy un estudiante sin más fuente de ingreso que el dinero de las becas. Autoeditar no solo se sentiría como un fracaso para mi tóxica parte emocional que quiere con locura una editorial, sino que además supone un esfuerzo económico que en mi fuero interno pienso que no tendría que salir de mi parte. No solo es un fracaso y una ruina a todos los niveles, sino que siento que ESTÁ MAL. Es algo incorrecto.

Y la razón me dice que todo esto es mentira, que son estupideces y mitos que he adoptado sin darme cuenta. La realidad me muestra que la autoedición bien hecha es una tarea titánica y que tiene mucho más mérito que publicar con una editorial. Las editoriales no son tan brillantes y deslumbrantes como mi cerebro piensa, hay problemas internos, no tienes control sobre muchas cosas, y es un mundo complicado en el que muchas veces intentarán aprovecharse de ti o de tu obra. Sigue siendo una opción, si sabes elegir bien la editorial y estás atento a las posibles trampas y roces, pero no es el triunfo épico que en mi interior creo que es.

Por eso he hecho caso de mi propio consejo, y he actuado como si estas emociones, estos miedos e inseguridades no existiesen. Yo, el que solo siente que las editoriales son el éxito y la autoedición es rendirse…

  • Voy a autopublicar una historia corta en digital.

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Si no podéis con la emoción, actuad como si no existiera. Funciona.

Cómo protegerse de las ideas irracionales que nos hacen vulnerables a la ansiedad y la depresión

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Las ideas irracionales son creencias que tenemos las personas, y que nos hacen vulnerables a la depresión y a la ansiedad. En muchos casos, estas creencias son la raíz del problema, por lo que algunas de las técnicas clínicas en los casos de ansiedad y depresión se basan en atacar estas creencias.

Quiero compartir con todos vosotros estas creencias, qué tienen de perjudicial, y cómo empezar a eliminarlas de nuestro sistema para protegernos contra ellas. Cuando leas la lista, es posible que te des cuenta de que cumples muchas de ellas. No eres la única persona que marca tantas. Mucha gente que conozco que cumple 7 de 11. No es raro cumplirlas todas. Pero cuantas más cumplas, más vulnerable eres ante la depresión y la ansiedad, y si con este artículo consigo que al menos una persona escape de las garras de la depresión o la ansiedad, habrá merecido la pena cada palabra.

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Psicología aplicada a la ficción: Afrontar los problemas

Math pun intended :3

La vida es injusta, y eso no lo puedo cambiar. Lo que sí que puedo hacer es intentar que este artículo os ayude en vuestro ámbito personal, por lo que dejaré que extrapoléis por vosotros mismos todo esto a la ficción, para que sea más accesible para todos. Hoy vamos a hablar de cómo afrontar los problemas. Seguir leyendo