Psicología aplicada a la ficción: ¿Cómo influye un texto en el lector?

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Creo que es fácil asegurar que la escritura surge por el deseo del escritor de transmitir algo a uno o varios lectores. Quedaos conmigo y hoy veremos por qué surge ese deseo, qué puede transmitir un escritor a un lector, y sobre todo, cómo puede influir eso en el lector. 

En mi primer artículo de psicología aplicada, que trataba el tema de la ironía, ya os hablé de la Teoría de la Mente. Que una persona tenga Teoría de la Mente significa que comprende que cada otra persona tiene mente propia, es un individuo como él con su propio mundo mental interno.

La Teoría de la mente (o ToM) se manifiesta desde una de las primeras expresiones sociales del ser humano: el acto de señalar. Si bien, en su comienzo, el acto de señalar se utiliza para ordenar algo a otra persona (un bebé señalando el chupete para que su madre se lo dé), pronto comienza a tener una función muy importante para nuestro desarrollo humano: Atraer la atención de la otra persona hacia algo que queremos que observe. A esto se le llama función referencial, y es la mayor prueba de que una persona tiene ToM.

Es decir, como seres sociales que somos, formamos vínculos compartiendo experiencias, algo que empieza señalando y que acaba evolucionando en formas más complejas de comunicación, como la trasmisión oral y la escrita.

Si bien podríamos argumentar que hay algo de ego involucrado (¡mira lo bien que escribo!), no podríamos negar que el acto de escribir por lo general tiene una función referencial. El escritor quiere compartir algo que está dentro de su cabeza con alguien en concreto. Ese alguien puede ser una única persona (incluso él mismo), o un público sin rostro al que llamamos lectores.

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¿A quién estás escribiendo?

Es una pregunta muy habitual que se hace al menos una vez a cada escritor que lleva un tiempo. Como ya hemos dicho, lo que subyace a todo esto de la función referencial es la relación entre dos seres. ¿Con quién estás intentando labrar una relación, y qué tipo de relación es? Es la misma pregunta, pero formulada de otra forma, cuya respuesta determina cómo escribimos.

Sci-Am-Mind-Caveman-My-Life-EditedUno puede escribir para sí mismo, y en ese caso la relación es algo ya establecido y consolidado. Escribir un diario es un buen ejemplo: Escribimos para un yo futuro que sabemos que nos aceptará con todo lo que pongamos en el papel. También puede escribir uno una historia para sí mismo, con la intención de satisfacer sus propios gustos literarios. En este caso, el escritor sabe que no hay censura posible, y que su escrito siempre logrará el efecto deseado en su lector.

Pero por lo general, aunque muchos escritores escriban historias que le gusten en primer lugar a ellos mismos (lo cual se basa más en la lógica “Tengo buen criterio, ergo una historia que me parezca buena será buena”), la intención es que otra persona reciba esa expresión de nosotros mismos. Como todos sabemos, escribir es algo muy íntimo por esa misma razón: Estamos dando una visión de lo que sucede en el interior de nuestra mente, el único lugar al que nadie puede entrar sin que nosotros queramos. En este caso, queremos formar una relación íntima con esos lectores. Les queremos dar acceso a nuestra mente, aunque sea en una pequeña porción.

writerEl escritor puede querer ser una especie de guía, que conduce al lector para que disfrute una historia. 

También están los escritores comerciales. La relación que buscan es la de satisfacer a su lector, por lo que hay menos función referencial involucrada: El lector quiere leer esto (digamos, por ejemplo, las características de un ordenador portátil, qué ha sucedido el fin de semana en la capital, o una historia romántica genérica) y yo se lo ofrezco para su consumo. Por supuesto se puede ver que la intención es establecer una relación comercial.

Hay más relaciones posibles, como la de aspirante a la cima literaria contra un jurado académico (escribir una novela que sea estilísticamente buena, por ejemplo), pero está claro que en todos los casos hay una interacción muy específica: La expresión que se da del escritor al lector.

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La literatura es un arte. Y aunque no hay una acepción consensuada de lo que es arte, os daré la que más me ha convencido a mí: El arte es cualquier producción humana cuyo objetivo principal sea la transmisión de sentimientos, emociones e ideas. Y por mucho que le desagrade a los detractores del arte abstracto, si a la gente unos televisores rotos les parece que simbolizan el fin de la cultura occidental, eso es arte. Y si una lata con mierda de artista es arte es porque expresa fielmente en qué se ha convertido el arte en los últimos años: Si cualquier mierda tiene la firma de un artista de renombre se convierte en arte.

