El yo, el superyó y el ello de Freud (y las aplicaciones del psicoanálisis en la escritura)

El otro día Rafa (también conocido como Dragón Mecánico) hizo un post sobre los cinco tipos de miedo en psicología (y una novela de terror de cada uno de ellos) y mencionó que con Freud y sus Yoes no hay quien se entere.

Y bueno, aquí estamos. Estamos de vacaciones, así que no esperéis las 5000 palabras que acostumbro a hacer con mi psicología aplicada, esto es un acercamiento básico y poco más.

El yo, el superyó y el ello de Freud (y las aplicaciones del psicoanálisis en la escritura)

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Anuncio: Rendirse…

Como estudiante de psicología tengo el horrible privilegio de entender los procesos de mi cabeza. Y es impresionante lo poco que importa eso cuando uno pasa por algún bache emocional.

La evolución tiene muchas cosas buenas, pero cuando la combinamos con la evolución cultural y tecnológica, cosas que tendrían que ser útiles se convierten en cosas que nos perjudican. Un ejemplo muy claro: En el pasado, paralizarse ante un peligro inminente como un depredador podía evitar que te hiciese daño. Ahora, cuando el peligro inminente es un coche a punto de atropellarte, huir sería algo mucho mejor.

A lo largo de la evolución, la emoción se demostró mucho más poderosa que el razonamiento. El sistema emocional tiene un contrato de exclusividad con nuestro cerebro, y por ello tiene el derecho de opinar sobre algo que nos pasa antes incluso de que el razonamiento se entere de qué está pasando.

En resumen: La emoción tiene el poder de sobrepasar a la razón.

Y conseguir lo contrario es una tarea titánica que no siempre funciona.

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Hace unas semanas hice un hilo bastante deprimente en twitter, sobre lo mucho que envidiaba a todas aquellas personas que tenían éxito y publicaban con una editorial, lo mal que me sentía algunos días por sentir que no estaba llegando a ninguna parte… Y llegué al punto de decir que mi escritura no valía nada, que la autopublicación era rendirse y aceptar el fracaso, y más cosas por el estilo.

Cuando creamos, es normal tener miedo. Una pequeña lista de miedos a los que nos enfrentamos a la hora de escribir, o publicar, o incluso solo mostrar lo que nos sale de dentro:

  1. ¿Y qué dirán o pensarán sobre mí?
  2. No voy a gustarle a nadie, todos van a odiarme…
  3. ¡No está bien escrito!
  4. Soy una farsa, la gente se cree que soy mejor de lo que realmente soy…
  5. ¡Ya hay mucho escrito sobre esto! ¿Por qué iba a alguien a interesarse en lo mío?
  6. ¡Nadie más ha escrito sobre esto! Será porque es una mala idea que no le interesa a nadie…
  7. ¡Es demasiado distinto a lo habitual, es muy arriesgado!
  8. Lo que yo haga no le importa a nadie…

Es normal tener miedo, pero no podemos dejarnos doblegar por él.

¿Qué hacer?

Hay que imponer a la razón sobre la emoción.

1: ¿Y qué dirán o pensarán sobre mí?

Si muestras tu trabajo, no puedes evitar que la gente piense o diga cosas sobre ello. La gente te va a juzgar, hagas lo que hagas. Esto hay que aceptarlo.

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“¿Has visto a ése? ¡Qué pringao! Usa la primera persona en lugar de la tercera…”

Sin embargo, hay un matiz importante cuando hablamos de mostrar una obra que tenga algún tipo de polémica. Ya sea por cuestiones políticas, por opiniones, o por… TÓRRIDAS ESCENAS DE SEXO, es muy habitual preguntarnos qué es lo que pensarán de nosotros al leer esto. ¿Qué dirán nuestros padres al ver como estos dos hombres de cuerpo escultural se envuelven en un fogoso abrazo de pasión desmedida?

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Este Bryan sabe de lo que hablo. (Podéis leer esta breve joya aquí)

Aquí yo solo puedo dar un consejo: Muestra aquello por lo que no te avergonzaría ser reconocido. Aparte de la incertidumbre inicial, yo no tengo ningún problema con que se me reconozca por mis escenas de sexo, ya que intento que sea un sexo sano y consensual (no siempre puede ser seguro en las historias, ¡pero si en vuestro universo existe, usad algún método de barrera como los preservativos!). Lo mismo puede pasar con mis ideas políticas, de género…

Hay que mostrar aquello de lo que estamos hechos, siempre que sea algo de lo que estemos orgullosos de ser (y hay que estar abiertos a la autocrítica, uno puede estar muy orgulloso de ser nazi pero igual que tienes derecho a decirlo, el resto del mundo el mismo derecho a decirte que eres un monstruo por desear que otras personas sufran solo por ser lo que son. En ese caso tienes que pensar en que a lo mejor el resto del mundo tiene razón (Nota: tienen razón)).

2: No voy a gustarle a nadie, todos van a odiarme…

Este miedo es uno de los más habituales… ¡Pero recuerda, tenemos que guiarnos por la razón, no por la emoción! Aunque sea habitual, es un miedo que no tiene ningún sentido. Siempre que aparezcan las palabras “nadie” o “todos”, estamos ante una creencia irracional, como ya expliqué en este artículo. Y esta es una creencia muy ilógica: No se le puede gustar a todo el mundo, y es imposible que todo el mundo te odie. Incluso las personas más odiadas de la humanidad tienen a sus partidarios.

Respecto a lo de gustarle a todo el mundo, si lo pensamos bien, ni siquiera es algo necesario. Lo importante es gustarle a tu público objetivo. Tu público objetivo es ese grupo de personas con unas características concretas (edad, intereses, experiencias, género, etc…) a las que va dirigida tu obra. Ni siquiera tienes por qué gustarle a todo tu público objetivo, aunque tu obra tendría que tener uno. Tu público objetivo puedes ser tú mismo o tú misma (como es mi caso).

Dependiendo de cómo trabajes, lo normal es que no muestres tu historia al mundo hasta que sabes que le va a gustar a una porción de tu público objetivo (para eso están los lectores y lectoras beta), así que si no le gusta a tu público objetivo, es que todavía te queda trabajo por hacer y no es el momento de mostrar tu obra.

