5 Razones por las que el worldbuilding está sobrevalorado

El worldbuilding está sobrevalorado.

Con todas las letras: Sobrevalorado.

¿Sabéis ese valor que se le da al worldbuilding ahora mismo entre escritores y lectores? Pues el valor real del worldbuilding está por debajo de ese valor.

Si por alguna extraña razón a estas alturas no has oído nunca la palabra worldbuilding o construcción de mundo en este mundillo que es la escritura y lectura (especialmente de fantasía, ciencia ficción y terror), definición rápida: El worldbuilding es el proceso de construir un mundo imaginario relacionado con un universo ficticio. Dentro de una historia, se denomina worldbuilding a los elementos cuyo objetivo es presentar y o profundizar el mundo ficticio en el que se desarrolla la historia.

Últimamente (y con últimamente nos podemos referir a una o dos décadas) ha surgido la mala costumbre de poner el worldbuilding en un pedestal, convertirlo en uno de los pilares fundamentales de los tres géneros mencionados, especialmente de la fantasía, y obsesionarse de manera brutal con una serie de requisitos que parece que una obra tiene que cumplir sí o sí para ser buena.

Muchos fanáticos del worldbuilding también exigen que las reglas de ese mundo ficticio sean coherentes con las del nuestro, lo cual sencillamente no tiene ni pies ni cabeza: Si quiero que mis razas fantásticas surjan por lamarckismo en vez de por la evolución de Darwin, pues mira, nadie tiene derecho a decirme que mi mundo fantástico inventado está mal. El worldbuilding muchas veces se convierte en algo que más que favorecer la trama y los personajes, los perjudica. Está destruyendo vidas, ¡vidas, digo!

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1 – El worldbuilding no es imprescindible

Mira si está sobrevalorado el worldbuilding que a veces hasta es algo innecesario. Hay obras de fantasía que no quieren ni necesitan construir un mundo, solo necesitan un par de elementos no realistas que ni siquiera explica ni a los que les da coherencia, y no por ello son malas obras. El Frankenstein de Mary Shelley es un buen ejemplo de obras sin construcción de mundo detrás, y El principito de Antoine de Saint-Exupéry sería ejemplo de obra con una construcción de mundo sin necesidad de que sus reglas sean coherentes con las nuestras.

Cuando hablamos de worldbuilding normalmente pensamos en cosas como reglas para la magia, historia (historia de historiadores), geografía del mundo, culturas y lenguajes… Y para contar una historia fantástica realmente ni siquiera son necesarias todas estas cosas. Metes un elemento fantástico y a tirar millas, si me apuras ni siquiera hace falta explicar ese elemento.

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“Un relámpago puede dar vida” y no hace falta mucho más. 

Por supuesto que se pueden añadir todas estas cosas para dar sabor a una historia, pero podríamos eliminarlas en la mayoría de los casos sin que la historia se resintiese demasiado. Ese reino tan guay con sus costumbres rarunas podría cambiarse por un reino genérico y la obra no se desmoronaría por ello.

Hay obras en las que no se podría eliminar el worldbuilding porque está bien integrado con la historia. Por ejemplo, en Nacidos de la bruma, de Sanderson, que en el mundo de vez en cuando llueva ceniza se convierte en un punto argumental más adelante, por lo que no se puede eliminar ese elemento a la ligera.

Pero vamos, que tan importante no será el worldbuilding si puedo escribir una historia fantástica, de ciencia ficción o terror sin hacer construcción de mundo.

2 – La enfermedad del Worldbuilding

Mucho worldbuilding es malo. No, no me refiero a novelas, me refiero a los escritores.

El worldbuilding puede convertirse en un agujero negro que absorbe el tiempo y la concentración de escritores durante días, meses o incluso años. Que vale, si lo único que te interesa es construirte un mundo, pues genial, pero si ese mundo fantástico lo has creado para una historia y no te pones a escribir esa historia porque sigues profundizando en el mundo… puf.