Volvamos al punto, que me pongo a divagar: El arte cumple una función referencial. El artista quiere que el espectador sienta lo que él siente… Aunque no siempre. A veces, el artista busca producir unas emociones específicas en el espectador, que no tiene por qué haber sentido en sus propias carnes.

¿Qué puede transmitir un escritor a un lector?

Como la literatura es un arte, empezaremos con las emociones, sentimientos e ideas. Una de las ventajas del lenguaje sobre cualquier otro medio de expresión es que es abstracto y arbitrario. Y quizás os dieran la chapa con eso en lengua castellana y literatura, pero vuelvo a repetir lo importante que son estas dos etiquetas.

Que sea el lenguaje sea abstracto significa que podemos nombrar y concretar conceptos que no son fáciles de ver en la realidad, o que directamente son imposibles por nuestra forma de relacionarnos con el entorno. Conceptos o ideas como la libertad o la justicia, por ejemplo, son fáciles de expresar mediante esas propias palabras. Esto también incluye la mención de cosas que no están presentes, lo que nos permite hablar sobre algo que ha sucedido, sucederá, o que ni siquiera existe. Que el lenguaje sea abstracto nos permite relatar cosas que no existen, que es más o menos el vehículo de la literatura.

Por otra parte, el lenguaje es arbitrario, lo que quiere decir que no hay una relación entre la palabra (más concretamente, el sonido) y el objeto real. Si no fuera arbitrario, el lenguaje sería una locura gracias a que tendríamos que usar palabras muy largas para objetos largos, palabras muy ruidosas para objetos ruidosos…

En conjunto, podemos crear cosas que no existen y nombrarlas como nos apetezca. Sin ello, la escritura como la conocemos no existiría. Esto va desde lo más básico, como el nombre de un personaje ficticio, a algo mucho más grande como el concepto de vampiro.

Y aunque esto del lenguaje es un poco divagación mía, es el tipo de cosa que no está mal recordar, aunque sea por eso de la cultura general. No, ahora en serio, es importante saber las capacidades que tenemos, como escritores, para transmitir. Y una de las ventajas que tiene el lenguaje es la capacidad de hacer imaginar cosas que no existen. O incluso cosas que son imposibles.

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Os pondré un ejemplo. Para nosotros, como humanos que somos, es imposible imaginar cosas que superen nuestros sentidos. Por mucho que lo intente, un pintor o cinematógrafo no puede conseguir que nuestro cerebro perciba colores más allá de nuestro espectro. Y bueno, un escritor tampoco puede, para qué nos vamos a engañar, pero sí que puede meter en nuestras mentes un concepto tan alienígena como un color que se salga de nuestro espectro y conseguir que lo aceptemos. Y le daremos nuestra tonalidad en nuestra cabeza. Terry Pratchett, con su color octarino, consiguió que muchos lectores imaginasen un color que no existe.

Y como siempre que se habla de espectro de colores hay que mencionar a la langosta mantis, aquí os la pongo con foto. Mientras que tenemos tres pigmentos de color en el ojo, las mantis shrimp tienen 16.

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mantis_shrimpUna de las capacidades de la langosta mantis es que puede ver presas invisibles para el resto de seres, y también puede transmitir señales invisibles que solo otras de su especie pueden ver. 

¿Qué puede transmitir un escritor a un lector? Volvemos a preguntarnos, sabiendo ya las limitaciones.

Aquí es cuando la cosa se pone realmente psicológica. Para comprender qué puede transmitir un escritor a un lector, hay que conocer cómo funciona nuestro cerebro cuando leemos. Hay una gran diferencia entre leer ficción y no ficción, que consiste en la suspensión de la incredulidad. Esto es, damos por verídicas y posibles todas las cosas de la historia (como por ejemplo, la existencia de alienígenas), y nos sumergimos en ella. Y cuando nos sumergimos en una historia, nos la imaginamos como si estuviera pasando de verdad, pues la lectura de ficción aumenta el pensamiento imaginativo.

Nuestro cerebro puede interpretar realmente lo que sucede en la historia como si estuviese pasando de verdad. Dejando de lado el poder de la autosugestión (que puede producir cosas tan impactantes como un orgasmo sin ningún tipo de contacto físico), las historias de ficción activan procesos neurales correspondientes a problemas de la vida real que son similares a los de la historia.

Cuando una persona lee un texto de ficción y se sumerge en él, las redes neuronales se activan, produciendo una simulación de los eventos que suceden en la historia. Por último, el lector integra lo que ha leído con modelos mentales ya existentes. Es decir, que todo lo que leamos que refleje algo del mundo real (como por ejemplo, la forma de comportarse en público, o el funcionamiento de una conversación) se archivará en nuestra memoria junto al resto de comportamientos parecidos que realmente hayamos vivido. Las experiencias que leemos se integran con el resto de experiencias que hemos vivido.