3: ¡No está bien escrito!

Vale, de acuerdo, este es un miedo legítimo. Sin embargo, es un miedo contra el que se puede hacer algo. Revisa y edita tu texto. Contrata a una persona que trabaje de correctora, si puedes permitírtelo.

Vale, ya está, revisado una vez más. Te has dejado los ojos de tanto revisar. Y… sigues pensando que no está bien escrito.

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“¡No está bien escrito!” Y la de atrás con cara de “¿PERO QUÉ HACES, LOCA, SI ES GENIAL?”

Esta inseguridad también es muy habitual. Nuestro ojo crítico siempre estará por encima de nuestras habilidades actuales. Puedes ver que algo está mal, pero no tienes la habilidad para corregirlo.

Mira, aquí no queda otra que resignarse: Has hecho todo lo que has podido. Nunca será perfecto. Pero así está bien y así es como debe ser. Si te quedas revisando, jamás lo mostrarás al mundo. Haz de tripas corazón y acéptalo, porque esto es inevitable y hasta los mejores escritores y escritoras piensan que siempre hay algo que se puede mejorar. Pero cuando lo mejores encontrarás otra cosa, y otra cosa… Hay que saber cuándo decir adiós al texto y lanzarlo al mundo tal como está, con los posibles errores que pueda tener.

4: Soy una farsa, la gente se cree que soy mejor de lo que realmente soy…

Esto es tan habitual que hasta tiene un nombre: Síndrome del impostor. Y está muy relacionado con el punto anterior: Nuestro ojo crítico siempre estará por encima de nuestra habilidad. Y claro, nosotros vemos nuestros fallos y los magnificamos, cuando otras personas ven nuestra habilidad y se asombran por lo que podemos hacer. Creemos que somos peores de lo que realmente somos.

El síndrome del impostor puede salir por muchas razones. Por ejemplo, cuando se consigue un gran éxito de la noche a la mañana, o en poco tiempo. Cuando una persona se convierte en alguien importante dentro de un mundillo sin darse cuenta, y el resto de personas vienen en busca de consejos, o idolatrándola, es muy habitual sentir que no se merece lo que se ha conseguido, y que el mundo busca consejo en nosotros cuando somos los que más perdidos estamos.

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Un grafiquito. A la izquierda, cómo de bueno te crees, y abajo, cómo de bueno eres. El efecto Dunning-Kruger es lo contrario: creer que somos geniales y cuando no sabemos hacer la o con un canuto.

Es difícil escapar de las garras del síndrome del impostor. A veces es imposible. La razón no siempre puede vencer a la emoción.

Pero a veces podemos encontrar datos objetivos. En la escritura hay mucha subjetividad, pero en algunas cuestiones podemos encontrar un poco de objetividad. La habilidad técnica es algo que no se puede ignorar como algo subjetivo. La constancia, los logros, eso está ahí, y es una prueba de que hemos hecho algo. Para derrotar al síndrome del impostor estos pueden ser unos buenos aliados.

5: ¡Ya hay mucho escrito sobre esto! ¿Por qué iba a alguien a interesarse en lo mío?

Esta es una de las mayores muestras de que no somos racionales.

Si hay mucho escrito sobre un tema, es porque a la gente le interesa ese tema. Y si a la gente le interesa ese tema, le va a interesar lo tuyo.

Ahora bien, hay un miedo agazapado aquí detrás. Si hay tanta competencia, ¿por qué iban a elegirme a mí entre el resto de alternativas? Y es un miedo legítimo, porque esta es una pregunta que hay que hacerse seriamente.

¿Qué les aportas tú que no les esté aportando nadie más? Cuando halles la respuesta a esta pregunta, sabrás por qué alguien va a interesarse por lo tuyo.

6: ¡Nadie más ha escrito sobre esto! Será porque es una mala idea que no le interesa a nadie…

Este es otro miedo legítimo. Sí, es posible que no haya nadie más que haya escrito sobre eso porque no es un tema que le interese a alguien.

Sin embargo, esta soledad puede ser tu gran aliada. No hay nadie compitiendo en tu terreno. Toda la gente interesada en ese tema está tirándose de los pelos porque nadie escribe sobre eso. De primeras, ya tienes a un grupo de personas con necesidad de lo que tú escribes. Eso es un buen público objetivo.

Mucha gente está ya harta de lo estancada que está la literatura, sobre todo en ramas tan “imaginativas” como pueden ser la fantasía y la ciencia ficción. Ofrécenos algo nuevo, diferente, y como mínimo te aseguro que le echaremos un vistazo.

Y si todo eso falla… no pierdas la esperanza. Si nos lo presentas con entusiasmo, de manera entretenida, puedes conseguir que nos interesemos por algo nuevo y que desconocemos por completo. El mejor ejemplo de esto, en los años recientes, sería el anime Yuri on Ice!!!, que ha conseguido que un montón de personas miren el patinaje artístico con otros ojos.

Ser una persona que ofrece algo único es… único. No dejes que eso te desanime, deja que sea aquello que te da alas.

7: ¡Es demasiado distinto a lo habitual, es muy arriesgado!

Esto puede no ser cierto, puede que solo estés exagerando sobre lo arriesgado que es… por ejemplo, escribir una historia en segunda persona, o usar el femenino plural como inclusivo. Ya se ha hecho varias veces, y aunque fueron jugadas arriesgadas en su tiempo, son herramientas que podemos usar perfectamente, siempre que sepamos cómo.

Pero a veces tienes razón. A veces tomamos decisiones arriesgadas. Rompemos con las normas establecidas. Hacemos algo que no se ha hecho nunca, algo que, si no conseguimos mantenernos en equilibrio sobre la fina línea de la catástrofe y el éxito, nos hará caer en el lado malo. Y por supuesto, nos da miedo, porque no sabemos si cuando nuestra obra salga fuera, caerá del lado del éxito o de la catástrofe.

Sí, es muy arriesgado. Pero sin riesgo, no hay recompensa.

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Las personas detrás del juego Horizon: Zero Dawn sabían que hacer que su protagonista fuese una chica normal no sexualizada era un movimiento que se consideraría arriesgado dentro de la industria. Ya se está ganando odio de los machistas que la tildan de fea, pero es uno de los juegos que me muero por jugar (yo, y miles de chicas que agradecen una protagonista con la que identificarse).