La enfermedad del worldbuilding se transmite por insectos: Primero te pica el gusanillo de la construcción de mundo, y cuando creas sociedades, religiones, costumbres y todas estas cosas, pues te entra una satisfacción adictiva que te hace querer profundizar más y más. A veces se le mezcla el perfeccionismo y el afán por dejarlo todo atado y bien atado. El resultado es igualmente catastrófico: meses o años en los que podrías haber escrito varias novelas sobre ese mundo se han ido construyendo el mismo.

Y si bien es cierto que necesitas unas bases mínimas de construcción de mundo para escribir una historia en la que vayas a mostrar ese mundo, creo que la línea que separa el “worldbuilding necesario para la historia” del “construir el mundo por el mundo” no es precisamente fina.

3 – El worldbuilding por sí solo no sostiene la historia

No importa cuánto worldbuilding hagas ni cómo de bueno sea, eso es una enciclopedia en vez de una historia si no tienes detrás una trama y unos personajes. Uno de los mayores problemas que tengo yo con algunos clásicos de ciencia ficción (ay, Asimov, qué pillo eres con tu fundación) es que utilizan la trama y los personajes como vehículo para mostrar el desarrollo histórico de ese universo. Y esto es algo bastante habitual, en los libros de fantasía, por ejemplo, hay gente que utiliza el recurso del viaje como una excusa para mostrar los rincones chulis del mundo.

El worldbuilding masivo está guay para las enciclopedias, los juegos de rol y todas estas cosas, pero cuando las personas leen una novela, sus prioridades no suelen estar en profundizar en el pasado del mundo. A ver, habrá gente a la que sí le guste mucho el worldbuilding, pero por lo general, la mayoría del público está leyendo una historia por la trama y por los personajes.

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Las historias están para soltarlas al viento, y si quieres que la gente las disfrute, tienes que ceder en algunos aspectos. 

Para la mayoría de los lectores que están entrando a un mundo nuevo por primera vez, el worldbuilding del autor está bastante bajo en su lista de prioridades. Primero quiere saber dónde y cuándo está, luego quién está, y luego qué está haciendo esa persona. Ese dónde y cuándo está no significa que quiera saber cómo se creó el universo y hemos acabado aquí, sino sencillamente ubicarse en el espacio y el tiempo. Algo tan sencillo como una habitación y un marco de referencia (¿mundo medieval? ¿el presente? ¿mundo futurista?) es suficiente, y ya pasa a interesarse por quién es esta persona que me están presentando y qué es lo que va hacer.

4 – El infodump es oscuro y alberga horrores

Yo no digo que el worldbuilding siempre esté servido a base de infodumps (párrafos de información excesiva contada de repente en una novela), y una buena novela no debería tener infodumps de ninguna clase (hay formas mucho mejores de contar toda esa información si es que realmente es imprescindible para la historia), pero es bastante habitual ver historias centradas en el worldbuilding que están llenas de infodumps.

Y bueno, hasta cierto punto entiendo que esas personas hayan escrito esos bloques de texto: Has construido un mundo muy rico y complejo y por supuesto que quieres mostrárselo al lector con todo lujo de detalle. Y hay formas de hacerlo, pero la más sencilla suele ser el infodump, por lo que es habitual que escritores con menor rodaje y que quieren mostrar su mundo lo usen. No es que todos los escritores que son apasionados del worldbuilding hagan infodump, pero hay una clara tendencia que me atrevería a juzgar que es estadísticamente significativa.

