MiniPsicología aplicada a la escritura – La atribución causal y el talento

El talento puede existir o no. Puede ser la diferencia entre los buenos escritores o puede no serlo.

Yo tengo una definición personal de talento. Para mí, el talento en una actividad sería el conjunto de habilidades y conocimientos de otras actividades o campos que se pueden transferir a la actividad que se está tratando.

Por poner un ejemplo, digamos que yo tengo talento escribiendo personajes. En mi caso concreto, ese talento nacería de todas las habilidades y conocimientos de otros campos (que no son la escritura) que puedo transferir a la creación de personajes. Y en especial, las tres fuentes principales de esas habilidades y conocimientos serían, por una parte, las dificultades de socialización que tuve en mi adolescencia (como todo lo que es comunicarme y demás con otra persona no me salía de natural, tuve que esforzarme en aprenderlo por mi cuenta), por otra parte, esos años que estuve haciendo teatro en el instituto (me ayudó a meterme fácilmente en la piel de otros), y por último, que la carrera que estoy estudiando consiste en el estudio de la conducta humana. Si yo tengo talento creando personajes (lo cual podría ser motivo de debate, no lo dudo) no es por otra cosa.

Si os fijáis, son aprendizajes concretos. Aprendizajes que, por suerte, puedo aplicar a la escritura con mayor o menor facilidad. Igual que alguien que ha estudiado música durante años tendrá mucho mejor sentido del ritmo en las frases que yo, el “talento” es parte de nuestro bagaje personal e intransferible.

Y creo que es algo que todos coincidimos en que, EN EL CASO DE QUE EXISTA, es algo inmodificable. Es algo que no se aprende y sobre lo que no tenemos ningún control.

Hoy os voy a hablar de la atribución causal.

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