A veces nos caeremos, pero otras veces triunfaremos. Y lo mejor es que si nos caemos, siempre podemos volver a levantarnos. Tenemos los lectores beta para hacer la prueba, y si vemos que es un fracaso absoluto, podemos reconstruirlo antes de lanzarlo de verdad al mundo.

Es importante valorar los riesgos, y es importante saber cuándo podemos ser atrevidos. Aquí cada cual decide si quiere o no correr esos riesgos, pero si lo único que te echa atrás es el riesgo de ser demasiado atrevido o atrevida, demasiado experimental… te estás dejando arrastrar por la emoción. Acepta las posibles consecuencias si todo sale mal, y lánzate a la piscina.

8: Lo que yo haga no le importa a nadie…

Si no le importa a nadie, ¿qué es lo peor que puede pasar? ¿Qué alguien lo encuentre y le empiece a importar?

Al principio, cuando empezamos, no le importamos a casi nadie. A veces, ni siquiera la familia o amigos están ahí. Os lo digo por experiencia: Cuando empecé, en mi entorno más cercano no le importaba a nadie lo que escribiera. Solo un par de amigos de entonces me han leído (y con un par, me refiero literalmente a 2). Cuando empecé este blog, por supuesto que tampoco le importaba mucho a mi entorno. No había nadie que escribiese, y mucho menos personas interesadas en el mismo tipo de libros que yo. Pero bueno, yo seguí.

Y aquí estamos. Hace casi ya 2 años no le importaba a nadie. Hoy…

estadisticas

El viernes pasado estuve en la presentación de Rojo y Oro, de Iria y Selene (mi reseña aquí), y tuve dos muestras de que realmente yo le importaba a la gente. La primera vino de mano de Aruv Lightwood (Enlace a su blog), que me dijo que soy más conocido por el mundillo de lo que me creo realmente. El segundo, es que por primera vez en estos dos años, una persona a la que no conocía de nada, ha venido a saludarme porque me sigue (fue un detallazo, Santiago) y dice que le gusta lo que hago.

Aunque no lo creamos, sí que hay gente a la que le importa lo que hacemos. Otra vez, la emoción intenta hundirnos, decirnos que no valemos para nada y que lo que hacemos no le importa a nadie. Pero normalmente no es verdad, y cuando es verdad, solo lo es de manera temporal. Es normal que al principio no nos conozcan. Y eso se arregla enviando material al mundo, conectando con la gente a la que le interesa lo que contamos y escribimos.

Estas son las pocas claves que puedo daros para combatir la emoción con la razón.

En muchos casos, la emoción no se puede suprimir, y la razón no basta para sobreponerse. En mi última recaída, ya sabía que la sinceridad de las personas que me aprecian no bastaba. No importaba lo mucho que me dijesen que lo que hago es genial y que merece la pena. Mi desesperanza no atendía a razones. No le importa en absoluto lo que le digan. Rechazará todas las pruebas en su contra, y tomará como válido cualquier pequeño argumento a favor. La emoción es escéptica de todo lo que no vaya acorde con sus ideas.

Esos sentimientos no desaparecen con la experiencia, ni con los éxitos. Autores y autoras con muchos logros a sus espaldas sienten lo mismo que tú, esa inseguridad y ese miedo que intenta atenazarnos desde dentro. Y cuando la razón no es suficiente, cuando la emoción jamás va a marcharse de nuestro lado, ¿qué nos queda por hacer?

Actuar como si no existiese. No permitir que forme parte de nuestras decisiones. No hay que ignorarla, pero tampoco hay que dejar que se adueñe de nosotros.

Yo también tengo muchos de estos pensamientos, pero intento que no me afecten.

Uno en concreto está clavado en lo más profundo de mi ser. Sigue ahí, con sus zarcillos tóxicos enredados en mis entrañas.

Si no te publica una editorial grande, no mereces la pena.

Me gustaría decir que después de todo lo que he aprendido ya no pienso así, pero sería mentira. Por mucho que la razón (y la experiencia de otras personas) me diga que no, que la editorial no significa nada a nivel de calidad y solo es un factor en temas de distribución, en mi fuero interno sigo pensándolo, aunque a veces no me dé cuenta. Porque intento alcanzar esas editoriales grandes, porque miro a las pequeñas con decepción. Aunque no lo diga con palabras ni lo piense, mi conducta me asegura que eso es lo que pienso.

Me importa más ser aceptado por una editorial que ser aceptado por la gente que de verdad me lea.

(Joder, cómo ha dolido poner eso en palabras).

Pienso que si no publico con una editorial grande, seré un fracaso.

La autoedición es rendirse

La autoedición es la última salida de aquellos que no lo consiguen. Rechazados por las editoriales, su última opción es subir su libro a una plataforma, imprimirlo por su cuenta, con su propio dinero.

Esta es la parte que más me duele de todo. Toda mi vida he crecido oyendo que el trabajo de un escritor es escribir, que es la editorial la que tiene que encargarse de la maquetación, portada, distribución, márketing… y que todo eso tiene que salir de su bolsillo, no del nuestro.

Soy un estudiante sin más fuente de ingreso que el dinero de las becas. Autoeditar no solo se sentiría como un fracaso para mi tóxica parte emocional que quiere con locura una editorial, sino que además supone un esfuerzo económico que en mi fuero interno pienso que no tendría que salir de mi parte. No solo es un fracaso y una ruina a todos los niveles, sino que siento que ESTÁ MAL. Es algo incorrecto.

Y la razón me dice que todo esto es mentira, que son estupideces y mitos que he adoptado sin darme cuenta. La realidad me muestra que la autoedición bien hecha es una tarea titánica y que tiene mucho más mérito que publicar con una editorial. Las editoriales no son tan brillantes y deslumbrantes como mi cerebro piensa, hay problemas internos, no tienes control sobre muchas cosas, y es un mundo complicado en el que muchas veces intentarán aprovecharse de ti o de tu obra. Sigue siendo una opción, si sabes elegir bien la editorial y estás atento a las posibles trampas y roces, pero no es el triunfo épico que en mi interior creo que es.