También me voy a referir con infodump a soltar demasiados detalles a los cuales los lectores tienen que prestar atención. En concreto esto es muy habitual con los nombres: Si tú dices, por ejemplo, que es Filnar es un Miluveni de la tribu Hahuaja de la región Krosaka, obligas al lector a mantener demasiada información nueva a la vez que ni siquiera será capaz de recordar. Si a la gente ya le cuesta recordar los nombres de personajes después de leerlos muchas veces, ¿les vas a soltar cuatro nombres inventados seguidos? Pues no, porque es que los humanos ni siquiera tenemos la suficiente capacidad para retenerlos en la memoria nada más terminar la frase así de sopetón si no nos esforzamos activamente.

Pero no es solo eso, yo he visto gente que pensaba que para hacer buen worldbuilding hay que explicar el mundo y las cosas con infodumps.

Lo que muchas personas todavía no han asumido es que…

5 – A nadie le importa tu worldbuilding

Javier Miró publicó en su canal de Youtube un vídeo que se titulaba justamente así. Merece la pena echarle un vistazo, porque suelta unas verdades como puños.

El mayor fallo sobre worldbuilding que he visto (y que he visto MUCHO) es presentar una información sobre el mundo antes de que al lector le interese lo que le estás contando. Y si quieres tener manga ancha para contar los entresijos de tu mundo chachi pistachi, primero tienes que hacer que los lectores quieran saber sobre ello.

Y por esas cinco razones pienso que el worldbuilding, en la actualidad, está sobrevalorado. Que no es lo mismo que “el worldbuilding no vale para ná”.

Por favor, horcas y antorchas en los comentarios, gracias.


PD: “¡Tanto odio al worldbuilding y luego bien que lo utilizas en tu relato como te sale de las narices! En fin, la hipocresía…”

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12 thoughts on “5 Razones por las que el worldbuilding está sobrevalorado

  1. Poli Impelli 25 mayo, 2017 / 8:45 pm

    Ajajaja, pues mira, te puedo dar mi opinión como lectora “no amante” de la fantasía. Si hay algo que me molesta de sobre manera y no me engancha de este género es justamente lo que aquí expones. Tú lo has hecho con más arte y sabiduría en el tema (yo no sabía decir el por qué); aquí está. No hay cosa que me incomode más que tener recordar cinco nombres “marcianos” (que no son reales para mí ni conozco) y que luego esos cinco nombres vivan en un mundo con el cual no me identifico en absoluto y me lo explican en 10 páginas seguidas antes de contarme una acción o quién es el personaje que me hará temblar o putear o llorar o provocarme nada (porque quizás también sea válido). He leído mundos fantásticos maravillosos, pero como bien dices, usaron muy bien el wordbuilding y el resto de técnicas (que al menos yo no manejo ni lo haré porque no es mi nicho).
    Mi opinión es como lectora (y desde la ignorancia de escritora de literatura fantástica); más bien, desde un lugar en donde elijo con mucho tacto algo que en general no me atrae fácilmente.
    Gracias, Guille.
    Fuerte abrazo.
    PD: ya sé que tengo que leerte a ti; ¡no lo olvido! 😉

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    • GuilleJiCan 26 mayo, 2017 / 12:13 am

      ¡Un abrazo a ti también! La verdad es que es curioso ver las opiniones de personas de fuera de estos géneros. ¡Espero con ganas que me leas, a ver qué opinas!

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  2. Gissel Escudero 25 mayo, 2017 / 8:47 pm

    Estoy súper de acuerdo con esto. Me repatea cuando los autores se enfocan tanto en los mundos que han creado que se olvidan de contarte una buena historia con buenos personajes.

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  3. Vallent 26 mayo, 2017 / 1:21 am

    Cierto como la vida misma, a mi me ha pasado con un par de historias a los que desarrollaba tanto sus mundos que al final no escribía sobre ellas, eso si, sigo utilizando el recurso de crear el mundo como siguiente paso a la idea mas básica de una historia pero mas como escenario que como atracción turística.

    Por ejemplo, si voy hacer una historia que acontece en un pueblo como mucho creare las cosas que pueda tener ese pueblo, no es necesario desarrollar todo el país para una historia tan sencilla dejando el crear el país solo si la historia piensa moverse por tanto terreno.