Sin embargo, para que un escritor pueda transmitir algo a un lector, éste último debe sumergirse por completo en la lectura. ¿Cómo se consigue eso?

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Podríamos debatir eternamente sobre qué se produce primero: ¿La viveza con la que se lee en un texto produce inmersión o es la inmersión la que produce esa sensación de que el texto está vivo? Sin embargo, tanto la viveza del texto como su inmersión son cosas totalmente subjetivas que varían de lector a lector. Por tanto, es difícil saber cómo conseguir que un lector se meta de lleno en la lectura. Pero algo sabemos, y ese algo tiene mucho que ver con la empatía.

Podríamos decir que hay dos maneras (principales) de sumergirse en una experiencia narrativa. Una es viviéndola en primera persona, como podríamos hacer mediante un videojuego en el que nosotros somos el personaje protagonista, o trasladándolo al terreno narrativo, novelas en las que el lector es el protagonista (como los libros elige tu propia aventura, o las novelas en segunda persona). Otra es a través de un personaje con el que empatizamos.

Uno de los mayores descubrimientos de la ciencia en el campo de la psicología es la existencia de las llamadas neuronas espejo. Estas neuronas se activan cuando vemos a otras personas hacer cosas, entre otras funciones.desktop11Así es como más o menos se descubrieron (por azar) las neuronas espejo. 

Son las neuronas de la empatía, para que seamos claros. Y como ya hemos dicho, con la lectura se activan las redes neuronales. Es decir, que con los personajes de una historia, nuestro cerebro actúa como si fueran personas reales.

Hay estudios que demuestran que la lectura de ficción aumenta nuestra capacidad empática (Bal PM, Veltkamp M (2013) How does fiction reading influence empathy?). Si llegamos al nivel suficiente de empatía, nuestro cerebro reacciona a los sucesos que ocurren a esa persona con la que empatizamos como si fuésemos nosotros mismos. He podido comprobar esto en mis propias carnes, ya que cuando mi novia se hace daño (o yo veo que se hace daño) el que suele decir “au” soy yo. Y es algo automático, yo no siento dolor alguno, pero mi cuerpo ha reaccionado como si lo sintiera. Con la lectura pasa lo mismo.

Excepto en el caso de que escribamos algo en segunda persona o guionicemos un videojuego inmersivo, todo lo que queramos hacer sentir al lector pasa por un filtro: Los personajes.

tumblr_m63dw9AvOE1rrgw4xo1_500Trasladémoslo al terreno literario: No leo porque no tenga vida. Solo he decidido vivir muchas. 

La lectura permite la libre experimentación de sentimientos en un entorno controlado y seguro. Tal como ya sabes, a través de la empatía por un personaje el lector siente, en mayor o menor medida, lo que siente el personaje. La lectura de ficción además aumenta la capacidad empática por una sencilla razón: El personaje no existe, así que podemos empatizar con él sin deberle nada en absoluto. Si una persona está pasando por una mala racha, empatizar con él implica ayudarle, tomar alguna acción para resolver su problema y mejorar su estado de ánimo; lo cual puede provocar que a veces no empaticemos con ciertas personas por el problema que causaría ayudarlas.

Sin embargo, no hay nada que podamos hacer por los personajes, y eso es lo que determina que podamos ponernos en su piel. A través de un personaje, el escritor puede hacer que el lector sienta mil cosas diferentes. Sin embargo, no solo se pueden transmitir sentimientos a partir de la escritura.

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Nuestro cerebro recuerda mejor los hechos ordenados como historias. Esto, según a qué autor le preguntes, se puede deber a que las personas ordenamos los sucesos en historias para codificar recuerdos (y como la historia de ficción ya está en ese formato es un paso que nos ahorramos). En cualquier caso, esto tiene toda la pinta de ser cierto y verídico, como demuestra el empeño que últimamente ponen los publicistas en contar una historia para vender su producto.

Así pues, la historia es el vehículo perfecto para transmitir ideas o incluso ideologías (bien que lo demuestra la biblia, ¿verdad?). Sin embargo, aunque un lector pueda tolerar un anuncio con historia que sólo pretende vender el producto, no tolerará por lo general un libro cuya historia solo tiene el propósito de transportar una idea que el autor quiere meterle al lector. En este tipo de casos, el lector prefiere que el autor le muestre la realidad (ficticia o no), incluso quizás su opinión sobre ella, y ya sacar sus propias conclusiones.