Por eso he hecho caso de mi propio consejo, y he actuado como si estas emociones, estos miedos e inseguridades no existiesen. Yo, el que solo siente que las editoriales son el éxito y la autoedición es rendirse…

  • Voy a autopublicar una historia corta en digital.

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Si no podéis con la emoción, actuad como si no existiera. Funciona.

Cómo protegerse de las ideas irracionales que nos hacen vulnerables a la ansiedad y la depresión

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Las ideas irracionales son creencias que tenemos las personas, y que nos hacen vulnerables a la depresión y a la ansiedad. En muchos casos, estas creencias son la raíz del problema, por lo que algunas de las técnicas clínicas en los casos de ansiedad y depresión se basan en atacar estas creencias.

Quiero compartir con todos vosotros estas creencias, qué tienen de perjudicial, y cómo empezar a eliminarlas de nuestro sistema para protegernos contra ellas. Cuando leas la lista, es posible que te des cuenta de que cumples muchas de ellas. No eres la única persona que marca tantas. Mucha gente que conozco que cumple 7 de 11. No es raro cumplirlas todas. Pero cuantas más cumplas, más vulnerable eres ante la depresión y la ansiedad, y si con este artículo consigo que al menos una persona escape de las garras de la depresión o la ansiedad, habrá merecido la pena cada palabra.

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La muerte de los personajes y sus emociones: El duelo – Colaboración de Antro Narrativo

Es posible que ya conozcáis a Piper Valca, porque tiene un blog muy chulo para escritores llamado Antro NarrativoCuando Piper contactó conmigo no dudé ni por un segundo en cederle un hueco en el blog para que compartiese un poco de su sabiduría con nosotros.

Pero si no le conocéis, aquí podéis acceder a su información de contacto (y ver su larga lista de relatos ganadores y finalistas, este hombre arrasa en los concursos). Sin más dilación, os dejo con sus amplios conocimientos sobre el tema de la muerte, uno que, sin duda, os interesará. Muchísimas gracias, Piper, por un artículo completo e interesante.

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Pues aquí estoy, arriesgando mi escasa reputación para hablar de un tema del cual Guillermo con seguridad me lleva años luz: el análisis de las emociones en el ser humano. Haremos un breve estudio de un reconocido escritor que plasmó las consecuencias de la muerte en sus personajes y daré algunos consejos para que puedas escribir sobre el duelo en tus novelas.

Hace unas semanas realicé una encuesta en las redes sociales sobre los escritores que matan a sus personajes y en base a las respuestas logré levantar mi entrada Lo que deberías saber antes de matar a tus personajes. Uno de los aspectos que me llamó la atención fue el hecho de que al parecer esta actividad es bastante común y a pocos les tiembla la mano para hacerlo. Sin embargo, no niegan que lo piensan dos veces, pues han dedicado tanto tiempo dotándolos de rasgos y cualidades humanas que los sienten como sus propios hijos, es decir; los han humanizado.

Aclaro, humanizar no está mal. Al contrario, un personaje que exprese sus sentimientos y cuyo comportamiento sea similar al de nuestro vecino creará mayor empatía con el lector, pues se verá identificado en él. Seamos honestos, no es muy difícil hacer que expresen alegría, tristeza, rabia o vergüenza, ya que la mayoría de nosotros las sentimos y manifestamos a diario (a no ser que seas una especie de robot o lleves en tu sangre linaje vulcano). ¿Pero qué sucede cuándo un personaje pierde a un ser querido? Supongo que el desconocimiento de este tipo de dolor en algunos escritores puede desencadenar en una clase de bloqueo literario.

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Retiro lo dicho sobre los vulcanos

Las famosas fases del duelo

Decidí empezar hablando de las fases del duelo porque pueden ser de utilidad en autores que no tienen claro cómo sus personajes deben reaccionar ante esta situación.

A finales de los años sesenta, la psiquiatra Elisabeth Kübler Ross se dio cuenta de que muchos de sus pacientes, que eran enfermos terminales, experimentaban una serie de emociones anteriores a la muerte. Esta investigación derivó en lo que hoy en día se conoce como el modelo de Kübler-Ross o las etapas del duelo, las cuales, palabras más, palabras menos, son una especie de indicador con el cual se mide el dolor.

Me imagino, queridos lectores, que no les sorprende ni es algo nuevo esto de las etapas, pues se habla de este tema en la mayoría de las carreras relacionadas con las Ciencias humanas, son la última palabra en los talleres sobre dolor por pérdida, te regalan folleticos cuando estás de visita en las unidades de cuidados intensivos y las encontramos hasta en la literatura. En conclusión, las etapas del duelo están por todas partes.

Lastimosamente, su uso indiscriminado ha llevado a que, incluso los profesionales de la materia, concluyan en que existe una sola y obligada ruta para enfrentar el duelo. Han creado un patrón ordenado y predecible por el que todo el mundo debe pasar para sobrellevar la tragedia; y si por alguna razón los individuos no atraviesan estas etapas de forma correcta no sanarán. Gran mentira, pues es conocido que tiempo después la misma Elisabeth Kübler Ross se lamentó de haber descrito las etapas de esa manera. Manifestaba que no todos los pacientes que trató pasaron por ellas y los que lo hicieron no siempre siguieron ese mismo orden. En conclusión, ella identificó cinco emociones comunes y no cinco emociones forzosas.

Por experiencia puedo decir que la doctora tuvo razón al satanizar este modelo, pues las emociones que florecen al perder a alguien son demasiado desconcertantes como para que se encuentren en una simple hoja de ruta o guía preestablecida. Todos los que hemos pasado por ello sabemos que no reaccionamos de la misma forma ante la muerte. El dolor es tan individual como el amor; cada individuo es único, y por lo tanto no existe un patrón predecible. No importa lo que digan, al menos, yo que pasé por allí con mi padre y con mi hijo, puedo dar fe de ello.

A estas alturas Guillermo debe estar preguntándose si fue buena idea permitirme redactar esta entrada en su blog basado en mis sentimientos y no en la evidencia científica. El objetivo principal es enseñar a los escritores a describir el duelo de los personajes de forma libre y no bajo estrictas e ineludibles normas.