    Lo que si utilizo mucho este recurso cuando estoy dirigiendo partidas de rol porque suelo tener personajes inquietos deseosos de meterse en líos y me gusta ofrecerles todas las opciones y consecuencias posibles para que sientan libres de hacer lo que sea, esto en cierta forma me sirvió como terapia para dejar por un lado las historias en profundizar en sus personajes y los mundos ya para el rol.

    En fin, que siempre acabo hablando por los codos, un artículo interesante y no te preocupes por las horcas, si te cortan la luz les he robado una antorcha XD

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    • GuilleJiCan 26 mayo, 2017 / 11:27 pm

      Para rolear el worldbuilding es genial (es la mejor herramienta del máster), pero para escribir una historia que quieres que otras personas lean con interés… es que hay que saber dosificarlo.

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  4. duxiet 26 mayo, 2017 / 10:42 am

    Veo que todos tus comentarios son positivos, así que… ¡horcas y antorchas!
    Dices por ahí que puedes cambiar un worldbuilding por una ambientación generica y no pasa nada… Eso es falso. Como lectora (y como jugadora de rol) la ambientación genérica se me sale por las orejas. Esta trilladisima, es casi imposible ser original dentro de ella, y por lo tanto aburre.
    Si el mundo es original, la cosa cambia. Puede pasar de “meh, mañana lo habré olvidado” a “ey, ¿tecuerdas aquel autor que se atrevió a x?”
    Obviamente hay otras cosas en una novela que el worldbuilding. Y obviamente hay muchas maneras de cagarla intentando construir un mundo, incluyendo el efecto “me he currado mazo el mundo y ahora te lo vas a comer con patatas. ¿ves que chulo? ¿ves cuánto he trabajado”… Pero no rechaces el worldbuilding de plano.

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    • GuilleJiCan 26 mayo, 2017 / 11:40 pm

      ¿Cuándo he dicho yo que rechace el worldbuilding de plano? No sé por qué, mucha gente ha entendido que porque diga que está sobrevalorado (que no es lo mismo que decir que no tiene ningún valor) odio el worldbuilding y hay que quemarlo todo. A mí me encanta el worldbuilding, e intento meter toda la información posible sobre el mundo en mis historias, solo que trato de que sea sin que eso distraiga de lo que esté tratando de hacer en ese momento. También hay momentos en los que puedes dejar que el worldbuilding brille con luz propia, y no tiene nada de malo centrarse en eso cuando toca.
      Es cierto que los lectores se acordarán más si hay un worldbuilding chulo que si hay algo genérico, lo único que yo digo es que en muchos casos, el worldbuilding se podría sustituir por uno genérico (aunque haga que la obra sea menos memorable y menos original), y eso es una prueba de que es prescindible (que era lo que estaba argumentando). Claro que, que podamos cocinar sin sal no significa que debamos cocinar siempre sin sal.
      Si usas una ambientación genérica trillada y te centras en la ambientación genérica trillada, obviamente va a aburrir. Pero cuando usas una ambientación genérica normalmente no te sueles centrar en ella, la dejas genérica para centrar tu atención en otras cosas que juzgas más importantes (la trama, los personajes, por ejemplo). No intentas que el lector se fije en ella, quieres que sea lo más invisible posible pero que también te sirva de telón para lo que estás haciendo.
      Gracias por dar un paso adelante con tu horca y antorcha, ha sido un placer leer una opinión distinta.

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  5. Berto 27 mayo, 2017 / 12:12 pm

    ¡Genial, Guillermo! Me encantó lo de lo absurdo de pretender que las reglas de un mundo de fantasía sean coherentes con respecto al nuestro.

    Y cómo dices, todo en su justa medida: lo importante, al final, siempre es la historia. El decorado, una herramienta para contarla.

    ¡Un saludo!

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