Un ejemplo sobre esto es, por ejemplo, dos historias sobre las drogas. En una se demonizan y ése es el único objetivo de la historia. En otra se muestra la realidad de las mismas, con sus efectos placenteros y sus consecuencias desgarradoras.

No es necesario que te haga adivinar cuál es más efectiva, se ha demostrado que las personas reaccionamos de forma opuesta cuando nos damos cuenta de que están intentando convencernos, y esto provoca que ignoremos datos reales sobre el asunto. Sin embargo, si presentamos a esa misma persona todos esos datos sin ninguna otra intención que mostrarle la realidad, es mucho más probable que esa persona cambie de opinión.

Transgress-the-Mind-Battle-for-Zendikar-MtG-ArtA la gente no le gusta que alguien intente hurgar en su mente, por eso mucha gente tiene una mala opinión de los psicólogos. 

Ya sabemos qué se puede transmitir a un lector y cómo, pero, ¿cómo influye un texto en el lector?

Hilemos primero con lo de intentar convencer a la gente. Hay dos vías para convencer a una persona: La vía afectiva y la vía intelectual. La vía afectiva consiste en hacer más bonito el mensaje que se intenta transmitir, y evocar sentimientos en el receptor. Sin embargo, esta vía sólo es efectiva cuando el receptor no tiene una decisión clara o la decisión que tiene que tomar es inocua y poco relevante en su vida. Por ejemplo, a elegir entre dos cajas de cereales idénticas en todo menos el dibujo de la portada, el receptor elegirá la que más le guste de los dos.

Sin embargo, esta vía provoca cambios a corto plazo que no suelen ser persistentes. Por desgracia, esta vía es más efectiva cuando no prestamos atención al mensaje, y suele quedar en nuestro cerebro de forma latente por más tiempo. Además, las personas con menos nivel cultural suelen ser más vulnerables a este tipo de convicción.

La vía intelectual, sin embargo, se basa en el mensaje. Busca que el mensaje sea el adecuado para lo que se intenta conseguir. Esta vía busca convencer a través de los argumentos. Volviendo al ejemplo de los cereales, si nos dicen que los del dibujo son mucho peores para la salud, un receptor preocupado por la salud elegirá los que no tienen dibujo. Si a otro receptor no le importa la salud, pero por ejemplo, sí el dinero, puede elegir una tercera caja de cereales más barata y cuyos cereales no están tan buenos, porque los argumentos de la caja (cuesto menos, aunque sepa un poco peor) le han convencido de ello.

El problema de la vía intelectual es que es directa. Si la persona no presta atención al mensaje, o decide ignorarlo directamente, no tendrá ningún efecto sobre ella, mientras que la vía afectiva es más eficiente cuando el receptor no está prestando atención al mensaje.

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La escritura puede hacer uso de las dos vías para influir en el lector. Puede ser a través de la vía directa, como hizo George Orwell en 1984 para advertirnos del peligro de la censura totalitaria, o a través de la vía indirecta, como hace cincuenta sombras de grey con todas las mujeres que están buscando una pareja abusiva a lo Christian Grey sin realmente saber que es abusiva. Como está en formato historia, nuestra mente recordará fácilmente lo leído, y más aún: lo archivará junto a nuestras experiencias similares como si hubiera sido auténtica.

Como todas las herramientas, puede ser algo bueno o malo. Creo que pocas cosas han provocado más tolerancia hacia el colectivo negro en América que Matar a un ruiseñor. Los libros pueden cambiar actitudes, para bien o para mal.

Pero bueno, dejaré de ser agorero: La lectura de ficción tiene además efectos beneficiosos sobre el lector. El primero de ellos ya lo hemos comentado: Aumenta la empatía. Lo que quizás no podías imaginar es que ese aumento de empatía puede durar semanas.

Sí, es cierto. Leer ficción nos convierte en personas más empáticas que si no leyéramos ficción. No creo que a nadie le sorprenda mucho la idea, pero quizás sí que haya sido demostrada experimentalmente (en el artículo ya mencionado antes). Este aumento suele ser causado por nuestra empatía hacia el personaje principal, pero también porque vemos y sopesamos distintos puntos de vista, e intentamos predecir las emociones y actitudes de otros personajes. Nos abrimos más.

Pero no solo aumenta la empatía, hasta cierto punto, una lectura de ficción con interacciones realistas puede ayudar a una persona a mejorar sus relaciones interpersonales (ya que aprende de ellas). La vista de distintas situaciones y acciones puede ampliar su capacidad de razonamiento y una ampliación de su espectro moral, ya que tanto en la vida como en la literatura, rara vez hay blancos y negros, en vez de muchos tonos de gris.