No quiere decir que esté mal hacer uso del modelo de Kübler-Ross. Por el contrario, considero una falta de respeto aquellos relatos en los que los personajes mueren por doquier y los autores no se toman el tiempo de tener en cuenta la carga emocional que esto conlleva. Incluir el modelo, aunque se tome de forma lineal, por lo menos demuestra cierto interés en reflejar sentimientos y procesos psicológicos. Algo es algo.

Las etapas del duelo según el libro “On death and dying” de Elisabeth Kübler-Ross

Negación: Cuando una persona se entera de la enfermedad terminal o muerte de un ser querido, su primera reacción es negar la realidad de esta noticia devastadora. Se trata de una respuesta temporal que nos paraliza y nos hace escondernos de los hechos. La frase que podría resumir la esencia de esta etapa es «Esto no me puede estar pasando a mí».

Ira: Cuando ya no es posible ocultar o negar esta muerte comienza a surgir la realidad de la pérdida y su consecuente dolor. Si bien los sentimientos de enojo estarán presentes con distinta intensidad durante todo el proceso de duelo, es en esta etapa donde la ira toma el protagonismo dirigiéndose este enojo al ser querido fallecido, a nosotros mismos, a amigos, familiares, objetos inanimados e inclusive a personas extrañas. La frase «¿Por qué yo? ¡No es justo! », «¿Cómo puede sucederme esto a mí?».

Negociación: En esta etapa surge la esperanza de que se puede posponer o retrasar la muerte de la persona moribunda. En secreto el doliente busca hacer un trato con Dios u otro poder superior para que su ser querido fallecido regrese a cambio de un estilo de vida reformado. Este mecanismo de defensa para protegerse de la dolorosa realidad no suele ofrecer una solución sostenible en el tiempo y puede conducir al remordimiento y la culpa interfiriendo con la curación. La frase que resume esta etapa es «¿Qué hubiera sucedido si…?»

Depresión: el doliente comienza a comprender la certeza de la muerte y expresa un aislamiento social en el que se rechaza la visita de seres queridos. En esta etapa la atención del doliente se vuelve al presente surgiendo sentimientos de vacío y profundo dolor. «Extraño a mi ser querido, ¿por qué seguir?».

Aceptación: Es el momento en donde hacemos las paces con esta pérdida permitiéndonos una oportunidad de vivir a pesar de la ausencia del ser querido. El doliente llega a un acuerdo con este acontecimiento trágico gracias a la experiencia de la depresión. Esta etapa no significa que estamos de acuerdo con esta muerte sino que la pérdida siempre será una parte de nosotros. La frase que resume la esencia de esta etapa es «Todo va a estar bien».

Uso de las fases del duelo en el proceso literario

Para los escritores que ven en el modelo una forma simplificada y precisa de describir el duelo de sus personajes, el siguiente estudio puede serles de mucha utilidad. A continuación analizaremos una de las muertes más reconocidas y fuertes en la literatura: la muerte de Sirius Black y sus efectos en Harry Potter.

Aunque muchos no lo saben, por razones religiosas no soy adepto a las novelas relacionadas con brujos y hechicería, pero la obra de JK Rowling nos sirve para analizar la manera en que un autor puede incluir el duelo en la trama sin que se afecte la historia. Es más, este proceso puede ayudar a dar forma y profundidad a los personajes, como se supone ocurrió con Harry Potter. Por cierto, ¿Cuál es el verdadero motivo por el que Rowling se despachó con Sirius Black?

Introducción: Sirius Black era el padrino de Harry Potter y el amigo más cercano de los padres del chico maravilla. Fue injustamente culpado por la muerte de estos y encarcelado en la terrible Azkaban, en donde estuvo por doce años. Tras su escape se convirtió en el candidato a convertirse en el principal protector del muchacho.

La muerte repentina de este personaje secundario despierta una serie de emociones en el personaje principal que si se estudian con cercanía demuestran el uso del modelo Kübler-Ross.

Harry Potter y las fases del duelo

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Harry ante la muerte de Sirius

Negación: Tras la inexplicable desaparición de Sirius detrás del velo, Harry manifiesta en repetidas ocasiones su posición de que no está muerto y mantiene las esperanzas de que volverá a cruzar el umbral del arco de regreso a la vida. Es obvio que no estaba en los planes de Rowling darle una oportunidad a este personaje.

—No puede volver, Harry —insistió Lupin; la voz se le quebraba mientras intentaba retener al chico—. No puede volver, porque está m…

—¡NO ESTÁ MUERTO! —rugió Harry—. ¡SIRIUS!

Ira: Harry pasa gran parte del final del libro en esta fase, estado que aporta mucha emoción y ritmo a la historia y que la mayoría de escritores deberían explotar en sus escritos.

—¡Que sufras así demuestra que todavía eres un hombre, Harry! Ese dolor significa que eres un ser humano.

—¡PUES ENTONCES NO QUIERO SER UN SER HUMANO! —rugió Harry. Y agarró el delicado instrumento de plata de la mesita de patas finas que tenía a su lado y lo lanzó hacia el otro extremo de la habitación; el instrumento se hizo mil pedazos al estrellarse contra la pared. Varios retratos soltaron gritos de enfado y miedo, y el de Armando Dippet exclamó: «¡Francamente…!»

Negociación: Harry acepta la muerte de Sirius Black pero busca la forma de volver a encontrarse con él, por lo que en un intento desesperado, intercepta al fantasma que llamaban Nick Casi-Decapitado.

Nick se apartó de la ventana y miró apesadumbrado a Harry. —Él no volverá.

—¿Quién?

—Sirius Black.

—¡Pero usted volvió! —gritó Harry con enfado—. Usted volvió, y está muerto, pero no desapareció.

—Los magos pueden dejar un recuerdo de sí mismos en el mundo y pasearse como una sombra por donde caminaban cuando estaban vivos —explicó Nick con tristeza—. Pero muy pocos magos eligen ese camino.

—¿Por qué no? ¡Además, no importa, a Sirius no le importará que no sea algo habitual, volverá, estoy seguro de que volverá! —Y tan poderosa era su fe que Harry giró la cabeza hacia la puerta, convencido por una milésima de segundo de que vería a su padrino, con el cuerpo de un blanco nacarado y traslúcido pero sonriente, entrando por ella y dirigiéndose hacia él.

