El corazón del alquimista

No creo que suba muchos más relatos a este blog (a menos que la gente empiece a pedirlos activamente, claro está), así que disfrutad este pequeño cuento. 

 

El corazón del alquimista

El hada Meriel estaba harta. Y así se lo hizo saber al alquimista, dueño de la pocimería “Traguitos mágicos”. Que de mágicos no tenían nada.

—¡Pero cómo es posible! —preguntó el hada Meriel, sobre las puntas de sus zapatos. Era tan bajita que si no, no alcanzaba a ver por encima del mostrador—. ¡La poción de energía que me vendiste no me vigorizó en absoluto!

—Quién lo diría… —respondió el alquimista.

—¡Jopelines, Alfi! ¡Ya es la segunda que me vendes que no hace ningún efecto! ¿Cómo es posible que te salga mal una poción tan fácil?

Alfi el alquimista se levantó y cogió uno de los libros del estante que tenía detrás. Lo abrió y repasó con el dedo la lista de ingredientes. Aupada sobre el mostrador, El hada Meriel pudo ver cuál era el problema.

—Pues mira que es raro —dijo Alfi—, yo seguí las instrucciones al pie de la letra.

—¡Pues claro! —exclamó Meriel, señalando el agujero en el pecho del alquimista—. ¿Cómo te van a salir bien las pócimas, si no tienes corazón? ¡No puedes ponerle el corazón a tu trabajo sin él!

—Bueno… Nunca lo he necesitado —dijo el alquimista—. Llevo muchos años haciendo pócimas, y nunca antes me habían salido mal.

—¡Confía en mí! Sé lo que me digo, y digo que es culpa del corazón que te falta. Y también sé que si sigues así empezarás a fallar más y más, y nunca mejorará… Llegará un momento en que no podrás hacer pócimas nunca más. ¡Es impresionante lo lejos que has llegado sin corazón!

—¿Y qué puedo hacer? No tengo ni idea de cómo funcionan estas cosas…

—¡Yo te ayudaré a recuperar el corazón! —se ofreció el hada Meriel—. ¿Dónde lo viste por última vez?

—Creo que lo perdí cuando estaba con Ula.

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Y así, el hada Meriel partió en busca del corazón del alquimista. Mientras compraba una manzana amarilla se preguntó si no estaría siendo egoísta. La verdadera razón por la que estaba ayudando al alquimista era para conseguir pociones que funcionasen bien. Agitó las alas con fuerza con aquella amarga sensación en su interior y se elevó por los cielos, hacia la nube en la que vivía la mujer llamada Ula.

Ula vivía en una nube por su extraño sentido de la moda. El hada Meriel, igual que todos los que no sabían su nombre, la conocía como la dama del vestido infinito. La nube de Ula flotaba con la estela de su largo vestido estampado colgando como el velo de un traje de novia de muchos colores. Por eso mismo no fue difícil encontrarla.

—¡Vaya, un hada! —dijo Ula, la del vestido infinito, al verla—. No es habitual ver hadas tan arriba. ¿Por qué no te sientas y descansas esas alas?

El hada Meriel lo agradecía. Era de alas débiles, y subir le había costado bastante. Se le cansaban tan rápido que no podía ir volando por ahí, como el resto de las hadas. Estaba atada al suelo.

A menos que tuviese pociones de energía.

—He venido a por el corazón de Alfi el alquimista —dijo el hada Meriel—. Cree que lo perdió cuando estaba contigo. Toma, me ha pedido que te traiga esto.

El hada Meriel le entregó la manzana amarilla que había comprado. La mujer del vestido infinito la cogió con ternura. Por su cara era fácil saber que estaba recordando momentos felices.

—Siempre me traía manzanas amarillas. Pero… lo lamento, yo no tengo su corazón —confesó Ula—. Cuando le conocí, Alfi ya había perdido el corazón. Sin embargo, no nos dimos cuenta de que le faltaba hasta que apareció ese hueco en su pecho. Al principio era pequeñito, pero poco a poco se fue haciendo más grande… Y dejamos de vernos.

—¿Por qué? —preguntó el hada Meriel.

—Alfi necesita que llenen ese hueco en su pecho. Intenté llenarlo con mi amor, pero eso solo lo empeoraba. Era un hueco demasiado importante, y cuanto más intentaba llenarlo, más grande se volvía. Y… una persona sin corazón no puede amar de verdad. Alfi solo podía estar conmigo para que llenase el hueco de su pecho, y eso me hacía daño… pero se hacía más daño a sí mismo.