07fe655La lectura de ficción aumenta el pensamiento imaginativo y el pensamiento creativo.

También es un sitio seguro en el que las personas podemos experimentar emociones más fuertes. Según Goldstein, las personas reaccionan de manera más drástica a nivel emocional con las historias que en la vida real, porque en las historias no tenemos la necesidad de protegernos de las emociones, ni nos seguirán a la vida real una vez que cerremos el libro. El lector puede permitirse experimentar emociones fuertes sin que estas se transfieran a la vida real.

hughOtra forma de la que podemos influir como escritores en los lectores es inspirándolos. Y su inspiración creará cosas que inspirarán a otras personas…

Pero para que un lector sea influido por una historia, tiene que sumergirse en ella. Una vez que lo hagamos, podremos experimentar mil cosas distintas que ni siquiera son posibles en la vida real. Y todas esas experiencias nos cambiarán, aunque sea un poco.

Y como escritores, si conseguimos aunque sea provocar una emoción con nuestras palabras, significará que hemos tenido éxito en nuestro arte.

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Espero que te haya gustado mucho este post. No olvides pasarte por el resto de artículos de psicología aplicada (uno nuevo cada mes), y no dudes en comentar cualquier cosa que se te pase por la cabeza. Si te ha encantado y crees que esto podría ayudar a otras personas, compártelo por tus redes sociales, me harías un favor enorme. 

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7 thoughts on “Psicología aplicada a la ficción: ¿Cómo influye un texto en el lector?

  1. Javier Peñas 29 septiembre, 2015 / 8:58 am

    Excelente artículo, Guillermo. Es tan completo que temía (o esperaba) que entrases en aspectos bioquímicos de la “circuitería” cerebral; en este punto, te has quedado sabiamente en las neuronas espejo.

    Siempre me ha llamado la atención el mecanismo que convierte una historia en una realidad dentro de nuestras cabezas; gracias a estos artículos, estoy empezando a conocerlo y a aplicarlo en lo que escribo.

    Espero con mucho interés tus próximos artículos.

    Le gusta a 1 persona

    • GuilleJiCan 29 septiembre, 2015 / 10:26 am

      ¡Muchas gracias! La verdad es que no he profundizado a nivel bioquímico por dos razones muy simples: La gente pierde interés rápidamente aparte de los expertos que ya tienen una buena base, y que yo tampoco soy muy ducho en esas lides.
      Espero que te gusten mucho el resto de artículos si no los has visto todavía, y te espera uno de psicología cada mes, de momento sin falta. Ahora que ya he vuelto a las clases tendré mucho más material, así que espero ir a mucho mejor. ¡Gracias por leer!

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  2. J.J. Montenegro 22 abril, 2016 / 1:12 am

    Genial tu artículo Guillermo. Me fascina cuando aplican psicología a la escritura (aunque tú y yo sabemos que en realidad es la escritura la que es una aplicación de la psicología).

    Pensar qué quieres que llegue y a dónde, la mente o el “corazón”, es una los pensamientos que me persiguen cuando camino sin rumbo pensando y mezclando conocimientos para ver si doy con esa formula, si la hay.

    Sigue con estas entradas, son adictivas de leer.

    Le gusta a 1 persona

    • GuilleJiCan 22 abril, 2016 / 9:19 am

      Son complicadas, pero tengo intención de seguir con ellas. Gracias por tu apoyo, y muchas gracias por leer y comentar.

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  3. MPilar Gámez Hidalgo 19 septiembre, 2016 / 9:27 pm

    Estoy encantada de haber encontrado tu blog. Hace dos días terminé la lectura de un libro con un final que para nada me esperaba, y llevo dos día fuera de juego. Es la segunda vez en mi vida que me sucede de un modo tan, digamos que exagerado, y creo que ha sido por la sorpresa en ambos casos. Desde entonces estoy dándole vueltas a la pregunta de por qué empatizamos de esa forma con los personajes y la ficción, y más con unos personajes que con otros, y así es como he llegado aquí. Sólo puedo darte las gracias por compartir tus conocimientos con el resto del mundo, y por lo que a mí respecta, ayudarme a comprender lo que me está sucediendo a nivel psicológico. Un saludo

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    • GuilleJiCan 20 septiembre, 2016 / 12:05 am

      Gracias por tu emotivo comentario. Un saludo a ti también, y me alegro de haberte dado las respuestas que andabas buscando. No dudes en echar un vistazo al resto de artículos de psicología aplicada, estoy seguro de que alguno te gustará ^^

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