Depresión: según nos cuenta la autora, luego de los acontecimientos que llevaron a la muerte de Sirius, Harry regresa a la casa de sus tíos y allí enfrenta esta difícil etapa. ¿En dónde están los amigos y profesores? ¿No es contraproducente dejar a la suerte a un chico de un poco más de dieciséis años que acaba de perder a un ser querido de forma traumática? ¿Más en casa de sus «amorosos» familiares?

—Fue cruel —dijo Dumbledore suavemente—, tú y Sirius pasaron muy poco tiempo juntos. Un final brutal a lo que debería haber sido una relación larga y feliz.

Harry cabeceó, sus ojos se fijaron sobre la araña que ahora trepaba el sombrero de Dumbledore. Podría decirse que Dumbledore entendió, que hasta podría sospechar eso hasta que su carta llegara, Harry había pasado casi todo su tiempo en casa de los Dursleys tirado sobre su cama, rechazando comidas, y mirando fijamente por la ventana, llena del vacío de frialdad asociada a los Dementores.

 

Aceptación: al inicio del libro de Las reliquias de la muerte, Harry parece haber superado la muerte de su padrino, como podemos leer en su conversación con Dumbledore. Ya la muerte de Sirius no se veía tan terrible como en el libro anterior.

—Sirius te representó mucho antes de que lo conocieras —dijo Dumbledore con cuidado—. Naturalmente, la pérdida es devastadora…

—Pero, mientras yo estaba donde los Dursleys —Harry interrumpió, su voz sonaba más fuerte— comprendí que no puedo encerrarme o… devastarme. Sirius no habría querido esto, ¿verdad? Y, de todos modos, la vida es demasiado corta… Mire a la señora Bones, mire a Emmeline Vance… ¿Podría ser yo después, verdad? Pero así es —dijo con ferocidad, ahora mirando directamente a los ojos azules de Dumbledore que brillaban a la luz de la varita —me aseguraré de tomar a tantos mortífagos conmigo como pueda, y a Voldemort también si puedo manejarlo.

Creo que las tres primeras fases del duelo de Harry fueron muy bien descritas, pero las dos últimas presentan ciertos aspectos que desde el punto de vista psicológico podrían haber sido mejor tratadas.

  1. Si, sabemos que Sirius no era el verdadero padre de Harry, pero era lo más cercano a un padre que había conocido. A lo que me refiero es que sorprende la celeridad con que el chico acepta la muerte de su padrino, teniendo en cuenta cómo actuó en las fases anteriores. De la fase de depresión tan solo sabemos que el muchacho estuvo encerrado sin comer y pegado a la ventana. Alguno puede argumentar que no era necesario detenerse a describir cada uno de los síntomas de la depresión. Es verdad, pero… ¿No debería por lo menos haber repercusiones físicas en Harry Potter? Recordemos que duró varios meses rechazando comidas. En ese sentido yo hubiese mostrado al chico más delgado, lívido y débil sino enfermo, lo cual es muy común en las personas que atraviesan esta fase.
  2. En cuanto a la fase de aceptación ¿Qué tan factible es que superes la muerte de un ser querido alejado de tus amigos y rodeado de familiares que te odian? ¿Qué ideas pueden llegar a tu mente adolescente para alivianar el dolor? No obstante, cuando Dumbledore habla con el chico, comprueba que su dolor ha disminuido de forma sorprendente. Incluso leemos a un tranquilo Harry hablar de la muerte. «de todos modos, la vida es demasiado corta… Mire a la señora Bones, mire a Emmeline Vance… ¿Podría ser yo después, verdad?». Vamos, es un chico de 16 años y no pasaron más de seis meses. Rowling nos demuestra que buscaba cerrar esa trama y proseguir con lo que era en verdad importante, que Harry entendiera que debía ser él quien asesinara a Voldemort.
  3. La falta de un funeral para Sirius: Freud argumentó que el duelo requiere «el veredicto real de que el objeto ya no existe»; es decir, como parte indispensable para superar el duelo está el funeral.

En el libro Rituales de despedida en la terapia de duelo se explica que uno de los factores que pueden traer complicaciones en el proceso de duelo es la ausencia del entierro tradicional y de rituales de duelo bien desarrollados. Tradicionalmente, los rituales de duelo ayudaban a las personas a realizar el duelo, proporcionándoles una estructura socialmente aceptada en la cual podían —incluso debían— dirigir temporalmente toda su atención hacia el difunto, declarando así la muerte de éste y aceptando sus consecuencias. Esta situación a Harry parece no afectarlo en lo más mínimo, a pesar de que nunca se recuperó el cadáver y la autora no se toma la molestia de incluir más adelante un entierro simbólico o un ritual terapéutico de «despedida».

  1. Por último, es también sorprendente como Harry Potter parece estar más concentrado en lo que le espera frente a Voldemort que en el hecho de haber presenciado la muerte violenta de Sirius. En el documento Entre Brownlow y Magwitch: Sirius Black y la implacable eliminación del hombre protector en la serie Harry Potter de Sara Martín Alegre, se trata este asunto:

“Ser testigo de una muerte violenta genera una variedad particular de estrés post-traumático juvenil e influye negativamente en la superación del dolor ya que el horror que se siente en relación al tipo de muerte perturba los pensamientos sobre el difunto”. Como exponen, “en el centro del trauma se halla el recuerdo intrusivo y disfórico de haber visto la violencia en el momento en que se infligió el daño físico letal (…)”. El síndrome post-traumático crece alimentado además por la idea que el progenitor murió a causa de las acciones de otra persona, en lugar de por accidente o enfermedad; este sentimiento no es incompatible con la impresión de que la víctima contribuyó a precipitar el crimen”, e incluso en algunos casos el niño llega a culparse por no haber conseguido “evitar el delito, o por haber provocado la muerte con su propia conducta”. La culpabilidad y el trauma con frecuencia aceleran “la entrada prematura del adolescente en la edad adulta”. Es sencillo ver que todo esto encaja con el caso de Harry quien, pese a su conducta arisca y triste, apenas tiene ni tiempo ni ocasión de desarrollar la conducta antisocial que la mayoría de adolescentes reales muestran en estos casos.