Al hada Meriel le pareció muy triste que Alfi no pudiese amar. Su relación con Ula había sido muy trágica, y no podría solucionarlo hasta que tuviese su corazón de vuelta.

—¿Tú sabes dónde está su corazón? —le preguntó a la mujer del vestido infinito—. ¡Si lo encuentro, Alfi podrá amarte de verdad!

—Eso sería muy amable por tu parte. Creo que sé dónde está el corazón de Alfi… pero… podría ser peligroso. Estoy segura de que un monstruo se lo ha comido.

—¿Cómo de peligroso es ese monstruo?

—Tu cuerpo no sufrirá daño alguno, pero… el monstruo puede ver en lo más profundo de tu ser. Intentará hacerle daño a tu corazón. Y si le dejas, se lo comerá.

El hada Meriel tragó saliva antes de pedirle a Ula que le dijera el lugar donde habitaba ese monstruo.

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Mientras caminaba hacia la guarida del monstruo, el hada Meriel se preguntaba si no estaba yendo demasiado lejos por unas pociones de energía. Podía ir a otra pocimería, y su problema se resolvería. Sin embargo, algo en su interior le impedía dejar de lado a Alfi. Él había resuelto muchas veces sus problemas. Pero en el fondo de aquella grieta había un monstruo que podía devorarle el corazón.

Bajó planeando al fondo, pensando que estaba demasiado desesperada por las pociones.

El monstruo la vio llegar, y dejó que el hada Meriel tocase tierra. Era grande, un lagarto gigante lleno de pinchos y con muchos dientes puntiagudos. Recordó que el monstruo no podía herir su cuerpo.

—Vaya, vaya, el hada Meriel. ¿Tanta prisa tienes por perder tu corazón? —rió el monstruo.

—¿De qué me conoces tú? —se defendió ella.

—Te conozco muy bien, hada Meriel. Conozco a todos los que tengan el corazón lleno de sombras. Miedos, inseguridades. Tú tienes muchas de esas, Meriel. ¿No deberías estar en la escuela de las hadas ahora mismo? Ayer tampoco fuiste. ¿Por qué, Meriel? ¿Tenías miedo de lo que pensarían el resto de las hadas al verte arrastrarte por el suelo? Meriel, el hada que apenas puede volar.

El monstruo disfrutó del silencio. El hada no podía responder, estaba atrapada por su miedo.

—Tienes razón, Meriel. Todo esto no merece la pena. ¿Por qué no vuelves, y buscas otra tienda de pociones? Nadie debe enterarse de tu secreto. Deja, sube en mi brazo y yo te llevaré hasta la cima. Creo que tus alas no pueden más. Si subes tú sola, se partirán. Ve, y dejaré en paz tu corazón.

El monstruo tenía razón. Meriel, derrotada, subió en la garra del monstruo, que la alzó. Sin embargo, no saltó a la cima de la grieta. Echó un vistazo al monstruo, y desde arriba, pudo ver el corazón de Alfi, brillando en el interior del lagarto gigante. Con un suspiro, saltó de la garra en dirección al monstruo, que abrió sus fauces para devorarla. Se zambulló en la oscuridad.

“Ha sido una mala idea, Meriel. Ahora no podrás salir de aquí”.

Pero ella no hizo caso al monstruo. Alcanzó la tenue luz del corazón del alquimista y la cogió con firmeza. Inspiró profundamente y aleteó con todas sus fuerzas. Volando hacia arriba en la oscuridad, iluminada por el brillo del corazón, olvidó el cansancio. Se abrió paso y salió del interior del monstruo, con un niño en los brazos. Era el corazón de Alfi, que pesaba demasiado para ella. Aleteó con furia, viendo la salida de la grieta demasiado lejos. Le costaba mucho subir.

—¡Cuidado, Meriel! —decía el monstruo—. ¡Es demasiado pesado, jamás podrás escapar con él! ¡Tus alas se partirán, y ya no podrás volar nunca más! ¿De qué sirven las pociones sin ellas?

—Tiene razón… —dijo el corazón de Alfi—. No merece la pena. Yo solo quiero probar nuevas pociones, mezclar ingredientes, descubrir cosas nuevas, pero la gente no quiere probar cosas nuevas. Quiere lo conocido. La misma fórmula, una y otra vez. Suéltame…

Meriel no hizo caso y siguió batiendo las alas con todas sus fuerzas. El monstruo vio como conseguía llegar a la cima y la vio salir de la grieta, sin intentar impedirlo. El hada escuchó que a su espalda se rompía un enorme y frágil cristal.

—Enhorabuena. Espero que merezca la pena el precio tan alto que has pagado, Meriel —le dijo el monstruo—. Estaré acechándote en las sombras de tu mente.

Ella se alejó allí, incapaz de volar nunca más, llevándose el corazón de Alfi.

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El alquimista recibió su corazón con alegría. El Alfi niño y el Alfi adulto se abrazaron y se volvieron uno. El hueco en su pecho desapareció, y bajo la piel latía con fuerza la pasión que el alquimista había perdido mucho tiempo atrás.

—Gracias, Meriel.

—No ha sido nada —dijo el hada, intentando contener las lágrimas. Las alas no le dolían. Directamente, no las sentía. ¿Era de verdad un hada, ahora que sus alas no servían para nada?

—No digas eso. Ojalá pudiera devolverte tus alas. Las has sacrificado por mí. ¿Puedo ofrecerte una pócima de energía? Yo invito.

—No, gracias. Ahora ya no me hacen falta —dijo Meriel, con tristeza.

—Te ofrecería una poción de valor, para afrontar al resto de las hadas… Pero creo que no te hace ninguna falta, después de lo que has hecho hoy. ¿No crees?

Aquello consiguió que el hada sonriese.

—Supongo que tienes razón.

Fin

 

 

¿Qué os ha parecido? ¡Espero vuestra opinión en los comentarios! Sobre todo, si queréis que de vez en cuando suba algo de este estilo… 

 

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6 thoughts on “El corazón del alquimista

  1. Cris Mandarica 7 diciembre, 2015 / 6:28 pm

    Pues a mí me ha gustado mucho, aunque más me hubiera gustado un final feliz, pero no siempre es posible. Biquiños!

    Me gusta

    • GuilleJiCan 7 diciembre, 2015 / 11:09 pm

      Es un final agridulce. No es totalmente infeliz, el alquimista recupera su corazón y Meriel recibe una recompensa. No la que quiere, si no la que necesita.

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  2. Mariano Fingrar Avello 10 febrero, 2016 / 4:27 pm

    Te seré sincero, el simple hecho de leer de hadas con alitas a lo campanita, me da sarpullido. Pero tu cuento me ha gustado.

    Si bien la literatura juvenil (o inocentona) no es mi favorita, considero que has hecho un gran trabajo, con diálogos claros y entretenidos. Una motivación de personaje bastante buena y un final agridulce, como dices.

    Me gustaría seguir leyendo cosas tuyas, además de que tu blog es bastante bueno (y útil). Da gusto saber que ejercitas las cosas que tu mismo aconsejas.

    Un saludo!

    Mariano.

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    • GuilleJiCan 10 febrero, 2016 / 9:43 pm

      No te juzgo por lo del sarpullido, a mí me pasa cada vez que leo elfos o enanos. No consideraría esto como literatura juvenil, ya que es un cuento que podrías leer a todas las edades. En todo caso, me alegro de que te haya gustado, y la verdad, espero que pronto todos podáis ver algo un poco más largo que merezca la pena ver. Si escribes creo que te encantará la sección de análisis de errores de novato, intento que sea muy instructiva.

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  3. Wendy 13 marzo, 2016 / 3:56 am

    Hola, me ha gustado mucho tu cuento, fue muy tierno al verlo acompañado por las imágenes y deja muchas moralejas acertadas ya sean explicitas o implícitas, como el enfrentar tus temores o aceptarlos, no he revisado tu blog, es primera vez que lo visito XD -me encantó tu colaboración en Excentrya con el post de Lectores y escritores vagos- pero sí deberías publicar cuentos, así sea esporádicamente, de verdad que leer cosas diferentes anima a la creatividad en este medio. Saludos 🙂
    P.D: Me pasaré por aquí de vez en cuando ^^

    Le gusta a 1 persona

    • GuilleJiCan 13 marzo, 2016 / 5:10 am

      Me alegro mucho de que te haya gustado este pequeño cuento, y si más gente pide relatos, acabaré subiendo más, pero de momento creo que eres la segunda persona que lo pide. No estoy seguro de que vaya a subir nada pronto.
      Espero verte comentando de vez en cuando, igualmente ^^. Un placer.

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