A pesar de estas observaciones no puedo negar mi admiración hacia la autora por el simple hecho de recrear esta experiencia tan abrumadora y difícil, más en un adolescente.

Consejos para describir el duelo

Dejando atrás los modelos y guías, voy a adentrarme en los puntos básicos que los escritores debemos tener en cuenta al momento de describir cómo un personaje afronta una pérdida.

  1. Si no has tenido una experiencia cercana con esta aflicción, o puede que tu pérdida sea diferente, es recomendable investigar. No me refiero a que te vuelvas loco comprando todos los volúmenes de tanatología del mercado ni que te los leas si ya los compraste. Se trata de que recabes la información que mejor se adapte a tus necesidades. Puedes leer memorias de personas que hayan perdido a sus seres queridos o hablar con quienes ya pasaron por esta situación. Si lo deseas, leer obras de ficción que aborden el duelo también ayudará a analizar cómo sus autores lo hicieron. Entrevista a algún psicólogo o paga por una consulta. Describir sobre emociones no es fácil y menos cuando las desconoces.
  2. Conoce a tus personajes. Cuando tienes un perfil psicológico y emocional de tu personaje bien estructurado, podrás inducir cómo reaccionará ante la pérdida, pues ellos, al igual que los seres humanos, son diferentes. No te preocupes si uno de tus personajes actúa de una forma atípica ante el duelo. Así es él/ella. Sería peor si sus actos fueran en contra de la personalidad que les asignaste.
  3. Muestra, no cuentes. Quizás el más trillado, antiguo y repetido consejo literario. Como lector no quiero que me digas que Harry Potter tiene rabia por la muerte de Sirius Black. Muéstrame su rabia. El duelo es una mezcla de emociones y sentimientos que pierden su poder y esencia si el escritor no sabe manejarlos.

 

Cómo mostrar el duelo de los personajes

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Recuerda que el duelo es algo individual y no todos reaccionamos igual

Como describir el duelo inmediato. Es el que comprende desde que se produce el fallecimiento hasta pasadas las 24 primeras horas, o incluso la primera semana. Si tu personaje se encuentra en este periodo puedes tener en cuenta la siguiente sintomatología:

  • Las sensaciones físicas (Bloqueo, debilidad, dolor muscular, lentitud, engrosamiento de garganta, falta de apetito o aumento del apetito, náuseas, un peso en el pecho, temblor de manos, ojos hinchados, la nariz tapada, llanto incontrolable).
  • Patrones de pensamiento (Negación, «aunque sólo hubiera…», «no pude decir adiós», «me gustaría no haberle dicho tal cosa», «¿por qué, por qué, por qué, por qué, por qué?»).
  • Los síntomas del estrés (Incapacidad para dormir, falta de deseo para participar en actividades).
  • Síntomas sociales (la insistencia de que todo está bien, o la incapacidad para ocultar el dolor en público; retirarse de las actividades; irritabilidad; ocuparse en demasiadas actividades para mantenerse ocupado).

Durante las etapas iniciales de la pena, todos o algunos de estos síntomas pueden estar presentes. La clave está en que el personaje no debería necesariamente verbalizarlos; el lector debe ser capaz de comprender por qué se comporta de esta forma y relacionarlo con la muerte del ser querido.

No digas que Pepito no puede dormir, describe algunas de sus noches o muestra el deterioro que el insomnio he provocado en él. Pepito no tiene que estar diciéndole a todo el reparto que no quiere hablar con ellos; haz que se aleje, que esté retraído. Si lo sabes hacer el público lo entenderá con facilidad.

El duelo a largo plazo. Este es uno de los grandes olvidados de la literatura, pues es muy común explayarse en el dolor inmediato pero páginas adelante hacer como si nunca hubiese sucedido.

  • La negación. Aunque ya la nombramos en las fases del duelo, esta puede tomar una cantidad de formas. La negación de la causa de la muerte, de la culpabilidad, de la pena en sí, etc.
  • El olvido de la persona que ha muerto. Sé que suena extraño, pero es cierto, y puede suceder años después de los hechos. De un momento a otro tu personaje tomará el teléfono para llamar a la persona que murió sólo para caer en cuenta que no puede. Cuando el personaje recuerda su pérdida vuelve a sentir tristeza. Como si la perdiera de nuevo.
  • El olvido de la persona y punto. La naturaleza aborrece el vacío, y la vida tiende a llenar los vacíos que la muerte cavó. Puede llegar el momento en que nuestro protagonista se da cuenta de que está viviendo como si esa persona nunca hubiera existido. El personaje sufrirá por haberla olvidado, como si recordar fuera un deber sagrado que no debe ser eludido.
  • Vivir para la persona. ¿La madre del personaje iba a ser un médico? Veinte años más tarde el personaje monta una clínica.
  • Miedo irracional a lo que mató a esa persona. Si el padre del personaje murió ahogado en el mar el personaje no se atreve a navegar, como en Truman Show.
  • Abrazando lo que fuera que mató a esa persona. Si el padre del personaje murió ahogado en el mar el personaje ahora es capitán de un navío y recorre los siete mares.
  • Continúan los síntomas físicos de estrés. La presión arterial alta. Úlceras. La falta de sueño. La negativa a permitir que alguien se acerque demasiado. Si el duelo no se trató el personaje puede desencadenar en una serie de situaciones terribles.

En vez de decir que el personaje tenía pensamientos locos de unirse a su fallecida esposa, puedes mostrar que él se pregunte ¿Qué pasaría si yo hubiera conducido ese día?

Es crucial que definas qué tanto aporta explayarte en el duelo del personaje, pues aunque vaya en contravía a todo lo que te he repetido, si te vas a «volver un ocho» en páginas y páginas de dolor sin sentido, mejor no lo hagas. Así como la muerte de los personajes, el duelo también de tener bien claro el por qué.

Para terminar dos aclaraciones. La primera es recordarte que las emociones hacen parte de la escritura y que un deficiente uso de estas desencadenará en el fracaso, pues no porque matemos al mejor amigo del personaje los lectores llorarán. Y la segunda, que hasta de las malas noticias se puede poner buena cara, o que lo diga Homero Simpson cuando supo que iba a morir.

(Guille: Como soy un buen anfitrión enlazo la versión latina en vez de ser mala persona y poner la versión en castellano para iniciar otra batalla más de la guerra de doblaje de los simpsons)


¿Cómo te ha parecido la entrada? Cuando la muerte aparece en tus escritos… ¿Tus personajes expresan el dolor por la pérdida? Cuéntanos tu experiencia.

Psicología aplicada a la escritura: Cómo entendemos el mundo según crecemos

Si eres de esas personas que cuando alguien dice “Me encanta esta comida” tú saltas “¡Pero si es horrible! ¡Cómo puedes comerte eso!”; o peor, cuando dicen que algo no les gusta tú insistes porque “¡¿Cómo no te va a gustar, si está buenísimo?!”, tengo una mala noticia para ti: Eres una persona inmadura, egocéntrica e intolerante.

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¡Y que sepas que no lo digo a malas!

Pero vamos paso a paso y entenderás perfectamente a lo que me refiero.

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Psicología aplicada a la escritura – Las leyes de la emoción

maxresdefaultHoy vengo a enseñaros como escribir buenas emociones. No a describirlas, que eso es algo muy personal y cambiante, sino a construir buenas emociones en los personajes, emociones que sean realistas porque siguen las normas a las que están atadas nuestras emociones.

En verano es cuando más ocupado estoy, y más ahora, que estoy terminando de escribir el curso de personajes que voy a impartir en Ateneo Literario a partir de septiembre, tengo las correcciones de las novelas y el examen de septiembre.

Así que tengo poco tiempo, tengo que estudiar para la recuperación de personalidad, y tengo que escribir entradas de psicología aplicada para vosotros. ¿Por qué no hacer todo esto a la vez y enseñaros las leyes de la emoción?

Psicología aplicada a la escritura – Las leyes de la emoción

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Psicología aplicada a la ficción – Los trastornos del pensamiento

Estoy de exámenes. Y algo que hice en la anterior temporada de exámenes fue resumir algunos temas más densos y complicados en artículos que subir al blog. Como ahora mismo tengo poco tiempo, os pongo uno de esos temas, uno que seguro que os resulta curioso: Los trastornos del pensamiento.

Es posible que reduzca el ritmo de actualización a una vez por semana durante este mes. Lo siento por eso. Intentaré compensarlo con la lista de correo que estoy en proceso de crear. Dadme tiempo.

Y sin más dilación…

Trastornos del pensamiento

Trastornos del pensamiento
Mind Grind – Daarken

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3 Pasos para desarrollar una poderosa voz de escritor

Para un escritor que ya tiene cierta habilidad y rodaje, encontrar su propia voz es uno de los mayores desafíos. ¿Quién soy? ¿Qué es lo que me define? ¿Qué es lo que quiero conseguir? Son preguntas duras en cualquier momento de la vida.

Sin embargo, creo que no hay nada que enorgullezca más a un artista que ese momento en que alguien le reconoce solo por su estilo. La voz de escritor es todo aquello que un escritor pone en juego en su escritura que otros escritores no lo hacen. Es el estilo, los temas que se tratan, el enfoque… son el conjunto de cualidades que diferencian a dos escritores escribiendo sobre el mismo tema.

Os lo creáis o no, he descubierto estos tres pasos con mi profesor de evaluación psicológica clínica. Y es que el proceso de ser buen psicólogo clínico es muy parecido al de encontrar tu propia voz.

Aquí los tenéis, los tres pasos para desarrollar una poderosa voz en la escritura. No, no será necesario hacer gorgoritos.

 

3 Pasos para desarrollar una poderosa voz de escritor

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MiniPsicología aplicada a la escritura – La atribución causal y el talento

El talento puede existir o no. Puede ser la diferencia entre los buenos escritores o puede no serlo.

Yo tengo una definición personal de talento. Para mí, el talento en una actividad sería el conjunto de habilidades y conocimientos de otras actividades o campos que se pueden transferir a la actividad que se está tratando.

Por poner un ejemplo, digamos que yo tengo talento escribiendo personajes. En mi caso concreto, ese talento nacería de todas las habilidades y conocimientos de otros campos (que no son la escritura) que puedo transferir a la creación de personajes. Y en especial, las tres fuentes principales de esas habilidades y conocimientos serían, por una parte, las dificultades de socialización que tuve en mi adolescencia (como todo lo que es comunicarme y demás con otra persona no me salía de natural, tuve que esforzarme en aprenderlo por mi cuenta), por otra parte, esos años que estuve haciendo teatro en el instituto (me ayudó a meterme fácilmente en la piel de otros), y por último, que la carrera que estoy estudiando consiste en el estudio de la conducta humana. Si yo tengo talento creando personajes (lo cual podría ser motivo de debate, no lo dudo) no es por otra cosa.

Si os fijáis, son aprendizajes concretos. Aprendizajes que, por suerte, puedo aplicar a la escritura con mayor o menor facilidad. Igual que alguien que ha estudiado música durante años tendrá mucho mejor sentido del ritmo en las frases que yo, el “talento” es parte de nuestro bagaje personal e intransferible.

Y creo que es algo que todos coincidimos en que, EN EL CASO DE QUE EXISTA, es algo inmodificable. Es algo que no se aprende y sobre lo que no tenemos ningún control.

Hoy os voy a hablar de la atribución causal.

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Psicología aplicada a la ficción: Evolución de los personajes a lo largo de nuestra vida

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Desde que somos pequeños nos gustan las historias. Y las historias, por definición, tienen personajes que hacen cosas o a los que les pasan cosas. Sin embargo, los personajes de una novela de adultos no son iguales que los de una novela de niños. ¿Por qué?

¿Cómo evolucionan los personajes y su complejidad a lo largo de nuestro desarrollo evolutivo como personas? ¿Qué diferencias esenciales hay entre los personajes de un cuento infantil y de una novela juvenil? ¿Qué tienen de distinto los personajes de la novela Young Adult y la novela adulta?

¿Y por qué, psicológicamente, se han producido esas diferencias?

Vamos a verlo.

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